A Federico Restrepo lo pude conocer personalmente por primera vez, a finales de 2011 en el Café de los Andes ubicado en Plaza Mayor. Ese día él estaba con Alonso Salazar, a quien las elecciones de unos días atrás lo habían favorecido con el cargo más importante (en el sector publico), que tiene mi adorada Medellin: Alcalde de la ciudad.
A Federico lo volví a ver unas cuantas veces más durante el cuatrienio 2008-2011, donde en temas tan espinosos como el de Hidroituango (proyecto que desempolvó Luis Alfredo Ramos B. para bien del Departamento de Antioquia), ejerciendo él como Gerente de las Empresas Públicas de Medellín – EEPPM, quiso ser el palo en la rueda para los intereses del Departamento de Antioquia, tal vez por el rol mismo que ostentaba, donde quería a toda costa que el interés General, fuese particularmente mayor para la empresa que él lideraba.
Luego compartimos en otros escenarios, uno de ellos la Junta Directiva de Hidroituango, donde recuerdo particularmente una anécdota, la cual hoy puedo comprender vaticinó de cierta manera la esencia de lo que es él como persona.
Recuerdo como al finalizar una sesión de una Junta de Hidroituango en las instalaciones del IDEA (Instituto del cual yo Presidía su Junta Directiva), le dije, a sabiendas que a los dos nos une la afición por el ciclismo, que si podía ayudarme a conseguir un uniforme del equipo de ciclismo de EEPPM, a lo que él respondió, que con mucho gusto, que contara con él.
El tiempo pasó y el uniforme prometido por ningún lado aparecía; paralelo a ello Hidroituango consiguió su propia sede en la llamada milla de oro de El Poblado, y después de unos meses de tener sesiones de Junta Directiva allí, estábamos en una de ellas hablando de un tema en particular, donde Federico y el Ingeniero Jesús Aristizabal como representantes de EEPPM se comprometían con algo a futuro, algo sobre lo cual, teníamos desde nuestra posición ciertas dudas, ante las cuales ellos mantenían férreamente su posición y de paso con cierta arrogancia, ante la cual yo repliqué: “Doctor Federico, los percibo muy seguros…pero que no vaya a pasar como con el uniforme de EEPPM”.
Es cierto, tengo una manera particular de llevar a las personas a límites inimaginables y esta situación en particular fue una de ellas; una vez pronunciado mi comentario, Federico se puso más serio de lo habitual, se paró de su puesto y salió afuera a hacer una llamada: los otros miembros no comprendían, ni mi comentario, y mucho menos su reacción.
La sesión continuó, y cuando estaba casi por terminar, Federico revisó su teléfono móvil e intempestivamente y sin mediar palabra salió por un momento; cuando regresó, me entregó el uniforme.
De dicha situación pude concluir que él es una persona de esas a quienes les gusta aparentar ante los demás, más aún si se es expuesto a una situación donde su nombre puede ser objeto de algún cuestionamiento; pero además que también es alguien que (sin importar si es bueno o no gerencialmente), no tiene la claridad de decir y hacer lo que realmente quisiera hacer (tal vez en esencia, su promesa del uniforme, era sólo para quedar bien conmigo, y como todo buen político, a la larga incumplir).
Es cierto que en un principio él era el candidato de mi preferencia, y eso sin importar que ya le había incumplido a su compañero de firmas, o que me haya dicho una mentirijilla (al mejor y solapado estilo de Ned Flanders) cuando le pregunté a través de whatssap acerca de la veracidad de una noticia que había salido en Minuto30 en relación con el desmonte de sus vallas por orden del Consejo Nacional Electoral, a lo que él me respondió, a sabiendas que el tema era verdad: “eso es pura propaganda negra”. A la larga le copié un tweet de Juan Pablo Barrientos, donde confirmaba dicha noticia y él tal vez comprendió que yo no era un perrito de taxi fácil de ‘tramar’.
Hoy la verdad y desde hace un par de semanas recapacité de dicha voluntaria decisión (no estaba pidiendo NADA a cambio), al saber que la decencia que pregona él en su campaña es tan sólo parte de un personaje creado para ganar las elecciones , y que su pulcritud es tan cierta como lo que soporta aquel slogan de “la más educada”, slogan que fusilan cual payaso con megáfono promocionando un corrientazo bogotano desde la Gobernación, pero claro está que usando cientos de miles de millones de pesos del erario público: comprando conciencias, pagando lentejas , contratando medios, fletando columnistas y favoreciendo académicos de tres pesos que han gozado de contratos que les brinda la secta Fajardista en el poder.
Además, se la pasa más preocupado en difamar a los demás al mejor estilo del «Libro Blanco», sin mirarse a sí mismo: dice que Luis Pérez es el candidato de Santos para buscar esos votos de Uribistas incautos, pero lo que no aclara es que él fue uno de los contratistas más queridos del Gobierno Nacional y que nunca fue, tal vez porque a él le gusta más ser uno de esos «caballeros de industria por prestación de servicios», funcionario público de la administración de Sergio Fajardo, al menos durante 2013 y 2014.
Estamos cerca de las elecciones, y algo tengo totalmente claro: no creo en Federico, y no por un capricho personal, sino por percepciones que él mismo en estos días de campaña me ha confirmado, donde es claro que no solo se la pasan cruzando esa “delgada línea” haciendo política con recursos públicos, sino que son capaces de aliarse con lo peorcito de la política regional con tal de no perder ese poder que por 12 años han ostentado, para su propio beneficio y de todos aquellos que hacen parte de esa secta de aparentes “buenas costumbres” y de aquellos quienes además les apuestan con sus “donaciones” a sus campañas.
No votar por él no me hará indecente y mucho menos corrupto (como le quieren hacer creer a los Antioqueños) y mucho menos hará que la Gobernación se acabe: la misma tiene un impulso de varios años atrás, y cambiar lo que se ha construido por las anteriores administraciones (resaltando que muchos de los programas por no decir que la mayoría con los que alardea Fajardo, vienen de antes), es como pretender que un trasatlántico haga un giro en U en menos de 100 metros.
Para finalizar, para él y a sus fieles escuderos Santi Londoño y Juan Carlos Sánchez (a quienes Ricardo Smith como Jefe de Campaña les ha asignado remuneraciones mensuales bastante suculentas, es decir les pagan), les puedo dar no solo sopa y seco en gestión publica y en un manejo íntegro sin favorecimientos a terceros, sino en algo de lo que tanto pregonan y que tanto les hace falta: decencia y dignidad.