Hace unas cuántas semanas me había propuesto escribir acerca del aumento del predial en la ciudad de Medellín; la verdad no por apatía y mucho menos por desinterés me abstuve de hacerlo, ya que consideraba que había mucha ilustración de lado y lado: uno el de la Alcaldía en cabeza del Señor Alcalde, y otro bien variopinto donde además de incluirme, entran amas de casas consternadas, jubilados indignados, inversionistas aporreados, políticos sensatos y politiqueros oportunistas, entre otros.
En nuestra cultura arriera, aplica una frase que cae como anillo al dedo a la actual situación: “regalado es caro”. Dicha frase va muy de la mano a aquellos argumentos por parte del Gobierno y de incluso algunos académicos fletados con dineros públicos que han salido a opinar, para desvirtuar que sin importar lo que pase en realidad, que cualquier tipo de alza, por ínfima que sea, hubiese sido refutada al unísono por la gran mayoría, y que una prueba de ello es que a quienes les bajaron su aporte, no salen a decir que por qué no les subieron!.
Además de dicha argumentación con la que se busca calar en el “ser paisa”, existen otras que quieren ser, y al mejor estilo de Poncio Pilatos, una especie de “lavada de manos”, tal como aquella con la que le quieren achacar a Sergio y Alonso (con claros fines políticos): “es que en siete años no hicieron ningún incremento”…donde la contra-argumentación de quienes defienden su causa es que “una buena administración de recursos públicos, no requiere aumentos impositivos”.
Otras voces manifiestan que los impuestos y la cultura de pago de impuestos es sinónimo de desarrollo y de cultura ciudadana, ahí podríamos quedarnos patinando ante modelos escandinavos de bienestar, donde uno podría afirmar, que la falta de cultura a favor de los impuestos, es por cuenta y gracia de que en Colombia se roban la platica. Sí señores, se roban la platica los corruptos por los que cada cuatro años votan y quienes, curiosamente ante esa “indignación ciudadana” siguen siendo los mismos o las mismas (directa o indirectamente), porque acá tienen amnesia o comen cuento de quien se ve bien en la foto o sencillamente endosan el activo más preciado de una democracia participativa, el voto, por la ilusión de un favor clientelista.
Para mi la verdad el tema del aumento del Predial creo que está bien en cuanto a que se debe y tiene que hacer, pero aclarando que estoy en total desacuerdo en la forma, máxime cuando desde la alcaldía, esa misma que pretende un Hogar para la Vida, se utilizan sórdidos y equivocados argumentos para sostener algo, que ante la mirada silenciosa de los concejales que votaron a favor, el oportunismo de quienes se ausentaron y la valentía muda de quienes votaron en contra, se aprobó sin considerar que una ciudad es dinámica y que detrás de cada predio hay personas y familias.
Es lógico que con la transformación de ciudad y gracias además al Gobierno de la Seguridad Democrática, las propiedades en Medellín han tenido un incremento en su valor: lo que antes costaba un millón, ahora ruegue para que no pase de tres, pero vale preguntar ¿Qué tan real esa hiper-inflación inmobiliaria?, ¿Qué o quienes la ocasionan? ¿A quien favorece esa variación de precios de mercado?, ¿Quiénes invierten, lo hacen con qué propósito? …seguro si se abre un debate sobre este asunto, creo que sería objeto de más madera, que aquella que le di a la que se quería de “café”.
Ahora bien, ¿qué cuestiono de la forma que tanto me tiene tan inconforme?
Que dicho aumento de cierta manera se realizó como siempre se realiza, sin hacer un esfuerzo mayor al simplemente categorizar sectores de la ciudad y aplicar un porcentaje de acuerdo a unos supuestos, los cuales no consideran variables distintas a la aparente capacidad o incapacidad de pago, de quienes viven ahí.
Por otra parte (y eso lo pudo haber hecho el concejo mismo), se pudo propender por un ajuste realmente innovador, al considerar entre otras cosas: si el predio es utilizado para vivienda por su propietario o si por el contrario tiene este fines de renta, ya que no es lo mismo una propiedad que significa para quienes habitan en ella, más que una manera de invertir en algo “fijo”, un sueño: aquel de ser propietarios, donde muchos de ellos no pueden liquidar su inversión (o deuda) en el corto plazo para obtener los supuestos beneficios una valorización comercial. ¿Queremos o no una ciudad de propietarios?.
En relación con la competitividad de la Ciudad “que el Intergremial manifestó que la afecta negativamente”. Es cierto, pero hay que tener en cuenta que este no es el único factor que define si una ciudad es o no competitiva (seguridad, infraestructura, nivel de educación, servicios públicos, etc). Ahora bien, digamos que en el ámbito empresarial una unidad productiva fue afectada en una cifra tal, que significa eventualmente disminuir su rentabilidad; ello puede afectar entre otras, el consumo por parte del propietario o la capacidad de inversión, y conociendo un poco más la mentalidad de muchos de nuestros empresarios (por fortuna no todos), puede significar promover la informalidad a la hora de contratar: ellos no creo que vayan a dejar que el impuesto les afecte sus excedentes.
Preocupa que una de las banderas para tocar las fibras de los contribuyentes, sea que con este aumento se van a pagar esas obras que tanto necesitamos, las cuales hoy en día sólo son proyectos, pero, y cuestionando un poco a un Editorialista de un periódico de la Ciudad: (que creo debe estresarse poco por el sobregiro y muchísimo menos al considerar toda esa pauta que le dan desde la Alcaldía) ¿En términos porcentuales que tanto aporta ese aumento en la valorización, sobre el valor total de las obras?, ¿Acaso este recaudo es de destinación específica?. La verdad, para claridad de todos, no depende de este aumento la realización o no de las obras y creo, que con otros recaudos que han surgido en años anteriores (fotomultas), y racionalizando los gastos, se pueden tapar esos huecos presupuestales que ha creado esta administración.
Para finalizar me preocupa mucho que este papayazo (por la forma más que por el fondo) que dio el Alcalde Gaviria, sea ahora el caballito de batalla de politiqueros de toda clase de pelambre. Desde aquellos que sienten que les dieron en la cabeza, pasando por expertos que interpretan la norma para su conveniencia en medios masivos, hasta aquellos que con una sonrisa tan cálida como la tibieza de sus posiciones políticas, quieren pescar en río revuelto, en detrimento de una ciudad que requiere cohesión alrededor de un objetivo común (así nos guste o no el eslogan), ser en realidad un hogar para la vida.
Alcalde, trate de ver esta situación como una gran oportunidad, para usted, tanto para cada uno de quienes somos, así a veces no estemos de acuerdo, afectados positiva o negativamente por su Gobierno.