No recuerdo exactamente el día en el cual el cine se convirtió en una pasión para mí, pero puedo afirmar certeza que no sucedió en aquella tarde en la cual con mi hermano Daniel, vimos la Guerra de las Galaxias en una función rotativa, hasta que de la casa fueron a buscarnos al teatro porque pasadas las 8 de la noche no aparecíamos.
También estoy seguro que no fué por cuenta de Kagemusha de Akira Kurosawa, la cuál sufrimos con Daniel por casi tres horas.
Tal vez dicha pasión que me acompaña hoy, fue generada espontáneamente por la posibilidad que aquellos largometrajes, muchos llegados muchos de manera extemporánea a nuestro país, daban a un niño de 10 años para conocer más acerca de distintas cosas, lugares y situaciones.
Recuerdo claramente que en 1982 mientras disfrutaba de unas vacaciones en Urabá (en época de aquellas plantas eléctricas Lister a Diesel que dosificaban a cuentagotas la energía), cuando tuve la oportunidad de ver una película que además de impresionarme bastante, marcaría incluso la forma de pensar acerca de toda una nación.
Se trataba de El Expreso de Media Noche, en la cual a un pobre e indefenso norteamericano (así nos lo hizo creer el director), le aplicaron toda clase de vejámenes en Estambul.
Recuerdo cómo me solidaricé con Richard Hayes (nombre del personaje), llegando incluso a olvidar que las causas por las cuales lo apresaron fueron nada más y nada menos que por ser un traficante de drogas.
Confieso que celebré cuando Hayes logró escapar de aquel infierno, sin importar que para lograr aquello asesinó a uno de sus carceleros…recuerdo igualmente la música compuesta Giorgio Moroder, quien a su vez fué el artífice de grandes éxitos de la música disco de finales de los 70´s y principios de los 80´s…recuerdo.
Dicha película contaba con todos los pergaminos para hacerle creer a quien la viera, que era mucho más que una elaborada, llamativa y dolorosa historia con fines comerciales: ganadora de dos premios Óscar y con diversas frases impresas en la caja del casette de VHS, las cuales destacaban la historia como: una muestra de coraje de un norteamericano prisionero y su «verdadera» historia en una cárcel Turca.
Quiero decirles que la idea que hasta el año pasado tuve de Turquía (y bastante alejada a la realidad), fue construida gracias a aquella «verdadera historia» que quiso mostrar en su momento el Director Alan Parker en dicha película.
El daño por cuenta de las ligerezas y «verdades» acomodadas del Expreso de Media Noche costó a Turquía varios miles de millones de dólares, todo gracias a la estigmatización de la que fue objeto.
Ahora bien, el objetivo de esta artículo va muy de la mano a lo que significa una «verdadera» historia y como muchos de aquellos intereses particulares, nos son dirigidos hoy en día de manera calculada a través de distintos medios de comunicación como si fuésemos unos pelaos de 10 años!.
¿Quién entiende bien cuál es el verdadero objetivo de sacar adelante y a como de lugar un proceso de negociación con los antes guerrilleros, hoy Narcoterroristas de las FARC?, ¿Quién está detrás de una campaña de desestabilizar las instituciones de una nación como la nuestra?, ¿Quién es capaz de mandar a escribir artículos bien truculentos y elaborados en Semana para desprestigiar a nuestras Fuerzas Militares?, ¿A quién se le olvidó que lo elegimos porque queríamos continuar con una seguridad democrática que, así no le guste de a mucho a uno que otro bandido de civil, hizo que Colombia tuviera rumbo?….
Que irresponsabilidad tan berraca la que tiene el tramposo que tenemos como presidente, así como todos aquellos que le están comiendo cuento, o comiendo por cuenta de este personaje que hoy en día está haciendo lo que le da la gana con un país, y quien al igual que el Director de aquel Expreso de Media Noche, donde las «verdades» son contadas para favorecer intereses personales y concretar las banalidades superfluas, quiere a toda costa ganarse un «Óscar a la impunidad».