La Reforma de ‘Antójate de Antioquia’: un caso de Administración Pública.

Introducción

‘Antójate de Antioquia’ es un programa de la Gobernación de Antioquia[1], establecido y liderado por la Secretaría de Productividad y Competitividad, el cual, a través de un mecanismo concursable en una convocatoria masiva, que busca el fortalecimiento empresarial del departamento por medio de la selección de productos, servicios y/o prototipos con alto potencial de mercado elaborados con mano de obra e insumos antioqueños. Los jurados, según criterios definidos previamente, evalúan los servicios, productos y prototipos presentados y escogen a los mejores como ganadores. Las cuatro categorías de la 6ta y más reciente versión son: Alimentos Procesados, Apuestas Tecnológicas o Innovadoras, Turismo y Ganadores Antójate. Los incentivos no incluyen dinero, sino la asesoría, el acompañamiento y la ayuda que les de a los empresarios el impulso necesario para ser más productivos y competitivos y de esta manera lograr la inserción a un mercado que exige excelencia a sus competidores.

‘Antójate de Antioquia’ se perfila entonces como un importante complemento a la labor de la Secretaría de Productividad y Competitividad, encargada de implementar políticas de productividad y competitividad que creen condiciones para el desarrollo económico y social equilibrado. Así, la Secretaría busca apoyar a las empresas antioqueñas en el fortalecimiento de sus iniciativas de turismo, desarrollo económico y social, innovación tecnológica y atracción de inversión extranjera. Adelantando estrategias que apoyen tales rubros en congruencia con el Plan de Desarrollo 2008-2011 “Antioquia para todos, Manos a la Obra”

Antecedentes

El lanzamiento, en marzo de 2011, de la sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ puede considerarse el cenit del programa, pues las condiciones, las reformas, el refinamiento y la experiencia ganada en las versiones anteriores se han combinado en la construcción de un Programa con amplia proyección, alcance e impacto en las perspectivas económicas de los empresarios antioqueños. Durante la ceremonia, el secretario de Productividad y Competitividad de la Gobernación de Antioquia, se refirió a este proceso, las dificultades presentadas, la manera como éstas fueron superadas, y las nuevas oportunidades para establecer a ‘Antójate de Antioquia’ como el exitoso programa que es en la actualidad.

‘Antójate de Antioquia’ se implementó en el año 2005, buscando promover las ideas empresariales de los antioqueños. Para poder participar, los interesados debían certificar que realizaban su actividad productiva dentro del Departamento de Antioquia, que ofrecían un producto con algún tipo de transformación o manufactura y que su empresa estaba legalmente constituida.

De esta forma, las consideraciones para escoger los ganadores eran: innovación, bondades del producto, tiempo y nivel de asociatividad de la empresa o unidad productora, impacto social, económico y tecnológico en la subregión a la que pertenece, viabilidad de la ubicación en almacenes de grandes superficies, utilización de materias primas generadas en la subregión donde se trabaja, capacidad de generación de empleo en la subregión y precio del producto puesto en la ciudad de Medellín.

Terminado el proceso de selección, cien productos (en la categorías Alimentos procesados, Moda, Artesanías y Turismo) eran reconocidos como ganadores del concurso y se les entregaban como premios el registro del INVIMA, el código de barras, un rediseño de empaque y etiqueta, la ubicación en góndola dentro de algunos de los Almacenes Éxito, durante tres meses y la asesoría permanente, participación en ruedas de negocios, eventos y ferias.

Sin embargo, el mal manejo administrativo, la falta de rigurosidad en la selección de los ganadores y la promoción de intereses políticos particulares viciaron los procesos y el impacto real de las tres primeras versiones del Programa y las grandes oportunidades que una implementación responsable habría traído.

Luisa María Galiano[2] se presentó a la convocatoria para ‘Antójate de Antioquia’ en 2007. Su proyecto de carne vegetariana resultó ganador y recibió el apoyo en forma del código de barras, el registro INVIMA y una serie de capacitaciones. Sin embargo, el proyecto de emprendimiento de Luisa María no tuvo los resultados esperados. Su empresa, “Sabores de Antioquia”, cerró dos años después, debido a que se premió una idea de negocio y no una empresa formalmente constituida, con experiencia previa en la comercialización del producto.

Luisa, además, no contaba con el tiempo suficiente para dedicarse a su empresa, “entre el estudio y el trabajo, no podía dedicarme tanto como quería”, señala. El proceso de evaluación, donde se estudian las perspectivas reales de comercialización y sostenibilidad del producto y su empresa, se evitaron en su caso. De la misma forma, las circunstancias de la empresa como unidad productiva viable se ignoraron, llevando a que se premiara una idea con pocas posibilidades de éxito.

Así pues, las condiciones y circunstancias alrededor de la idea de empresa de Luisa María no fueron estudiadas o evaluadas con la rigurosidad, ni buscando que cumpliera con los criterios necesarios para el buen termino del esfuerzo económico. Se obviaron los componentes de innovación, compromiso, creatividad, realidad y planeación estratégica[3].

Las reformas

El Secretario de Productividad y Competitividad dio inicio a su discurso durante el lanzamiento de la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ con una declaración de principios: “Lo público debe ser algo en esencia sagrado” y por eso sostuvo, los recursos de todos los antioqueños tienen que ser invertidos con responsabilidad y compromiso, siempre evitando caer en las malas prácticas que tantas veces invaden las iniciativas gubernamentales. Por eso, cuando el actual Secretario asumió como Secretario de Productividad y Competitividad, adelantó amplias reformas al Programa ‘Antójate de Antioquia’, buscando convertirlo en una oportunidad efectiva de impactar positivamente en las economías de las subregiones del Departamento. Incluso, se vio obligado a posponer la realización de la 4ta versión del concurso en 2008, en una decisión “políticamente incorrecta para algunos, pero administrativamente correcta para el Departamento”, que le permitiría rediseñar la convocatoria y sus condiciones, y por tanto, su enfoque y resultados reales.

Así pues, como primera medida se estipuló que el enfoque del Programa debía ser la inclusión y premiación de las empresas y productos de las nueve subregiones antioqueñas. Durante las primeras tres versiones, el 74% de los ganadores procedían de Medellín, una concentración que iba en detrimento de las zonas con menores niveles de desarrollo de Antioquia. Desde la cuarta versión, las reformas excluirían de la convocatoria a los municipios mayor acceso a iniciativas de fortalecimiento empresarial (Medellín, Itaguí, Envigado y Bello), premiando los productos y servicios de aquellas empresas y empresarios en los lugares del Departamento con mayores necesidades, buscando ayudar a reducir los desequilibrios subregionales[4]. De igual manera, se incluyó la categoría de Turismo, se aumentaron los recursos, se aumentaron los controles de para las demás categorías y se buscó convocaron empresas, no ideas de negocio. Así, para la 5ta versión, gracias a los resultados de esas mejoras al Programa, el 94%[5] de los ganadores pertenecían a las subregiones. Al fin de cuentas, uno de los principales objetivos de ‘Antójate de Antioquia’ es transferir capacidades de forma integral a pequeñas empresas ubicadas en las subregiones, con el propósito de prepararlas para competir en los mercados locales y nacionales.

Otra reforma del programa se adelantó sobre las categorías, buscando ampliar la demanda por concursantes y el impacto final y real de la convocatoria. Así, para la quinta versión, se determinó que se prescindiría de la categoría de “Artesanías”, y se incluyeron ‘Turismo’ y ‘Apuestas Tecnológicas o Innovadoras’. Para la sexta versión, se añadiría ‘Ganadores Antójate’, que busca fortalecer empresas que hayan sido ganadoras, con incentivos complementarios.

Finalmente, se estipuló que las empresas participantes debían estar constituidas legalmente y tener una experiencia mínima en la producción y comercialización de sus productos y servicios. Esto logró más y mejores garantías de la viabilidad y perspectivas financieras de las empresas, de tal forma que los ganadores pudieran aprovechar efectivamente el reconocimiento y trasladarlo al éxito de sus actividades productivas. Todo esto con la idea de, en palabras del Secretario, “fortalecer empresas que ya estén en funcionamiento y no sólo ideas de negocio”.

El nuevo Antójate

Luego de las reformas, ‘Antójate de Antioquia’, en concordancia con los ‘Principios del Código de Buen Gobierno’ de la Gobernación de Antioquia, se caracteriza por el manejo gerencial no asistencialista, la búsqueda de cofinanciación y la articulación de diferentes actores, enfocado al fortalecimiento de las empresas. Así pues, el Programa reconoce las diferencias regionales y sectoriales del propio departamento y por medio de la modalidad del concurso, premia el potencial productivo, asegura la buena utilización de los incentivos y aborda las necesidades particulares de cada sector.

En el año 2002, Patricia Eugenia Berrío Guzmán y Edgar Velásquez Restrepo sufrieron una quiebra que los obligó a vender su casa en la ciudad de Medellín y trasladarse a la finca de su familia en el municipio de Santuario, en el Oriente antioqueño. Los dos eran mayores de cuarenta años y, en palabras de Patricia, “era muy difícil encontrar trabajo o trabajar por el salario mínimo, teniendo que sostener a nuestra familia”. Pero la pareja no desesperó e iniciaron una pequeña producción de galletería. Su nueva empresa representaba un reto y los desafíos en términos de acceso a capital, comercialización y experiencia eran enormes. En el año 2009, los Velásquez Berrío fueron contactados por uno de los agentes promotores de ‘Antójate de Antioquia’ en una entidad promotora del microempresarismo en Santuario e iniciaron el proceso para participar en la cuarta versión del concurso. Lastimosamente, no resultaron ganadores, pues, como la misma Patricia reconoce: “el producto no era nada nuevo; no era innovador”.

Sin embargo, la pareja pudo reconocer el potencial que tendría para su empresa ser reconocida por ‘Antójate de Antioquia’ y al año siguiente, participaron de la convocatoria para la quinta versión del Programa. Esta vez, competirían con sus recién desarrollados ‘Alfajores moca’, galletas de alfajor de café y chocolate. Patricia Berrío señala que la experiencia durante el proceso fue muy buena, el acompañamiento y asesoría, con un excelente elemento humano y la insistencia del verdadero interés, le ayudaron a presentar oportunamente todos los requerimientos del concurso.

Los ‘Alfajores moca’ representaban un producto novedoso y de muy buena calidad y sus condiciones de producción y potencial comercial los llevaron a ser reconocidos como ganadores de la quinta versión de ‘Antójate de Antioquia’. Patricia se muestra conmovida al relatar lo que seguiría luego de recibir los incentivos y reconocimientos del Programa. Su producto fue expuesto y vendido en la línea de almacenes Éxito, donde “ganamos en reputación y experiencia”, los alfajores recibieron también el registro INVIMA, la tabla nutricional y el código de barras, permitiendo a ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’ vender sus productos a varios locales comerciales del aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

Patricia y Edgar esperan continuar con el crecimiento y fortalecimiento de su empresa, por eso, participarán en la categoría ‘Ganadores de Antójate’ de la sexta versión; sueñan con una producción más grande, con generar más empleo en la vereda del municipio de Santuario donde funciona la ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’. “Queremos ayudar a los otros, a nuestros vecinos; crear bienestar en nuestra comunidad”, dice Patricia, para luego concluir: “la gente piensa que las cosas del gobierno no funcionan. El Programa puede cambiar esta idea, porque es un empujón muy grande para las empresas y las familias”.

El futuro de ‘Antójate de Antioquia’

En el 2011, el Programa espera fortalecer el vínculo entre los empresarios concursantes y los demás programas del Gobierno Departamental para garantizar la sostenibilidad de las iniciativas productivas. Además, buscará que los empresarios participen en convocatorias de fondos concursables a nivel nacional y departamental.

Para la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ cada concursante puede participar con máximo 2 productos y ganar con 1. Las empresas deben certificar que adelantan su actividad productiva en un municipio de los niveles 2, 3, 4, 5, 6 y 7, o en el 1, si logran demostrar que su trabajo tiene un impacto real en los municipios de inferior categoría. Las cuatro categorías a las que se presentan los productos y servicios son: “Alimentos Procesados”, “Turismo”, “Apuestas Tecnológicas o Innovadoras” y “Ganadores Antójate de Antioquia”. Se reconocerán 250 productos, servicios o prototipo a igual número de empresas, con una inversión de más de 4 mil millones de pesos. Todos los premios son entregados en especie, evitan caer en modelos asistencialistas y buscan el fortalecimiento y posicionamiento de las perspectivas de negocio del producto o servicio.

La nueva categoría de la más reciente convocatoria, “Ganadores Antójate de Antioquia”, se creó buscando que empresas y empresarios que ya hubieran participado y ganado en antiguas versiones del concurso pudieran presentarse de nuevo. La idea es continuar con el compromiso con el fortalecimiento de las empresas y demuestra que, incluso con las exitosas reformas adelantas para la Cuarta versión, el esfuerzo por mejorar el Programa nunca acaban.

Así pues, ‘Antójate de Antioquia’ fue concebida como una idea con enorme potencial, pero su diseño inicial e implementación se enfrentaron con muchos obstáculos que le impidieron alcanzar los resultados y el impacto esperados en un principio. Luego de las reformas a las condiciones para participar, el fortalecimiento de sus criterios de selección y la optimización de sus recursos a través de los incentivos de fortalecimiento empresarial, éste Programa continúa con su exitosa tarea de promover el sostenimiento y crecimiento de las empresas antioqueñas.

Algunas lecciones

1. Mantener los criterios técnicos: fue la falta de rigurosidad y la ausencia de criterios técnicos sólidos en el diseño e implementación de las primeras versiones del Programa las que evitaron que su impacto real fuera consecuente con su potencial. Luego de las reformas adelantadas por el Secretario de Productividad y Competitividad en el año 2008 a ‘Antójate de Antioquia’, se comprobó que un compromiso con los criterios técnicos podía rendir excelentes réditos en los Programas públicos. La sostenibilidad, el impacto y el alcance de ‘Antójate de Antioquia’ están garantizados en un diseño atravesado por principios técnicos y de buen gobierno.

2. No desconocer el camino recorrido: luego del cambio de gobierno de 2007, el Secretario pudo haber cambiado en su totalidad el Programa o incluso haberlo clausurado, pero reconociendo el potencial del mismo y que las fallas en su desempeño de debían a debilidades en su diseño y a una implementación viciada, decidió reformarlo, manteniendo sus fortalezas y enfoques acertados, mientras los encaminaba hacia el verdadero aprovechamiento de su potencial. Lo importante durante ese proceso fue mantener y proyectar lo bueno, mientras se eliminaba o reformaba lo malo, esto reconocía lo alcanzado hasta el momento por el Programa, pero mejoraba sus posibilidades de éxito hacia el futuro.

3. Desechar las rencillas políticas en pos del bien común: la nueva administración pudo haber utilizado los errores en las primeras versiones de ‘Antójate de Antioquia’ para ganar réditos políticos sobre las denuncias y ataques a los problemas del Programa. Sin embargo, dejarse llevar por las tentaciones revanchistas hubiera supuesto un costo inmenso para los esfuerzos públicos y la imagen de la gestión de las instituciones. De la misma forma, escoger reformar el Programa por encima de satanizarlo, premiaba el interés público, el bien común, antes que los intereses coyunturales de la política.

4. La importancia de imprimir lo privado en lo público: sin la influencia de lo privado, muchas iniciativas públicas se perderían en las buenas intenciones. Esto es cierto sobre todo cuando se trata de un programa que intenta promover y fortalecer empresas, porque sin un enfoque que balancee la responsabilidad pública con la eficacia y la mentalidad de negocio de lo privado, los intereses particulares o la ineficiencia pueden viciar los procesos. ‘Antójate de Antioquia’ se nutrió de un esfuerzo ecléctico, donde lo público y lo privado, yendo de la mano, fortalecieron sus perspectivas de éxito.

[1] El Departamento de Antioquia tiene una extensión de 63.612 km2, una población de 6.065.846, está dividido en 9 subregiones y cuenta con 125 municipios, su PIB es de 42,4 billones de pesos, con una participación aproximada del 15% en el total nacional, y tiene una tasa de desempleo del 12,7%. Datos de 2010, Departamento Administrativo de Planeación.

*Para estadísticas comparativas de las seis versiones del Programa, ver Anexo 1.

[2] Nombres cambiados a petición de la persona.

[3] Moncayo, Pablo José. “Emprendimiento: un concepto que integra el ser y el hacer del sujeto”. En: Revista Management Vol. 017 Número 0029 Año: 2008.

*El “Código del Buen Gobierno” fue presentado en el año 2008 y se encuentra disponible en http://media2.antioquia.vcb.com.co/images/doc/2011/enero/23codigo.pdf

[4] Según la Cámara de Comercio de Medellín, el 75% de las empresas antioqueñas se encuentran en Medellín (2010). Así, en Medellín, hay una empresa por cada 32,2 habitantes, mientras en el resto de Antioquia hay una empresa por cada 174.1 habitantes (2010).

De igual manera, la subregión de Valle de Aburrá (que incluye al municipio de Medellín) presenta un porcentaje de pobreza de 35.9%, un índice NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) de 11.53% y una tasa de analfabetismo de 5,9%. En comparación, las demás subregiones antioqueñas cuentan con desempeños bastante inferiores. Por ejemplo, la subregión de Urabá tiene un porcentaje de población pobre del 83,4%, un NBI de 53,3% y una tasa de analfabetismo de 9%. De igual manera, la subregión Bajo Cauca, presenta una pobreza de 94,8%, NBI de 59% y analfabetismo de 20%. (Datos del Departamento Administrativo de Planeación de Antioquia, 2009)

El Valle de Aburrá cuenta con una población de 3.496.757, mientras las demás subregiones reúnen a 2.472.894 antioqueños.

[5] SIEPANT (Sistema de Información de Antójate de Antioquia).

Yo le colaboro

Si hay una frase que debería prohibirse de manera expresa en las empresas o entidades en este país, es la que encabeza mi escrito de hoy: “Yo le colaboro”.

He padecido dicha frase en distintos escenarios, desde aquellos que se relacionaron con mi formación (o deformación) académica, pasando por mis distintas experiencias en compañías de servicios así como en aquel sector tan vilipendiado y tan poco querido por muchos colombianos como lo es el sector público.

Se preguntarán muchos el por qué de esta preocupación de mi parte, ¿será acaso que a Maximiliano nada le sirve?, ¿será de pronto que por su temperamento fuerte y carácter bien definido, al “dotor” no le gusta la amabilidad? o tal vez algunos otros que hacen parte de mi grupo de enamorados, donde incluyo algunos que se dicen amigos, dirán: ¡este tipo se acabó de enloquecer!

La respuesta a esas eventuales inquietudes para mí es clara, y tal vez no va tan ligada a la semántica amable de una frase que denota un interés de apoyar a un tercero, de ayudar a alguien necesitado…

El origen del «Yo le colaboro» es diverso, dependiendo, claro está, de quién sea el emisor de tan lapidaria frase social. Me explico, si se trata de alguien que atiende en una dependencia o en una taquilla de una institución pública, puede ser para lograr esa importancia que, de ninguna otra manera lograría. Tal vez este personaje, administra para sí mismo un serial de frustraciones que tan solo logra superar en el instante en el que se siente «salvador» de aquel que necesita una orientación en pos de una solución, quien a la larga expondrá con su necesidad ante ese «dependiente de tercera», parte de su dignidad, sin que, y por obvias razones, le sobren para poder recibir lo que espera, y de manera gráfica «babero y rodilleras».

Ahora bien, y en relación con esa política tradicional que tanto daño le hace al país y ahora no es exclusiva de ninguna esfera y hace parte tanto de sectarios como de exponentes o partidarios de cualquier movimiento político, el origen y uso del «Yo le colaboro» se dio en el instante en el que la política perdió esa dignidad, que tal vez, jamás ganó. El «Yo le colaboro», es una frase lapidaria para los intereses colectivos, para la optimización de los recursos y a su vez incuba corrupción, la cual subyace en cada una de esas aparentes iniciativas de bien, donde los proyectos dan para no solo «colaborarle» a quienes realmente lo necesitan, sino para «engordar» a aquellas personas que son capaces de hacerle el esguince técnico, jurídico y administrativo, a la exigencia social y lógica de hacer el bien, sin esperar a cambio reconocimientos o “flores” , los cuales de manera casi inmediata se convierten en aquellos tesoros redimibles a la hora de participar en contiendas electorales, y con ese reconocimiento o “medallita de honor” que significa ser tildado de: «dotor», «dóc-to» y ahora de manera más disimulada y técnica de «maestro».

En la empresa privada el «Yo le colaboro» de fatídico potencial social, tiene una mezcla de la primera génesis descrita, que se conjuga con ese misterio que los grandes ejecutivos del marketing y las relaciones con el cliente quieren imprimirle a los sufridos usuarios para que no les provoque volver a hacer un reclamo o en casos más extremos, no se puedan volver a enfermar, lo anterior por más justo que sea el reclamo o por más que duela la afección corporal… En esto se sufre y bastante, además hacen que estos engorrosos procedimientos se vuelvan tan complicados (como ilegible es la letra diminuta de los contratos de adhesión), así como ilógicos y difíciles de entender al momento de escuchar un «Yo le colaboro».

El “Yo le colaboro” se convierte en algo que realmente atenta contra cualquier intención de ayudar al prójimo, es una frase que tiene su malicia y su doble interés, es sencillamente parte de esa base de cultura “inculta” con la que alguien puede pretender y en efecto someter a un tercero, generar dependencia y en algunos casos más graves, los cuales tristemente y basado en la experiencia que tuve en dicho sector, se relacionan con el servicio público ya que ese “Yo le colaboro” se puede convertir en la forma moderna más despiadada de esclavizar a aquellas personas, organizaciones, entidades y comunidades, que esperan que alguien, permita ejecutar todas aquellas actividades que a la larga por obligación y no por favorecimiento le toca por derecho hacer.

El “Yo le colaboro” no tiene ningún sustento lógico. Para algo le pagan al empleado de la empresa, para que esté atento a prestar o a soportar un servicio determinado o, en el caso de los servidores públicos: para eso los eligieron o para eso trabajan para un estado que se convierte en un fortín de oportunidades, inmensas y superiores a cualquier otro trabajo donde seguro, no tendrían tantos beneficios para disfrutar con la mayoría de sus contertulios, en esa mediocridad sistémica a la cual, tristemente, hemos estado acostumbrados por los siglos de los siglos.

Me inquieta mucho que en el sector público esta frase haga parte del repertorio de personas que a la larga no valoran su trabajo tanto como su sueldo, personas que recuerdo, siendo las 5 pasaditas, al requerirles un dato me decían: “dóc-to” ya apagué el computador”, como si fuera tan complicado prenderlo de nuevo “mija… pues, vuelva y préndalo porque estoy seguro que no se trata de un Univac” (recuerdo que eso le dije a una funcionaria “colaboradora” del más alto nivel).

Me inquieta mucho más que gran parte de aquellas personas que supuestamente fueron elegidas para ser interlocutores válidos de comunidades que creyeron en ellos (tal vez menos de los que creyeron bueno el sancocho o tamal por el que empeñaron su voto), utilicen para “mover” sus proyectos ante las distintas instancias del ejecutivo, el “tranquilos, que yo les colaboro”… desgraciados, esperando ser los mesías, con la platica de las comunidades, y en muchas oportunidades sacando beneficios particulares, expresados en reelecciones o en apoyos económicos que financian sus propias acciones.

Pero les confieso, que me inquieta más la forma en la que el sector privado, en grandes empresas de servicios o incluso en algunos entes asociativos, se está permeando de esta “cultura”, tal vez, tomando todo lo malo que ha tenido la misma en el sector público, pero con las mejoras propias que se pueden dar con lo privado.

Ojalá, en lugar de propender y promover por marchas inocuas, algunas de las cuales se convierten en negocios de algunos maestros del marketing moderno y que tocan las fibras más profundas de personas cuyo nivel de educación los conmueve más por la captura de líderes africanos, que por la misma necesidad que tenemos en un país, de acabar con asesinos silenciosos, que con su “Yo le colaboro”, no solamente están haciendo que se pierda tiempo valioso y que el estado sea cada vez más ineficiente, sino, que, los recursos públicos se vayan a subsanar sus NBI: necesidades burócratas insatisfechas.