Increíble pero cierto: porque el que lo entendió lo entendió

Ante todo quiero agradecer la acogida que tuvo la primera publicación en mi blog. Solo el pasado martes tuvo 1204 lectores… Esto sin lugar a dudas es estimulante para seguir adelante.

Durante los últimos 7 días he recibido todo tipo de comentarios. Algunos creen que me convertiré en un opositor a ultranza de una administración que apenas comienza y otros, que al ser parte de esa administración, y de la por mí llamada cariñosamente pero jamás compartida, “secta de los iluminados”, valoran la manera respetuosa de enviar un mensaje al actual gobernador: déjese asesorar y no crea en todo aquello que le dicen; sin embargo (digamos que ese es el lado amable de la discusión) quiero decir que hay otros que tienen tanto veneno en su ser, que si se mordieran la lengua con la que vociferan sus inconformismos por aquello que expresé, creo que tendrían a lo sumo unos pocos minutos de vida… ¡Gracias a Dios no muerden!

La semana pasada fue bien compleja. Un país amnésico, malagradecido, caldo de cultivo aprovechado por algunos mandatarios locales que se contradicen. En campaña decían a los cuatro vientos: “No cederemos ante las presiones burocráticas de los concejales”, en el caso de Bogotá. En Antioquia y Medellín, de pronto más predecible en su futuro accionar el alcalde que el gobernador, trabajaremos sin “politiquería” y con “los mejores” (porque así nos autoproclamábamos en las vallas: cuestión de egos crespos y de pintas relajadas).

Quiero confesarles que cuando empezó la campaña del actual gobernador, una de las cosas que tal vez más me molestaban (y así lo compartía con mi red de infiltrados en el Partido Verde), era aquella relacionada con el eslogan mediático y poco modesto de proclamarse “los mejores“. Eso, con un análisis sencillo desde el punto de vista social, simplemente es “creerse de mejor familia”, con un trasfondo contundente y muy cerca de la política tradicional: enredar adeptos, que tal vez (al igual que yo), están cansados de lo mismo de siempre, pero que quizá, por su “imberbe juventud” (no aplica a las señoritas), terminan convertidos en idiotas útiles, al creer y querer alcanzar un aspiracional de mercadeo político para masas: “Los mejores”. (¿Quién quisiera estar con un equipo de fútbol que pierda, con excepción de nosotros, los hinchas del DIM?, o quién quisiera estar con ¿los peores? Cuerdos, la verdad, muy pocos).

Proclamarse “los mejores”, y ponerlo, en términos de marketing de coquito, como una “promesa de venta”, tenía unas connotaciones morales, éticas y de gestión pública bastantes ambiciosas.

Ser los mejores para mí puede sonar tan simple en el discurso, como ambicioso e idealista en la práctica (máxime en este país): “hacer las cosas que el pueblo que los eligió espera que hagan, con honestidad, con transparencia, sin que se pierda un peso y sin después creerse los salvadores (los políticos tradicionales siempre quieren que el pueblo los perciba como aquellos a quienes les deben algo)”, pero ah complicado que es llevar eso a la práctica cuando hay presiones de distinta índole como las que se relacionan con las prácticas clientelistas y burocráticas.

Yo no voy a lamentar que hayan sacado de la gobernación a personas que “estaban a un pelito de jubilarse, que qué pesar por ellos”, porque creo que a la larga, y así lo manifesté en una Junta Directiva el año pasado, cuando un colega mío contó que estaba tratando de hablar con el electo gobernador, para ver si le “colaboraba” dejando un funcionario unos cuatro mesecitos más, mientras le salía la pensión porque era de libre nombramiento y remoción (perteneciente de vieja data de aquellos desmontados directorios de ciertos partidos políticos que hicieron lo que les dio la gana con este departamento en los 80); Le dije que yo no estaba de acuerdo porque somos nosotros quienes terminamos pagando esas pensiones millonarias de funcionarios que calientan el puesto durante sus últimos años “productivos” y creen incluso que esos puestos se pueden heredar.

Yo no voy a lamentar tampoco la salida de aquellos funcionarios que sabían que los iban a sacar si “su” candidato no quedaba y que por ello, a sabiendas que eran de libre nombramiento y remoción, dejaron, ellos solitos, que les pisotearan su dignidad esperando “no sé qué”. (Preciso que yo, desde el 27 de julio de 2010, tenía clarito que por no montarme en el AViÓn, por diferencias de forma y muchas más de fondo, el 31 de diciembre estaba fijo mi último día en la gobernación).

Entonces ¿qué lamento?

Lamento que la consigna de “los mejores” haya sido tan solo una frase de campaña, que no veo se vaya concretando en hechos, que haya sido un aspiracional para muchos de los que votaron por un plan de gobierno conjunto y que en la práctica veamos que en los gabinetes hacen parte, no solamente personas de cuestionada moral pública, gente que se ha beneficiado como títeres del poder, y aquellos políticos tradicionales que están por lo que ya sabemos en el poder.

Lamento que, como siempre, los motivos de los jóvenes en campaña sean canalizados para que crean que la participación política, será eventualmente una forma de “colocarse” en un mundo laboral lleno de prebendas y arandelas, y que curiosamente cierra oportunidades a quienes quieren tener experiencia, mientras asigna millonarios contratos de prestación de servicios a algunos “prohombres” de la moral pública, que gozan desde hace unos años de una merecida pensión y que si fueran tan prohombres, trabajarían ad honórem. ¿Dónde quedan las oportunidades para personas que quisieran que los tuvieran en cuenta?

Lamento que al momento de tomar decisiones de renovación burocrática en aquellos puestos que ocupan en términos administrativos los activos “más valiosos” de una organización (según palabras de cualquier coach), no valoren su trasegar, su experiencia, su idoneidad y su competencia… conozco tanto casos, que me entristecen, relacionados con profesionales que prestaban sus servicios con pasión por lo nuestro para el ahora “mi canal”, como otros que me ponen a pensar: “¡eh, casi que no!”. Conocí el caso de uno que otro incompetente, que estaba en esos puestos hace más de 4 lustros, por cuenta de cualquier exsenador, tapando cosas evidentes y que pensaron que con el cuento de tener padrino, nadie los iba a tocar.

Lamento que en medio de shows mediáticos que no ayudan a cohesionar, se lancen mantos de duda generalizados (pese a la poco contundente precisión de “algunos que sí hacían la tarea”) respecto a la idoneidad de quienes hemos tenido la oportunidad de laborar en un sector, donde muchos llegan a ver qué es lo que pueden sacar para su provecho, pero unos pocos llegamos a darlo todo, hasta la vida misma (en calidad y en lo físico) en un ambiente laboral que no estimula a los más capaces, sino a los que más “voticos pongan”, “más líderes endosen” o “más respaldos partidistas cuezan”.

Esta sociedad se caracteriza por ver normal lo que no debe ser normal, lapidar a las personas cuando cometen ciertos errores y hacerse los de la vista gorda cuando se cometen horrores, esta sociedad es producto de muchas cosas que hemos tenido que soportar, y de muchas otras que algunos quieren que sean insoportables.

La politiquería se incuba, en los beneficios que sacan particulares de lo que no les pertenece, en el clientelismo, en los compromisos burocráticos, en sembrar el terror para tener al cabo de unos días, personas que sin tener criterio suficiente para decir cómo eran las cosas, son capaces de vender a la mamá por un plato de lentejas. En mi caso particular perdí amigos por no ayudar a “colocarles” familiares, y dejo claro que a nadie de mi familia ayudé, pese a que mi hermano Daniel tan desempleado como fajardista (por convicción), por ser mi hermano y por cuentos maquinados de algunos sectarios, quienes pese a tener muchos estudios no tuvieron dos neuronas, ni dos dedos de frente para entender que éramos, por obvias razones, muy distintos. (lo sacaron como un paria de la administración de aquel que a la larga «no fue», increíble pero cierto; y el que lo entendió lo entendió).

El reto para generar cambios en el sector público es modificar la connotación y la percepción que tienen del mismo muchas personas, el reto radicará en demostrar que no solo se es profe (no nos las sabemos todas)… sino alumno a la vez (hay mucho por aprender), el reto no se debe basar en decir que el agua moja (politiqueros igual corrupción), si no ver, cómo, contrario al pastorcito mentiroso, si se vocifera que, si viene el lobo, viene de verdad (una verdadera forma de hacer política).

PD. Son plausibles todos los esfuerzos que se pretenden realizar en materia de inversión social, enmarcados en aquellos principios rectores de una integridad pública eficiente y con deseos de llevar a las regiones lo bueno que se ve en ciudades como Medellín, sin embargo, esto solo será posible si se establece sobre la base de una democracia: su seguridad, en el amplio sentido de la palabra y con un real compromiso de sus mandatarios.

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