Previa a esta entrada, publiqué una en la cual hacía una confesión que tenía por objeto dejar claro que mi animadversión por un gobernante hoy gobernado por la intolerancia, incoherencia, el sectarismo y las apariencias, tiene argumentos sólidos. Argumentos que sus jóvenes fanáticos, al recibir muchos su “plato de lentejas”, no tienen cómo debatirme.
Ahora bien, después de dicha confesión quiero detallar una serie de adjetivos para algunos casos más aberrantemente contradictorios de un mandatario, que reitero, por ese afán propio y ajeno (de sus más cercanos colaboradores) de mantenerse en el poder, pasó de ser una figura promisoria de la política, como aquel joven Anakin, para ser peor que aquellos que critica: un Darth “Verde”.
Inconcebible que generalice, y que exija usted o sus StormTroopers coherencia, cuando a pocos metros de su despacho con “olor a nicotina”, tiene asesores que han dilapidado recursos públicos con disculpas tales como “es que a esa empresa la rige el derecho privado”; o peor, que usted por presiones que algo de ciertas deben tener, retire a aquel nefasto personaje tanto como buen amigo de infancia suyo, de la gerencia del instituto para el desarrollo, para acomodarlo en donde tal vez puede ser más dañino para un departamento que requiere transparencia.
Triste que se ponga a hacer politiquería, sí, esa tipo lotería y que esclaviza, donde por un empleo transa las voluntades de imberbes o pecosos colaboradores, que tienen el carácter de un perrito de taxi, propio de aquellos que tanto critican un sistema pero no les importa venderse por un plato de lentejas.
Ilegal que suscriba un contrato para el cual se debió declarar impedido, con el fin de obrar transparentemente y ante los ojos de todos los antioqueños… No entiendo qué problema había para esperar unos días más ¿o acaso mucho afán tenía el esposo de su funcionaria para legalizar ese asunto?
Persecutor, al instaurar una cacería brujas en aquellas gestiones que además de haberse realizado con el corazón y la razón, son intachables, sembrando así mantos de duda a lo “tira la piedra y esconde la mano”, cuestionamientos falaces y malintencionados que incluso hicieron trastabillar a mi señora madre; Ah, pero estoy muy seguro que estas escarbadas malintencionadas se diferencian de situaciones hoy particularmente “distintas”, un ejemplo: aquellos procesos de certificación que han impartido en algunas regiones, donde por la falta de quórum seguro se pueden llegar a constituir “detrimentos patrimoniales” reales, eso sin mencionar aquellas contrataciones a dedo para favorecer uno que otro amigo.
Oportunista, al cuadrar negocios a ciertos amigos de campaña, quienes seguro degustarán el mejor café, aquel de Antioquia origen de cafés especiales, pero más las utilidades producto de una comercialización para la que ellos ya tienen el análisis de 2800 muestras, servidas en bandeja de plata (obvio se van a beneficiar los campesinos, pero igual ¿quién o a través de quién se harán dichas transacciones comerciales?).
Mentiroso, al quedar mal con una promesa de campaña “no voy a despedir a nadie de la Gobernación”, y luego argumentar que se trató de una “política de revisión de cargos”. Entonces a quién hacía referencia en ese panfleto ¿a los inamovibles de carrera administrativa?
Facilista hacer contratos macro al mejor estilo de aquella administración que zozobró con amor (con la excepción de las pomposas vigencias futuras), con algunos gremios, que a la larga le dan a usted lo que quiere: buenas menciones y burocracia, pero que generan por cuenta de una clara intermediación ineficiencias y sobrecostos, donde los afectados no sólo son los proveedores sino los antioqueños (esto puede constatarlo más de un Centro de Tecnología en Antioquia, a quienes les llegan los contratos a través de dichos intermediarios).
Descarado al arrasar con programas exitosos, o, peor aún, dejándolos con nombres distintos para jactarse de ellos como propios, eso sí, con todos los bombos y platillos necesarios para poder disimular esa falta de gestión, propia de aquel que recorre una trocha de noche, en reversa, mirando el diminuto retrovisor y no aprovechando la inmensa amplitud del parabrisas, que sólo es posible cuando se quiere avanzar.
Politiquero, al hacer acuerdos bajo la premisa de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, para que al cabo de unos meses, sólo sea para hablar de las ventajas de una alianza pegada con babas, cuando se quiere salir en los medios… Sin embargo, para aquellos que tenemos más de dos dedos de frente, vemos que eso está más quebrado que aquel puente que quieren arreglar con cáscara de huevo, al percibir en las editoriales de “su” noticiero, una sorna en contra de lo que pasa en Medellín. Eso sin contar lo mucho que critica favorecimientos a diputados, para uno ver que “favor con favor se paga”, bien sea directamente o triangulados de alguna forma.
Miope, al no percibir (o si lo percibe se hace el de las gafas), que algunos de sus taquilleros funcionarios públicos al parecer han incrementado su patrimonio ostensiblemente, donde si bien puede que no sean tan extravagantes de ponerle mármol a una caballerizas, es claro que poseen activos que sólo con el sueldo no son posibles de adquirir.
Incoherente, al tener en sus súbditos tanto resentido desinformado con odios acérrimos hacia el presidente Uribe, a sabiendas que usted, es de los que sube (o baja) a echarse conversaditas con él, para sacar sólo lo que más le conviene a usted y no al departamento, porque por ningún lado veo que la seguridad democrática se esté aplicando.
La verdad, creo que en 2011 boté mi voto (por no irme en AViÓn ni en blanco), tal vez porque me transporté a ese octubre de 2003, pensando que usted iba a ser como aquella persona fresca, descontaminada, conciliadora y cero rencorosa que fue hasta principios de 2007, donde sin lugar a dudas y por mantener a toda costa aquello que debemos entender como prestado, el poder, cambió el recorrido por el destino, contrario a lo que versa aquel poema que curiosamente comparto con usted: Itaca, poema que el hoy nonagenario expresidente me recomendó como forma de vida política, hace cerca de 14 años una noche en la Casa de Antioquia.
Esperaría, eso sí, apreciado Darth “Verde”, que en esta saga que aún continúa, pueda retornar de ese lado oscuro en el que ahora se encuentra y sepa que muchos que no estamos con usted, tenemos más honorabilidad que aquella que sólo emana en sus discursos.
Totalmente de acuerdo, a pesar de que desconozco muchos de los detalles, pero sólo con mi percepción y lo que he visto de este señor Fajardo, me basta para saber que todo lo que dices es cierto. Insisto en lo bueno que sería que tus escritos llegaran a más y más gente.