Colombia es un pais diverso y no sólo por su exuberante naturaleza: estamos llenos de contrastes, asi como de una particular formar de asumirnos como una nación.
Hemos sufrido históricamente de un incalculable numero de conflictos, todos estos de diversa índole, incluso a sabiendas que estos iniciaron con mayor ahínco, en aquel momento en el que logramos liberarnos de quienes conquistaron y colonizaron «nuestras» tierras.
Adicionalmente a lo anterior, quienes han tenido la fortuna de dirigir nuestros destinos (para infortunio de muchos), lo han hecho en la mayoria de los casos (salvo contadas y valiosas excepciones), motivados por intereses particulares, casi siempre estos enriqueciéndoles, favoreciendo élites y promoviendo además un estado centralista que ha sido incapaz de promover desarrollo en la periferia.
Ayer 26 de septiembre, pese a los globos blancos, las serpentinas, el show friamente calculado (el paso de un avion supersónico por los cielos de la heróica), la inmensurable cantidad de pauta estatal y la cantidad de invitados ilustres (todos ellos tan pristinos para una foto, como para el festín que se darán con recursos públicos), no se acaba ninguna guerra, y no se firmó la paz. Es cierto!, estábamos ante un evento histórico, aunque para muchos, más por sus pasiones que por sus neuronas, ha sido este un momento: histérico y esperanzador.
La inmensa mayoría de politicos colombianos que están a favor del sí (por no decir todos), han sido bastante hábiles para manipular el mensaje: han hecho creer a muchos incautos que las FARC son una guerrilla, a otros les han logrado convencer que son ellos el “ejército del pueblo”, e incluir en el grupo de adeptos afines al sí, a los integrantes de aquellas minorías a las que hoy “sí” tienen en cuenta (minorias a las cuales la mayoría de los Colombianos han tratado como ciudadanos de tercera clase, directa o indirectamente, incluyéndo algunos representantes de ellas que han capitalizado discursos basados en el odio).
Esa habilidad de manipulación, imperceptible para muchos, es la que hoy hace que muchos de los llamados académicos, progesistas y defensores de la libre expresión, tengan al momento de entablar un debate, la tolerancia de Carlos Castaño!.
El pais claramente, y gracias a la manera en el que un gobierno derrochón ha manejado sus asuntos de la agenda llamada del “lo que a mi se me dé la gana”, se dejó polarizar; mucho más que aquellos fanáticos que son capaces de matar o hacerse matar por una pinche camiseta, en los momentos previos o posteriores a un clásico de fútbol.
Centran hoy el debate en descontextualizar, en comparar momentos aparentemente similares sin tener en consideración el contexto histórico de los mismos, en lastimar, en hacernos los pendejos ante los problemas reales del país (siendo el importaculismo uno de los mas grandes), en dignificar terroristas, en claudicar por el cansancio (que supuestamente jóvenes entre 18 y 24 años llevan a cuestas), en olvidar que las instituciones se deben respetar y que las mismas deben respetarnos; en pasarnos por la galleta lo obvio y sucumbir ante la falta de argumentos…centran un debate en vencedores y vencidos.
Yo la verdad no estoy de acuerdo con el documento suscrito entre un gobierno Colombiano tan legítimo como los votos del ñoño Elías, y un grupo de bandidos que, en contubernio con un laxo grupo de negociadores, estuvieron de vacaciones por varios años en Cuba, estresados por cuenta de un sinnumero de mojitos, lujos, conciertos y jineteras.
¿Paz?…¿acaso estábamos en guerra?…¿cuáles eran los dos bandos involucrados?. Oh, como se cede por cuestiones mediáticas y propaganda de un gobierno que ha claudicó ante un grupo narcoterrorista.
Hablemos de temas tan sencillos como que en el famoso acuerdo (infame por demás), solamente mencionan una vez la palabra secuestro, y sólo para decir que es conexo a la actividad «política» de un grupo de bandidos, que de guerrilla hace rato no tienen nada.
Ah, pero contemos cuantas veces mencionan la palabra secuestrado, ¿cuántas?: ninguna. Pero los esperanzados y amantes de una paz (así sea esta tan cierta como lo que tenía de Hindú del embajador de la India), dirán que mencionan las «víctimas» muchísimas veces..ah, pero verdad que a la larga ellos, los bandidos narcotraficantes y terroristas de las FARC también son, pobrecitos ellos, víctimas.
Tenemos en estos momentos dos maneras de ver la situación, independientemente a como se vote en definitiva el plebiscito de ese acuerdo mentiroso; la primera es en la que estamos chapaleando en un río para no ahogarnos, y de un momento a otro, nos tiran un ladrillo para hundirnos…la segunda es que tenemos el firme propósito de construir un país donde tenemos que caber TODOS, y ese ladrillo que nos lanzan lo usaremos para edificar una nación que, ante el terrorismo y ante las mafias que lo han manejado, NO sucumbe.
A la larga, el acuerdo permitirá que no solamente las FARC se pasen por la galleta cualquier tipo de sanción por parte de una sociedad que los padeció, sino además aquellos delincuentes quienes a muchos nos han causado indignación profunda (jefes paramilitares y agentes corruptos del estado), puedan también acceder a beneficios en nombre de esa paz.
Para finalizar, ¿se repararán las victimas?…¿con qué?, ¿cómo?; ¿ya regresaron los niños y el resto de secuestrados?…¿si?, ¿cuándo?.
Colombia, el platanal donde la libertad y el orden sólo brillan en un escudo.