2 años de infamia…casi 18 de admiración.

Recuerdo claramente ese diciembre de 1997, un mes en el que cambió mi destino…

Lo recuerdo no sólo por ser el mes en el que obtuve mi título como Administrador de Empresas de Eafit, sino además, y por sugerencia de una amiga con la que trabajaba en EEPPM, conocí a Luis Alfredo Ramos Botero.

Fui a encontrarme con él (sin conocerlo personalmente y sin ningún tipo de palanca o conocido «político»), en aquella modesta oficina que le habían acondicionado, en las premisas de una central telefónica por la avenida Nutibara.

En mi mente tenía la imagen que cualquier persona puede tener de un político, con el agravante que durante su alcaldía a quien me patrocinaba como deportista (Llantas Gigantes Pirelli) y al esposo de una prima mía (Ron de Vinola), les habían al parecer afectado sus negocios (al no otorgarles unos permisos para la operación y/o expansión de los mismos).

Recuerdo que llegué a dicha reunión y él, en una cordialidad natural y sin hacerme esperar me invitó a seguir a su oficina, ofreciéndome de paso un café e instándome a que le contara mis razones para querer hablar con él.

La reunión transcurrió de una manera bastante ágil, muy ejecutiva y donde pude decirle sin ningún tipo de misterio que sabía que él estaba liderando un proyecto para establecer una compañía de telecomunicaciones y que yo, pese a tener de alguna manera ya lista una opción laboral en Bogotá y unos planes para adelantar una especialización en finanzas en los Andes, encontraba del mayor interés ese naciente proyecto ya que con mis conocimientos en distintas áreas administrativas, así como en régimen cambiario y moneda extranjera podía apoyarlos.

Al finalizar la reunión me dijo que por supuesto contará con él, y que en enero habláramos para firmar un contrato por prestación de servicios mientras se organizaba la parte legal de la nueva compañía, de la cual, me compartió un acta histórica suscrita en la finca del entonces Presidente de el grupo santo domingo, en donde habían logrado un acuerdo de voluntades para conformarla entre tres entidades que hasta ese momento, estaban yendo por caminos independientes: EEPPM, OLCSAL y el grupo Santo Domingo; «doctor Maximiliano nos vemos entonces en enero, lo espero por aquí» fueron sus palabras.

En enero conforme a lo acordado nos vimos, y él tal vez ya sabía que otros rumbos le esperaban lejos de esa compañía que había logrado proyectar y concretar (por cuestiones políticas que aún casi 20 años después, me resisto entender).

Firmamos el contrato y me dijo que me deseaba lo mejor, que él tenía unos proyectos en mente, pero que de seguro a mi me iba a ir bien con lo que definieran lo accionistas.

Durante ese año él viajó a los Estados Unidos, mientras yo inicié una carrera profesional en una empresa que hoy ya no existe y de la cual pude comprender que (y pese a su indiscutible éxito), era el bastión de muchos políticos para pagar favores, empezando por el «caballero de industria» que montaron los Valencia Cossio y que fungió como su Presidente hasta que la vendieron de manera sobrevalorada a EEPPM, y quien siempre omitió al contar la historia de la misma, (por obvias razones y como hoy algunos lo hacen con Hidroituango), que de no ser por Luis Alfredo Ramos Botero esa empresa, Orbitel, no habría existido.

Unos años después tuve la fortuna de entablar amistad con Esteban su hijo menor y volví a reencontrarme con él; comprobé que seguía siendo el gerente visionario con quien unos años atrás me reuní, donde además, y al poder interactuar más cercanamente, me permitió conocer a ese hombre de familia, de principios inquebrantables, decente y a quien, como pocas personas que he conocido (se cuentan con los dedos de las manos), admiro de manera sincera.

Hoy se cumplen dos años de una detención injusta, con tintes claramente políticos y donde a Luis Alfredo lo han confinado a una reclusión que va en contra cualquier tipo de lógica… ¿peligro para la sociedad?.

A él lo han querido doblegar en estos dos años, pero él se ha mantenido firme a sus principios, porque él sí que los tiene.

Hoy cuando se celebran dos años de infamia, yo en la distancia recuerdo que ya van a ser 18 de admiración, donde lo recuerdo como una persona a la que le tengo gratitud infinita, ya que pudo sacar lo mejor de mi como profesional, permitiéndome ser quien soy.

Para él en la distancia todas mis oraciones, donde es claro que extraño compartir con él aquellas tardes llenas de anécdotas, todas enriquecedoras, llenas de un conocimiento que pocos en Colombia han tenido el privilegio de escuchar y las cuales en ninguna universidad me hubiesen podido enseñar.

A Luis Alfredo, a su familia y a todos sus amigos y amigas, fortaleza para que podamos superar esta situación de la mejor manera posible, con dignidad y confiados en que después de esta oscura noche, el sol siempre brillará para todos.

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