Después de mi paso por la Gobernación de Antioquia y ahora con la posibilidad de apreciar las cosas en la distancia, he estado atento estas tres primeras semanas del año, a aquellas actividades que el nuevo gobierno, en manos de los autoproclamados: “decentes, educados y correctos”, han llevado a cabo.
Teniendo en cuenta que a principios del año pasado manifestaba abierta, públicamente, contra viento y marea, y a través de las redes sociales, que prefería para el futuro de Antioquia arrogancia que deshonestidad, me toma por sorpresa que una persona que ganó las elecciones de manera abrumadora el pasado mes de octubre, en lugar de ser un cohesionador y un transformador de lo que ha sido la política en este país, se dedique a desprestigiar, a través de shows mediáticos, redes sociales y pataletas, un gobierno que dejó el listón bastante alto en relación con ejecutorias.
Quiero precisar que yo no venía del mundo político, que no soy hijo de J. Emilio (para aquellos opositores del cuatrienio anterior), ni primo del gobernador (para los contradictores a ultranza de nuestro ahora primer mandatario), no he ejercido el poder de manera arbitraria (porque tengo clarísimo que es prestado), he optimizado los recursos asignados (en el empalme se sorprendieron), he liderado algunos programas que, de manera real y contundente, permitieron generar con solo tres de ellos, y en 4 años, más de 20 mil empleos en las subregiones. Y lo más importante es que no vi el ejercicio público como esa oportunidad para sacar beneficios personales ni mucho menos para ser revanchista (la muestra es el programa Antójate de Antioquia, que asumí como propio, pese a los vicios politiqueros que traían las versiones que precedían mi labor como secretario).
Creo que lo anterior me permite, no solamente tener la tranquilidad para decir lo que con argumentos puedo sustentar, sino demostrar aquella ética, que muy, pero muy poquitos en este sector, lleno más de dificultades que satisfacciones, puedan tener.
Me parece increíble jugar a desaparecer lo que se ha construido con mucho trabajo. Me parece fatal, que a estas alturas del partido, un gobernador, mi gobernador, el de todos los antioqueños, se dedique a creer en cuentos y fábulas, a realizar shows mediáticos que carecen de pruebas y de la contundencia necesaria para sostener un debate con altura (ya me bloqueó en twitter, solo por pensar distinto).
Es terrible que se contradiga con aquello de que, de su puño y letra prometió a finales de septiembre del año pasado; eso sí, soy consciente que muchos de quienes entraron en la anterior administración deben salir ante el cambio de gobierno (y si tuvieran dignidad, renunciar antes) pero no tantos, ni con antigüedades que incluso superan los 20 años… ¡por Dios! Además le escuché que eran “cargos innecesarios”, entonces me imagino que los irá a suprimir y no los va a ocupar con personas que, como muchos de sus nuevos funcionarios, piensan que el sector público es la única manera de “colocarse” o de tener un puesto aparente: con secretaria y carro.
Adicional a lo anterior hay mucha imprecisión en relación con achacarle a la anterior administración esa cantidad de burocracia tan “mediáticamente impresionante”. Si revisa, si le revisan o si deja revisar, esos cargos de libre nombramiento y remoción, venían de anteriores administraciones a la de Luis Alfredo Ramos.
Es inconcebible que se cuestione con más criterios políticos que técnicos obras de infraestructura, ya que, y muy mal asesorado, creía que le iba a liberar cerca de 800 mil millones de pesos, para hacer otras cosas; o que, peor intencionado, manifiesta a ese público que cree en usted que será el acabose ambiental y que no se justifica para ahorrar 15 minutos al aeropuerto (hoy en día gracias a los avances de la ingeniería, y así lo ha manifestado la CCI y la SAI, un túnel no afecta lo que dicen que afecta. La justificación del túnel, no es solo ahorrarse 15 minutos para ir a tomar un avión).
Patético es que ahora nos achaque la responsabilidad por la desatención a los niños beneficiados del programa MANA, por su propia falta de coherencia y altivez a la hora del empalme cuando dijo a los cuatro vientos que “no se hicieran más contratos, ni adiciones ni nada raro, que iba a mirar con lupa”. Pero más patético es que el grupo de “perritos de taxi” que tiene en su corte, no sea capaz de darle soluciones, para que en lugar de ponerlo a botar corriente y a pautar en medios para desprestigiar a nivel nacional todo aquello que huela a “Manos a la Obra”, sepa que con un contrato de asociación podía haber tenido una solución inmediata, legal y práctica, para que los cerca de 216.000 muchachitos no terminen “pagando” al no poder desayunar, por cuenta de esa actitud inquisidora, que no le hace bien al Departamento.
Para finalizar, y muy al estilo de mi apreciado y calculador gobernante, quiero recomendarle una fábula, porque a mi parecer y al de muchos, está creyendo en exceso en cuentos: El nuevo traje del emperador, de Hans Christian Andersen: “No crea que es verdad todo lo que le dicen”. Con todo el respeto que tanto usted, como yo, como los más de 6.2 millones de antioqueños, debería dejarse asesorar de personas que no le digan lo que quiere oír, como lo pueden estar haciendo más del 99% de sus colaboradores que no cuestionan, sino que asienten todo. Admita personas diversas, competentes, honestas, que no necesariamente hagan parte de esa alianza política; de personas que de pronto, sean capaces de que, en medio de su arrogancia y altivez, le digan, así los termine vaciando, lo que el Departamento, nuestro Departamento necesita, para que usted lo haga como esperamos que lo haga: ¡Bien!
PD. Espero que mañana en Colombiatex disfrute uno de esos cafés especiales del programa Antójate de Antioquia, donde lo único que no me gustaría es que salga a decir que le dieron “pasilla” en lugar de “supremo”, y que por esa situación está “alerta”, “inquieto” y que de manera imperiosa va ordenar examinar con lupa los procesos de beneficio de aquellos granos que hacen un tinto, simplemente porque eso, eso, lo dejé listo yo.
El futuro no se construye en cuatro años, ni el pasado se borra en veinte días. La política, entendida como el servicio público, el gobierno para mejorar las condiciones de la vida de la gente, no puede ser egoísta ni mezquina, no puede deslegitimar gobiernos ni satanizar decisiones.
Las «nuevas formas de hacer política» no son tan nuevas, son otro estilo, otras usanzas que a la larga buscan quebrar el retrovisor como si lo ya hecho no existiera, o si en cuatro años, con vaivenes y críticas, Antioquia no hubiera progresado.
Quedaron muchas cosas pendientes, pero hubo logros importantes que se deben reconocer. Al César lo que es del César. Ojalá que esta política criolla, que es tan cíclica, no termine dando la vuelta y callando bocas.