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Acerca de Sentido Común Público

Administrador de Negocios de la Universidad EAFIT y Politólogo de Columbia University, con Especialización en Gestión y Regulación de Telecomunicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Mágister en Administración con énfasis en Negocios Internacionales de la Universidad EAFIT y actualmente avanzando en el Master of Public Administration en Columbia University. Durante 2015 a 2017 visiting scholar en Escuela de Asuntos Internacionales en la Universidad de Columbia de la Ciudad de Nueva York.

Para bajar la calentura… salgamos del sofá

Hace un par de meses supe por parte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, AMVA, sobre la restricción del llamado parrillero, con el fin de mejorar uno de los más grandes problemas que tiene Medellín y sus alrededores hoy: la inseguridad.

En dicha oportunidad, manifesté a través de mis trinos (que para algunos funcionarios y periodistas fletados son innovadoramente destemplados) mi posición al respecto, ya que el gerente del AMVA pidió a sus followers que lo hiciéramos (mejor uso dicho anglicismo, ya que “seguidores” sería matricularme tácitamente en el Coraje).

Mi posición de ese entonces, negativa hacia dicha arbitrariedad, se centraba en que con la misma se iban a afectar aquellos ciudadanos que por necesidad se transportan en una motocicleta, generando para ellos sobrecostos, y lo más grave, estigmatizando a muchas personas de bien, como si fueran un subgrupo de hampones, gatilleros y fleteros, a quienes con la implementación de dicha medida querían limitar en su accionar.

Como pasa siempre, se reunieron los alcaldes del AMVA (donde la gran mayoría son políticos y no gerentes) y de manera “unánime” aprobaron esa medida arbitraria, la cual de paso se iba a consolidar como un paliativo y distractor de una realidad que para nuestro querido alcalde, el de Medellín, no existe: una rampante inseguridad.

Al cabo de los días, con bombos y platillos propios de aquellos que están acostumbrados al juego político de las fiestas, sancochos, rifas y clientela, presentaron a principios de enero de este año, los “grandiosos” resultados al haber implementado tal medida, donde el gerente del AMVA decía lo que el pueblo quería escuchar: “mejoró ostensiblemente la seguridad”, eso sí, sin argumentos sólidos desde el punto de vista técnico, además ofreciendo como una ñapa la afirmación que “había sido un gran aporte para la movilidad” y ponían como ejemplo el éxito en uno de los 10 municipios que conforman el AMVA: Barbosa, donde sólo se concentra menos del 5% de la población total del Área Metropolitana. Válgame Dios, unas frases y unas afirmaciones dirigidas y de paso asentidas por aquellas personas, que, o están comiendo de la administración su ración de lentejas o “tragan entero”, tanto como la mayoría de aquellos que votan por internet por cuanto concurso “chimbo” se inventan.

El caso es que hoy deciden, por unanimidad, extender por seis meses más la medida, ampliándola además en dos horas, argumentando cosas que no se soportan en datos ciertos, sólo considerando que la medida se aplicó en una época donde las circunstancias no son las que se promedian en un año.

Sigo pensando que es una medida arbitraria y mediocre, que a su paso estigmatiza a muchas personas que usan su moto por necesidad, atribuyéndose de paso el AMVA competencias (en Medellín) de una secretaría de Gobierno acéfala e inoperante. Igual, para nadie es un misterio que los delincuentes, a la hora de hacer sus fechorías, no respetan las normas (y de eso hay muchas fotos).

Me preocupa que en lugar de hacer de Medellín y el AMVA un hogar para la vida, estemos aprovechando el terror generalizado que sienten (sentimos) algunos ciudadanos por aquellos “Byrons en Calimatic”, etiquetando desde lo más alto de los gobiernos locales y sin lugar a defensa, como delincuentes y temerarios a motociclistas (por necesidad y no por placer) con sus acompañantes.

Ojalá en estos seis meses se implementaran acciones y programas para aquello que realmente puede mejorar la rampante inseguridad, los tacos inmarcesibles y el transporte público…. pero la verdad, con tanta mediocridad y facilismo, no creo.

Para finalizar: dice el secretario de Movilidad que estudian la posibilidad de establecer sobre la actual malla vial, carriles exclusivos para el servicio público en Medellín… ¡qué adefesio!; sin un SIT y sin ampliar las rutas de Metroplús, hacerle el favor a los buseros del AMVA (sí, aquellos mismos que prestan los buses en elecciones y financian campañas), para que luego, cuando se quiera recoger la piola y sacar con el innovador pero poco expandido Metroplús a los destartalados buses, de transportadores, los mismos tengan una mejor posición negociadora, claramente fortalecida por el facilismo de una administración que prefiere, como dice el dicho “vender el sofá para solucionar la calentura”.

Espacio público… más allá de lo estético

Una de las grandes herencias que dejó aquella Medellín que zozobraba con amor ante los pies de un discurso prometedor (además de los crecientes problemas de seguridad), fue la incubación de un problema de marca mayor para una ciudad que hoy se denomina innovadora por un premio en internet: la proliferación de las llamadas ventas ambulantes e informales en el espacio público.

Y para algunos este problema tipo «ya es parte del paisaje», es la simple y llana expresión de una realidad: crecimiento de la oferta del mercado de mano de obra no calificada, combinada con una baja demanda de la misma y las ansias de industrias ilegales de generar mayores rendimientos, aprovechando el poco remordimiento de aquellos ciudadanos a quienes les importa cinco comprar la dignidad de un mendigo, mercancía de contrabando, entretenimiento pirata y en algunos casos mercancías chiviadas o en ocasiones, producto de asaltos a empresas legalmente constituidas.

Lo grave de esto, adicional a la naturaleza misma de muchas de esas mercancías, es lo que se mueve alrededor de las mismas y cómo se afectan otras prioridades de los ciudadanos y de algunos administradores públicos, como la movilidad, la seguridad y el desarrollo social.

En la mayoría de los casos, este llamado por muchos, «fenómeno», promueve casos aberrantes de explotación humana (para la mayoría de los ciudadanos imperceptible), que incluye esclavitud, constreñimiento electoral, extorsiones sistemáticas y cobros de vacunas sobre los producidos diarios por un permiso que el «bacán» del sector cobra por permitir a un fulano, pedir plata o vender cosas.

Pregunto si realmente existe el llamado y muy trillado término «voluntad política» (propio de algunos corporados al momento de sugerir al gobernante de turno la asignación de alguna buena porción de burocracia o en su defecto un contratico), para afrontar el problema con la mano dura que requiere, sin titubeos asistencialistas, pero con un corazón grande que bombeé oportunidades para aquellos que quisieran ser más que un dato estadístico, una realidad: ciudadanos con un empleo digno y alejados de las mafias que se adueñaron hace rato de una sociedad, permisiva, de migajas e indolente.

Este problema no sólo es una especie de indicador cualitativo de la manera como una ciudad, que es sin lugar a dudas ejemplo de aguante y progreso, se descuida poco a poco, adquiriendo aquellos vicios propios de ciudades grandes, donde claramente se percibe la falta de control y gestión por parte del Estado, representado lamentablemente por intereses políticos, a los cuales les interesa más hacerse pasito y quedar bien que estructurar planes de choque, poniendo orden, con políticas no asistencialistas y de corte transversal, que si bien pueden ser un poco duras en principio, aseguran que un problema mucho más que estético, no termine siendo el detonante de uno de marca mayor.

Ojalá trascendamos de esa Medellín de mostrar a ilustres visitantes que disfrutan tanto de rutas innovadoras y bibliotecas dignas incrustadas en extramuros como de cuentos bien echados, y que de verdad podamos chicanear (si es que así lo queremos) con un verdadero hogar para la vida, que hoy en día es incomprensible al tener familias (realmente innovadoras) que sobreviven a veces con menos de un dólar al día y que además tienen que guardarse en sus casas apenas se va el sol, el sol que a todos en Medellín, nos alumbra por igual.

PS. Para no ser injusto, aplaudo que en la anterior administración se haya trabajado de la mano de EEPPM, en aquellos planes «retorno». El problema es que hoy en día, con la seguridad en el Departamento, afectada por esa arrogancia que degenera en falta de control (microtráfico), prevención (Murindó, un pequeño ejemplo) y contundencia (¿tregua decembrina?) esos planes retorno bien complicados creo que sí que lo están.

Madonna o la pseudointernacionalización de Medellín

Nota Introductoria:

Esta entrada considera mi posición respecto a una mención que hicieron el pasado domingo en El Colombiano, la cual expresé al Director de dicha columna de opinión: Luis Fernando Ospina, a través de un correo electrónico enviado el día de ayer.

Asunto: saludo y precisiones.

Apreciado Luis Fernando, ante todo recibe de mi parte un cordial saludo.

Por medio del presente correo, gracias a que Germán me dio tu dirección electrónica y en relación con la reseña que de mí hiciste el día de ayer en tu columna de opinión DBF, quería hacerte una serie de precisiones, ya que veo que tal vez no sabes realmente cuál es mi posición, adicionalmente a que no te veo en mi grupo de followers de Twitter (@maxivale) y que, por el contenido de tus columnas previas en las cuales tocaste el tema de MDNA en Medellín, percibo cierto sesgo a favor de quienes supuestamente lideran los procesos de «internacionalización» de Medellín.

En primer lugar quiero reiterar, como lo he manifestado en múltiples oportunidades (incluso a través de la red social Twitter), que aplaudo el hecho de que una artista como Madonna haya podido venir a Medellín, ciudad que se ofreció ante la negativa de que en Bogotá prestaran a Ocesa el estadio.

Ahora bien, me gustaría preguntar ¿era necesario que la máxima autoridad del municipio se pusiera en función de dicho evento? (no conozco una ciudad en el mundo civilizado donde pase eso). Eso es lo que he cuestionado desde un principio, ya que para mí, el evento, mucho más allá del posicionamiento que quisieron imprimirle de «evento de ciudad» (como sí lo puede ser la Feria de las Flores) era de una empresa privada, Ocesa, y el alcalde no debería prestarse como promotor de eventos, al punto de ponerlo como prioridad, descuidando situaciones y responsabilidades que sin lugar a dudas, para cualquier ciudadano consciente de su ciudad, revestían y revisten mayor importancia: seguridad, movilidad, educación etc.

Es cierto que el evento movió la «caja» de algunos en la ciudad (y por supuesto de la empresa Ocesa Colombia, al tener ingresos históricos, no solo por la boletería, sino además por el patrocinio de privados y públicos), como acostumbran poner en las notas de ustedes cuando hacen referencia a los eventos que se realizan en Medellín, pero ¿acaso se generó un desarrollo económico real y sostenible? La respuesta es sencilla: NO. Y este NO simple y llanamente porque no quedó una capacidad instalada (incluye talento), ni obras para el beneficio y disfrute en el mediano y largo plazo para la comunidad (como sí la hubo, por sólo dar un ejemplo, en la asamblea del BID donde además de empréstitos asignados para promover el desarrollo del departamento, quedó entre otras cosas, la iluminación de la variante al aeropuerto).

Si bien es cierto que muchas personas fueron beneficiadas (del sector de la hotelería más que todo) e incluso de aquellas que por medio de economías informales obtienen sus ingresos (los que venden impermeables, comidas rápidas, y la «media de guaro»), no podemos decir que en la ciudad se haya generado un mejoramiento ostensible de aquellos indicadores que miden el desarrollo de un territorio y mucho menos que se vayan a afectar por ello. (Esto es teoría del desarrollo económico de coquito).

Traer a Madonna, a mí parecer, y al parecer de la gente sensata, no puede catalogarse como un hito que parta la historia de una ciudad en dos (a no ser que estemos en una orilla de promoción de las por mí llamadas «divas de lo público» y que ahora, el hacer conciertos, sea la prioridad).

Creo que el desgaste de lo público (que al privado OCESA le importa cinco que tomen el espectáculo como propio, porque ya obtuvo sus rendimientos vía patrocinios), no es sensato en una ciudad donde el alcalde no ha estado dándole la cara a los graves problemas que la afectan y que tiene situaciones aberrantes cuyos costos que superan con creces los famosos $3.000 millones por impuestos (que igual, son mínimos si contabilizamos el costo de todas las actividades de promoción, patrocinios, «engrase» en medios, etc y que se financiaron con recursos públicos). Y de lo otro que menciono ¿costos en seguridad, costos en movilidad? (cuantifiquen ambientalmente y en términos económicos por el tiempo perdido, lo que puede valer una hora de un taco en esta ciudad… con eso se pagan los impuestos de la traída de Madonna en un momentico).

La internacionalización de la ciudad no puede confundirse con traer artistas o espectáculos, porque la gente del exterior no va a invertir más (exceptuando Ocesa o cualquier otro privado que los traiga). Eso sí, el nivel de internacionalización de una ciudad en el mundo del espectáculo, es cuantificable según la cantidad de artistas que sentirían orgullo por venir acá y no al contrario. Por eso he dicho y critico a quienes bajo el interés de promover el turismo, quieren que el destino Medellín sea convertirla en una especie de Las Vegas latinoamericana (que es mamey y además facilista), una ciudad del pecado donde: casinos, discotecas y hoteles que permiten el ejercicio de la prostitución, fachada 5 estrellas, «centros de acopio de las llamadas prepagos»).

La internacionalización de una ciudad, es compleja y requiere generar atractivos a mediano y largo plazo, de tal manera que los inversionistas que apoyen el desarrollo de largo plazo vengan, porque acá están las mejores condiciones de mercado para hacerlo, porque hay seguridad, porque hay capacidades instaladas, porque hay talento, porque más allá de incentivos tributarios y bajos salarios, hay un retorno y una diferenciación que hace que no duden en hacerlo.

Yo sí he sido crítico del tema de Madonna, y con argumentos… y que quede claro, sin intereses partidistas y mucho menos políticos.

No estoy de acuerdo con que después del concierto, ahora les dé por sacar videos de promoción de ciudad (con recursos públicos) con funcionarios públicos como protagonistas, alardeando de algo, que sólo quienes no conocen el mundo hacen (pese a que pueden haber paseado por él, con recursos públicos).

Tengo mil y un argumentos para sustentar mis posiciones en relación con temas públicos, que cuando quieras (y yo invito al café) los podemos discutir.

Para finalizar quedo atento a tu respuesta y para atender cualquier inquietud adicional, porque yo, distinto a muchos funcionarios públicos, siempre doy la cara.

😉

Saludos deseando para vos y los tuyos unas felices festividades.

Atentamente,

Maximiliano V.

PD. Este mail, lo puedes compartir con quien desees, eso sí, agradecería me incluyeras, por decencia, en la copia.

Leaving Las Vegas, vámonos pa´ Medellín

Veo por enésima vez una película que para mí es excepcional, en la cual Nicholas Cage hace un papel impecable que le hizo merecedor de un premio Oscar. En dicha cinta es una persona que lo pierde todo por cuenta del alcoholismo y de un abandono. Al tener en su vida esos tragos de más, decide irse a Las Vegas a matarse con el alcohol (como lo expone el juglar vallenato Alfredo Gutiérrez en El Solitario).

Tuve la oportunidad de conocer Las Vegas y déjenme decirles que es una ciudad que ha aprovechado su bien ganado nombre de “La ciudad del pecado” (slogan que quieren cambiar por: “Lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas”), donde no solamente hay disponibilidad de rumba, casinos y bebidas 7×24, sino que además es un lugar donde hay entretenimiento de todo tipo y además su infraestructura hotelera es aprovechada para la realización de distintos eventos corporativos de diversa índole (para los amantes del ciclismo, tenemos el interbike).

Ahora bien, y en aras de desarrollar el título de la presente publicación, hace un par de años y tal vez no de la mejor manera por la forma directa en que lo dije, expresé en un comité turístico de alto turmequé (donde estábamos hablando del tema de promoción de ciudad), una preocupación que a mi parecer podía de pronto ser controvertida por aquel interés “interinstitucional” de tener: una ciudad cada vez más internacional, con cifras del sector turismo crecientes y con ese aporte a la economía que tanto “bien” le hace a una región o a una ciudad de un país que como Colombia, tiene cifradas las esperanzas en migrar de una economía basada en sectores primarios, a una de servicios y de productos industriales con alto valor agregado.

Dicha preocupación se las resumo trayendo a colación aquello que expuse en medio de un grupo selecto de profesionales del sector (competentes en su mayoría), muy de la línea de ejercer su rol en lo que se llama ser políticamente correctos y después de una especie de comité de aplausos donde presentaron una serie de indicadores, todos ellos al parecer muy positivos, así: “es que es mamey lograr incrementos de todos los indicadores de turismo de Medellín, si simplemente la seguimos convirtiendo en una especie de Las Vegas latinoamericana… vean por Dios la propuesta de valor que no tan tácitamente estamos ofreciendo a los visitantes: rumba, niñas lindas, casinos… etc.”.

Después de expuesta esta preocupación sin “vaselina” como se dice muy directa y coloquialmente, recuerdo la perplejidad de más de una de las asistentes, quienes me vieron como un hereje. Sus respuestas fueron desde un “noooo, cómo dice eso “doctor” Maximiliano” (con persignada incluída), pasando por un muy mal estado del arte, “está usted muy equivocado. Acá los extranjeros vienen en su mayoría a visitar el Museo de Antioquia, a montar en metrocable y a visitar los parques bibliotecas”, y finalizando con un dolido “doctor” Maximiliano, usted cómo se atreve a decir eso, si acá somos el centro de eventos empresariales, atendemos visitantes internacionales de bien”.

Ante aquellas respuestas, expuse cada una de esas percepciones que, a mi parecer, sustentaban la preocupación que sobre el tapete, había puesto…

A mí, quienes digan que a la Feria de las Flores, todos los visitantes extranjeros vienen a visitar a sus nuevas familias, a tomar claro y a disfrutar sanamente de las tradiciones que se soportan en lo que conocemos como “cultura paisa”, me están hablando carreta: acá se viene es a beber, a parrandear y a prepaguear (ahora un término tan de moda por la Cumbre de las Américas).

A mí quienes me digan que es imposible (y de paso una calumnia de mi parte), que los hoteleros o sus empleados, referencien en el lobby niñas de la vida alegre, porque “están totalmente comprometidos en combatir la prostitución en sus premisas”, me están cañando.

A mí, quienes me manifiesten que la totalidad de los casinos que durante los últimos años (donde incluso en un sector de la ciudad, en menos de 5 cuadras se cuentan varios), son lugares de “sano esparcimiento”, que no hay en ellos intereses ocultos relacionados con mafias, que son todos de empresarios de la mejor reputación y que de paso aportan a la consolidación de una ciudad que se transforma, tanto como los pobres bigotes del gato de Botero, mienten.

A mí, quienes me digan que en los grandes eventos, ferias o exposiciones sectoriales, empresariales o gremiales, todos los visitantes vienen con la señora porque desde su ciudad de origen les vendieron la idea de que acá no hay con qué hacer un caldo, y que Medellín es una ciudad para disfrutar con la pareja (oficial), son como el hijo de Gepetto.

A mí, quienes me aseguren que es complicadísimo en pleno Poblado (sí, ahí antecitos del semáforo del parque o en las afueras de los hostales), surtirse de cualquier tipo de sustancia psicotrópica… creo que deberían darme la razón que realmente es mucho más complicado conseguir un exquisito sánduche de La París después de las 12.

Y para finalizar, como muchas de las cosas que hacemos en este país, es no copiar lo positivo de afuera… acá no tenemos una red de espectáculos y de atracciones, que pueda disuadir, disimular e incluso competir un poco frente a aquella “pecaminosa” oferta basada en parranda como efectivamente sí existe en Las Vegas: conciertos permanentes, el Circo del Sol, parques temáticos, articulación con ofertas turísticas en la periferia, tales como visitar el Gran Cañon, o algunas otras con deportes extremos: paracaidismo, senderos de bicicletas de montaña… ofertas que realmente compiten de tú a tú con el tarjetero de niñas que le ofrecen a los transeúntes de Las Vegas Strip, con las máquinas tragamonedas y con la ingesta de alcohol.

Acá creo yo que estamos en la época inicial de Las Vegas, donde se cuenta con el Gangster Bugsy Siegel, anecdóticamente como uno de los promotores de su “desarrollo inicial”. Además es preciso traer a colación que alrededor de todas esas actividades “lícitas” de apuestas y hostelería, se llegaron a presentar cantantes de la talla de Frank Sinatra, Elvis, Tom Jones, sin importar el hueco donde lo hicieran (muy similar a lo que ahora se vive en Medellín y sus alrededores donde vallenateros o reggaetoneros del más alto nivel que cobran sumas astronómicas, se presentan sin importarles si su “show” es en una casa finca o en una caballeriza en Medellín, o tal vez por los lados de Sabaneta, Caldas, Barbosa, Girardota o Copacabana).

La verdad me preocupa que el supuesto éxito en turismo de ciudad a veces sólo se centre para algunos entes gubernamentales en el cumplimiento de unos indicadores: cantidad de visitantes extranjeros y cantidad de eventos que se realizaron, ah, con su incremento en relación con el mismo dato el año anterior.

Pero más indignante aún es que muchos empresarios del sector (contando por fortuna con algunas valiosas excepciones), sólo les importe mantener sus niveles de ocupación así sea con extranjeros desocupados (perniciosos), sus ingresos medios por PAX, ofreciendo o promoviendo solapadamente toda clase de servicios para mantener a gusto a los invitados.

Acá la mentalidad cortoplacista, la falta de políticas coherentes que articulen los distintos actores, el control de actividades, el ser capaces de darnos la pela que sea necesaria darnos, impide que podamos promover una ciudad, un Área Metropolitana y un departamento (que tiene altos riesgos relacionados con actividades de parahotelería, informalidad laboral y turismo sexual incluyendo infantes), un verdadero turismo de clase mundial, que atraiga a propios y extraños por todos aquellos atributos positivos que tenemos, y no por ser, de manera tácita, esa especie de Las Vegas latinoamericana, donde el pecado será seguir cediendo terreno, ante una cultura mafiosa que hace rato nos cogió ventaja.

Y qué importa hacernos los pendejos

Ayer tenía ganas de irme a tardear y de paso echarle alpiste al ojo, con el calor y color de una entretenida conversación que se combina a la perfección con el frío de una cerveza .

“Max, ya paso por vos”, me dijo Pérez, a lo que dije: “¿qué nos vamos a inventar hermano?”.

El invento fue sencillo, irnos a uno de esos tantos malls comerciales que abundan en El Poblado, a una de esas charcuterías, curiosas por sus ínfulas de ídolo del balompié, podríamos además de asegurar el alpiste, sentarnos a echar, como se dice en buen paisa, carreta.

Llegamos y nos ubicamos de manera estratégica, donde cayeron un par de amigos más (para ajustar el jocosamente denominado “parche de antenas”).

El caso es que en un principio la tarde pintaba bien: el alpiste llegaba o pasaba, la cerveza estaba helada, la charla fluía y el mecato aguantaba, sin embargo puse sobre el tapete la siguiente frase “esto parece un centro de acopio de traquetos”.

Cuál sería mi sorpresa al escuchar a una de las personas que estaba con nosotros (que aclaro: no se apoda el zarco, ni carebalín; es de buena familia, tiene un trabajo decente y se ha graduado de una buena universidad) después de una sonora carcajada, “Jajajaa, ¿acopio de traquetos,?, Max, tenés razón” y prosiguió con un pasmoso entusiasmo, similar al que tiene Poncho Rentería cuando habla de sus chismes de peluquería, y prosiguió: “mirá, ese fulano es hijo de uno que está extraditado, aquel otro es hermano de no sé quién, ese va al gimnasio y va con dos lavaperros y aquel, sí, aquel de rojito es novio de esa pelada que acabó de pasar y es hijo de un duro”.

Si esto es un sábado, a pocos metros del mercado más exclusivo que tiene una gran cadena francesa, a un par de cuadras de El Tesoro, plena luz del día ¿qué podemos esperar?

Me pueden decir que soy un mojigato, que una golondrina no hace verano, que eso es normal… la verdad, no soy ningún mojigato, creo y he demostrado que uno puede de manera independiente generar alertas y ser propositivo ante distintas circunstancias que van en contravía de los principios éticos y más aún, no me parece normal, que en una ciudad amnésica, permitamos que los principales promotores de los más grandes males que ha tenido y tiene el país (el narcotráfico), se muevan como peces en el agua, de una laguna social que además de permisiva, no es capaz de sacrificar en todos sus niveles, aquellos beneficios económicos de corto plazo, en aras de proponer un mejor mañana.

Desde hace mucho tiempo, me han pasado por el lado aquellos inversionistas de alto riesgo (he visto clases con ellos, han vivido en unidades donde he vivido y hasta creo que fueron casi parientes), que terminan sonsacando generaciones y peor aún, socavando las mismas.

Yo la verdad creo que la complacencia y la permisividad a la que hemos llegado en Medellín y en Colombia preocupa, donde es triste que ésta se pueda fácilmente percibir en distintos escenarios que van desde: políticos que logran grandes financiaciones de manera mafiosamente curiosa, grandes empresas que venden sus productos a como dé lugar (un ejemplo es el sector de la finca raíz vendiendo proyectos inmobiliarios donde el metro cuadrado excede el precio que un asalariado puede soportar), pasando por aquellas empresas de hostelería (facturando duro al “duro” botellas del mejor “güisqui” en el VIP), finalizando en las células (cancerígenas para mí) de esta sociedad: aquellas familias que se sienten orgullosas por aquel familiar en España o en la USA (por mencionar un par de países), que con sus remesas o con unos buenos aguinaldos en diciembre les convence que ser un lavaperro o un “trabajador” no es nada malo, o cómo se alegran por aquella muchachita que se va más que a menudo a “modelar” (con esas amigas cuyas fotos en Facebook parecen extractadas de una página de porno), a países donde está claro que se han vuelto el paraíso de aquellos perseguidos por la justicia.

A mí no se me ha olvidado la época donde uno tenía que entrarse temprano por cuenta que recién habían masacrado jóvenes en una discoteca en El Poblado, no se me han olvidado las más “pispas” del barrio a quienes recogían en carros lujosos (hoy en día deben estar mirando “pa´l saraviao” después de enviudar, además de haberles empacado muchachitos se incluyeron unas cuantas palizas). No se me ha olvidado la bomba de la 93, la de La Macarena, la del avión de Avianca, la cara cínica de Byron cuando lo atraparon después de ser el “piloto” del sicario que asesinó a Lara Bonilla, la muerte de Galán y menos aún la desfachatez de toda la vida de estos tipos, que ahora por cuenta de ser los nuevos pablitos (como creo que Juanes se refirió a ellos) y quienes por pertenecer ya a una segunda o tercera generación de los otroras “mágicos”, se camuflan en universidades, gimnasios, centros comerciales, unidades residenciales, discotecas, charcuterías como “pedro por su casa”.

Creo que a muchas personas se les ha olvidado lo que a mí no se me olvida, o simplemente les “importa cinco” hacerse los pendejos, eso sí mientras se lucran con ventas o beneficios sin importar el origen de esos dineros, o mientras sus hijos comparten con estos personajes o sus hijas se van de paseo al exterior con el novio de turno o con la familia del susodicho…

Lo más triste es que con esa peligrosa permisividad esta sociedad no solamente patrocina de manera indirecta las más grandes inequidades sociales del país, los más crueles combates, los más inhumanos atentados, sino que desaprovecha oportunidades únicas de reivindicarse con ella misma, de sanear su pasado y de proponer cambios que puedan significar progresos distintos, a aquellos que como espejismos, da una cultura mafiosa.

La Reforma de ‘Antójate de Antioquia’: un caso de Administración Pública.

Introducción

‘Antójate de Antioquia’ es un programa de la Gobernación de Antioquia[1], establecido y liderado por la Secretaría de Productividad y Competitividad, el cual, a través de un mecanismo concursable en una convocatoria masiva, que busca el fortalecimiento empresarial del departamento por medio de la selección de productos, servicios y/o prototipos con alto potencial de mercado elaborados con mano de obra e insumos antioqueños. Los jurados, según criterios definidos previamente, evalúan los servicios, productos y prototipos presentados y escogen a los mejores como ganadores. Las cuatro categorías de la 6ta y más reciente versión son: Alimentos Procesados, Apuestas Tecnológicas o Innovadoras, Turismo y Ganadores Antójate. Los incentivos no incluyen dinero, sino la asesoría, el acompañamiento y la ayuda que les de a los empresarios el impulso necesario para ser más productivos y competitivos y de esta manera lograr la inserción a un mercado que exige excelencia a sus competidores.

‘Antójate de Antioquia’ se perfila entonces como un importante complemento a la labor de la Secretaría de Productividad y Competitividad, encargada de implementar políticas de productividad y competitividad que creen condiciones para el desarrollo económico y social equilibrado. Así, la Secretaría busca apoyar a las empresas antioqueñas en el fortalecimiento de sus iniciativas de turismo, desarrollo económico y social, innovación tecnológica y atracción de inversión extranjera. Adelantando estrategias que apoyen tales rubros en congruencia con el Plan de Desarrollo 2008-2011 “Antioquia para todos, Manos a la Obra”

Antecedentes

El lanzamiento, en marzo de 2011, de la sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ puede considerarse el cenit del programa, pues las condiciones, las reformas, el refinamiento y la experiencia ganada en las versiones anteriores se han combinado en la construcción de un Programa con amplia proyección, alcance e impacto en las perspectivas económicas de los empresarios antioqueños. Durante la ceremonia, el secretario de Productividad y Competitividad de la Gobernación de Antioquia, se refirió a este proceso, las dificultades presentadas, la manera como éstas fueron superadas, y las nuevas oportunidades para establecer a ‘Antójate de Antioquia’ como el exitoso programa que es en la actualidad.

‘Antójate de Antioquia’ se implementó en el año 2005, buscando promover las ideas empresariales de los antioqueños. Para poder participar, los interesados debían certificar que realizaban su actividad productiva dentro del Departamento de Antioquia, que ofrecían un producto con algún tipo de transformación o manufactura y que su empresa estaba legalmente constituida.

De esta forma, las consideraciones para escoger los ganadores eran: innovación, bondades del producto, tiempo y nivel de asociatividad de la empresa o unidad productora, impacto social, económico y tecnológico en la subregión a la que pertenece, viabilidad de la ubicación en almacenes de grandes superficies, utilización de materias primas generadas en la subregión donde se trabaja, capacidad de generación de empleo en la subregión y precio del producto puesto en la ciudad de Medellín.

Terminado el proceso de selección, cien productos (en la categorías Alimentos procesados, Moda, Artesanías y Turismo) eran reconocidos como ganadores del concurso y se les entregaban como premios el registro del INVIMA, el código de barras, un rediseño de empaque y etiqueta, la ubicación en góndola dentro de algunos de los Almacenes Éxito, durante tres meses y la asesoría permanente, participación en ruedas de negocios, eventos y ferias.

Sin embargo, el mal manejo administrativo, la falta de rigurosidad en la selección de los ganadores y la promoción de intereses políticos particulares viciaron los procesos y el impacto real de las tres primeras versiones del Programa y las grandes oportunidades que una implementación responsable habría traído.

Luisa María Galiano[2] se presentó a la convocatoria para ‘Antójate de Antioquia’ en 2007. Su proyecto de carne vegetariana resultó ganador y recibió el apoyo en forma del código de barras, el registro INVIMA y una serie de capacitaciones. Sin embargo, el proyecto de emprendimiento de Luisa María no tuvo los resultados esperados. Su empresa, “Sabores de Antioquia”, cerró dos años después, debido a que se premió una idea de negocio y no una empresa formalmente constituida, con experiencia previa en la comercialización del producto.

Luisa, además, no contaba con el tiempo suficiente para dedicarse a su empresa, “entre el estudio y el trabajo, no podía dedicarme tanto como quería”, señala. El proceso de evaluación, donde se estudian las perspectivas reales de comercialización y sostenibilidad del producto y su empresa, se evitaron en su caso. De la misma forma, las circunstancias de la empresa como unidad productiva viable se ignoraron, llevando a que se premiara una idea con pocas posibilidades de éxito.

Así pues, las condiciones y circunstancias alrededor de la idea de empresa de Luisa María no fueron estudiadas o evaluadas con la rigurosidad, ni buscando que cumpliera con los criterios necesarios para el buen termino del esfuerzo económico. Se obviaron los componentes de innovación, compromiso, creatividad, realidad y planeación estratégica[3].

Las reformas

El Secretario de Productividad y Competitividad dio inicio a su discurso durante el lanzamiento de la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ con una declaración de principios: “Lo público debe ser algo en esencia sagrado” y por eso sostuvo, los recursos de todos los antioqueños tienen que ser invertidos con responsabilidad y compromiso, siempre evitando caer en las malas prácticas que tantas veces invaden las iniciativas gubernamentales. Por eso, cuando el actual Secretario asumió como Secretario de Productividad y Competitividad, adelantó amplias reformas al Programa ‘Antójate de Antioquia’, buscando convertirlo en una oportunidad efectiva de impactar positivamente en las economías de las subregiones del Departamento. Incluso, se vio obligado a posponer la realización de la 4ta versión del concurso en 2008, en una decisión “políticamente incorrecta para algunos, pero administrativamente correcta para el Departamento”, que le permitiría rediseñar la convocatoria y sus condiciones, y por tanto, su enfoque y resultados reales.

Así pues, como primera medida se estipuló que el enfoque del Programa debía ser la inclusión y premiación de las empresas y productos de las nueve subregiones antioqueñas. Durante las primeras tres versiones, el 74% de los ganadores procedían de Medellín, una concentración que iba en detrimento de las zonas con menores niveles de desarrollo de Antioquia. Desde la cuarta versión, las reformas excluirían de la convocatoria a los municipios mayor acceso a iniciativas de fortalecimiento empresarial (Medellín, Itaguí, Envigado y Bello), premiando los productos y servicios de aquellas empresas y empresarios en los lugares del Departamento con mayores necesidades, buscando ayudar a reducir los desequilibrios subregionales[4]. De igual manera, se incluyó la categoría de Turismo, se aumentaron los recursos, se aumentaron los controles de para las demás categorías y se buscó convocaron empresas, no ideas de negocio. Así, para la 5ta versión, gracias a los resultados de esas mejoras al Programa, el 94%[5] de los ganadores pertenecían a las subregiones. Al fin de cuentas, uno de los principales objetivos de ‘Antójate de Antioquia’ es transferir capacidades de forma integral a pequeñas empresas ubicadas en las subregiones, con el propósito de prepararlas para competir en los mercados locales y nacionales.

Otra reforma del programa se adelantó sobre las categorías, buscando ampliar la demanda por concursantes y el impacto final y real de la convocatoria. Así, para la quinta versión, se determinó que se prescindiría de la categoría de “Artesanías”, y se incluyeron ‘Turismo’ y ‘Apuestas Tecnológicas o Innovadoras’. Para la sexta versión, se añadiría ‘Ganadores Antójate’, que busca fortalecer empresas que hayan sido ganadoras, con incentivos complementarios.

Finalmente, se estipuló que las empresas participantes debían estar constituidas legalmente y tener una experiencia mínima en la producción y comercialización de sus productos y servicios. Esto logró más y mejores garantías de la viabilidad y perspectivas financieras de las empresas, de tal forma que los ganadores pudieran aprovechar efectivamente el reconocimiento y trasladarlo al éxito de sus actividades productivas. Todo esto con la idea de, en palabras del Secretario, “fortalecer empresas que ya estén en funcionamiento y no sólo ideas de negocio”.

El nuevo Antójate

Luego de las reformas, ‘Antójate de Antioquia’, en concordancia con los ‘Principios del Código de Buen Gobierno’ de la Gobernación de Antioquia, se caracteriza por el manejo gerencial no asistencialista, la búsqueda de cofinanciación y la articulación de diferentes actores, enfocado al fortalecimiento de las empresas. Así pues, el Programa reconoce las diferencias regionales y sectoriales del propio departamento y por medio de la modalidad del concurso, premia el potencial productivo, asegura la buena utilización de los incentivos y aborda las necesidades particulares de cada sector.

En el año 2002, Patricia Eugenia Berrío Guzmán y Edgar Velásquez Restrepo sufrieron una quiebra que los obligó a vender su casa en la ciudad de Medellín y trasladarse a la finca de su familia en el municipio de Santuario, en el Oriente antioqueño. Los dos eran mayores de cuarenta años y, en palabras de Patricia, “era muy difícil encontrar trabajo o trabajar por el salario mínimo, teniendo que sostener a nuestra familia”. Pero la pareja no desesperó e iniciaron una pequeña producción de galletería. Su nueva empresa representaba un reto y los desafíos en términos de acceso a capital, comercialización y experiencia eran enormes. En el año 2009, los Velásquez Berrío fueron contactados por uno de los agentes promotores de ‘Antójate de Antioquia’ en una entidad promotora del microempresarismo en Santuario e iniciaron el proceso para participar en la cuarta versión del concurso. Lastimosamente, no resultaron ganadores, pues, como la misma Patricia reconoce: “el producto no era nada nuevo; no era innovador”.

Sin embargo, la pareja pudo reconocer el potencial que tendría para su empresa ser reconocida por ‘Antójate de Antioquia’ y al año siguiente, participaron de la convocatoria para la quinta versión del Programa. Esta vez, competirían con sus recién desarrollados ‘Alfajores moca’, galletas de alfajor de café y chocolate. Patricia Berrío señala que la experiencia durante el proceso fue muy buena, el acompañamiento y asesoría, con un excelente elemento humano y la insistencia del verdadero interés, le ayudaron a presentar oportunamente todos los requerimientos del concurso.

Los ‘Alfajores moca’ representaban un producto novedoso y de muy buena calidad y sus condiciones de producción y potencial comercial los llevaron a ser reconocidos como ganadores de la quinta versión de ‘Antójate de Antioquia’. Patricia se muestra conmovida al relatar lo que seguiría luego de recibir los incentivos y reconocimientos del Programa. Su producto fue expuesto y vendido en la línea de almacenes Éxito, donde “ganamos en reputación y experiencia”, los alfajores recibieron también el registro INVIMA, la tabla nutricional y el código de barras, permitiendo a ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’ vender sus productos a varios locales comerciales del aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

Patricia y Edgar esperan continuar con el crecimiento y fortalecimiento de su empresa, por eso, participarán en la categoría ‘Ganadores de Antójate’ de la sexta versión; sueñan con una producción más grande, con generar más empleo en la vereda del municipio de Santuario donde funciona la ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’. “Queremos ayudar a los otros, a nuestros vecinos; crear bienestar en nuestra comunidad”, dice Patricia, para luego concluir: “la gente piensa que las cosas del gobierno no funcionan. El Programa puede cambiar esta idea, porque es un empujón muy grande para las empresas y las familias”.

El futuro de ‘Antójate de Antioquia’

En el 2011, el Programa espera fortalecer el vínculo entre los empresarios concursantes y los demás programas del Gobierno Departamental para garantizar la sostenibilidad de las iniciativas productivas. Además, buscará que los empresarios participen en convocatorias de fondos concursables a nivel nacional y departamental.

Para la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ cada concursante puede participar con máximo 2 productos y ganar con 1. Las empresas deben certificar que adelantan su actividad productiva en un municipio de los niveles 2, 3, 4, 5, 6 y 7, o en el 1, si logran demostrar que su trabajo tiene un impacto real en los municipios de inferior categoría. Las cuatro categorías a las que se presentan los productos y servicios son: “Alimentos Procesados”, “Turismo”, “Apuestas Tecnológicas o Innovadoras” y “Ganadores Antójate de Antioquia”. Se reconocerán 250 productos, servicios o prototipo a igual número de empresas, con una inversión de más de 4 mil millones de pesos. Todos los premios son entregados en especie, evitan caer en modelos asistencialistas y buscan el fortalecimiento y posicionamiento de las perspectivas de negocio del producto o servicio.

La nueva categoría de la más reciente convocatoria, “Ganadores Antójate de Antioquia”, se creó buscando que empresas y empresarios que ya hubieran participado y ganado en antiguas versiones del concurso pudieran presentarse de nuevo. La idea es continuar con el compromiso con el fortalecimiento de las empresas y demuestra que, incluso con las exitosas reformas adelantas para la Cuarta versión, el esfuerzo por mejorar el Programa nunca acaban.

Así pues, ‘Antójate de Antioquia’ fue concebida como una idea con enorme potencial, pero su diseño inicial e implementación se enfrentaron con muchos obstáculos que le impidieron alcanzar los resultados y el impacto esperados en un principio. Luego de las reformas a las condiciones para participar, el fortalecimiento de sus criterios de selección y la optimización de sus recursos a través de los incentivos de fortalecimiento empresarial, éste Programa continúa con su exitosa tarea de promover el sostenimiento y crecimiento de las empresas antioqueñas.

Algunas lecciones

1. Mantener los criterios técnicos: fue la falta de rigurosidad y la ausencia de criterios técnicos sólidos en el diseño e implementación de las primeras versiones del Programa las que evitaron que su impacto real fuera consecuente con su potencial. Luego de las reformas adelantadas por el Secretario de Productividad y Competitividad en el año 2008 a ‘Antójate de Antioquia’, se comprobó que un compromiso con los criterios técnicos podía rendir excelentes réditos en los Programas públicos. La sostenibilidad, el impacto y el alcance de ‘Antójate de Antioquia’ están garantizados en un diseño atravesado por principios técnicos y de buen gobierno.

2. No desconocer el camino recorrido: luego del cambio de gobierno de 2007, el Secretario pudo haber cambiado en su totalidad el Programa o incluso haberlo clausurado, pero reconociendo el potencial del mismo y que las fallas en su desempeño de debían a debilidades en su diseño y a una implementación viciada, decidió reformarlo, manteniendo sus fortalezas y enfoques acertados, mientras los encaminaba hacia el verdadero aprovechamiento de su potencial. Lo importante durante ese proceso fue mantener y proyectar lo bueno, mientras se eliminaba o reformaba lo malo, esto reconocía lo alcanzado hasta el momento por el Programa, pero mejoraba sus posibilidades de éxito hacia el futuro.

3. Desechar las rencillas políticas en pos del bien común: la nueva administración pudo haber utilizado los errores en las primeras versiones de ‘Antójate de Antioquia’ para ganar réditos políticos sobre las denuncias y ataques a los problemas del Programa. Sin embargo, dejarse llevar por las tentaciones revanchistas hubiera supuesto un costo inmenso para los esfuerzos públicos y la imagen de la gestión de las instituciones. De la misma forma, escoger reformar el Programa por encima de satanizarlo, premiaba el interés público, el bien común, antes que los intereses coyunturales de la política.

4. La importancia de imprimir lo privado en lo público: sin la influencia de lo privado, muchas iniciativas públicas se perderían en las buenas intenciones. Esto es cierto sobre todo cuando se trata de un programa que intenta promover y fortalecer empresas, porque sin un enfoque que balancee la responsabilidad pública con la eficacia y la mentalidad de negocio de lo privado, los intereses particulares o la ineficiencia pueden viciar los procesos. ‘Antójate de Antioquia’ se nutrió de un esfuerzo ecléctico, donde lo público y lo privado, yendo de la mano, fortalecieron sus perspectivas de éxito.

[1] El Departamento de Antioquia tiene una extensión de 63.612 km2, una población de 6.065.846, está dividido en 9 subregiones y cuenta con 125 municipios, su PIB es de 42,4 billones de pesos, con una participación aproximada del 15% en el total nacional, y tiene una tasa de desempleo del 12,7%. Datos de 2010, Departamento Administrativo de Planeación.

*Para estadísticas comparativas de las seis versiones del Programa, ver Anexo 1.

[2] Nombres cambiados a petición de la persona.

[3] Moncayo, Pablo José. “Emprendimiento: un concepto que integra el ser y el hacer del sujeto”. En: Revista Management Vol. 017 Número 0029 Año: 2008.

*El “Código del Buen Gobierno” fue presentado en el año 2008 y se encuentra disponible en http://media2.antioquia.vcb.com.co/images/doc/2011/enero/23codigo.pdf

[4] Según la Cámara de Comercio de Medellín, el 75% de las empresas antioqueñas se encuentran en Medellín (2010). Así, en Medellín, hay una empresa por cada 32,2 habitantes, mientras en el resto de Antioquia hay una empresa por cada 174.1 habitantes (2010).

De igual manera, la subregión de Valle de Aburrá (que incluye al municipio de Medellín) presenta un porcentaje de pobreza de 35.9%, un índice NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) de 11.53% y una tasa de analfabetismo de 5,9%. En comparación, las demás subregiones antioqueñas cuentan con desempeños bastante inferiores. Por ejemplo, la subregión de Urabá tiene un porcentaje de población pobre del 83,4%, un NBI de 53,3% y una tasa de analfabetismo de 9%. De igual manera, la subregión Bajo Cauca, presenta una pobreza de 94,8%, NBI de 59% y analfabetismo de 20%. (Datos del Departamento Administrativo de Planeación de Antioquia, 2009)

El Valle de Aburrá cuenta con una población de 3.496.757, mientras las demás subregiones reúnen a 2.472.894 antioqueños.

[5] SIEPANT (Sistema de Información de Antójate de Antioquia).

Yo le colaboro

Si hay una frase que debería prohibirse de manera expresa en las empresas o entidades en este país, es la que encabeza mi escrito de hoy: “Yo le colaboro”.

He padecido dicha frase en distintos escenarios, desde aquellos que se relacionaron con mi formación (o deformación) académica, pasando por mis distintas experiencias en compañías de servicios así como en aquel sector tan vilipendiado y tan poco querido por muchos colombianos como lo es el sector público.

Se preguntarán muchos el por qué de esta preocupación de mi parte, ¿será acaso que a Maximiliano nada le sirve?, ¿será de pronto que por su temperamento fuerte y carácter bien definido, al “dotor” no le gusta la amabilidad? o tal vez algunos otros que hacen parte de mi grupo de enamorados, donde incluyo algunos que se dicen amigos, dirán: ¡este tipo se acabó de enloquecer!

La respuesta a esas eventuales inquietudes para mí es clara, y tal vez no va tan ligada a la semántica amable de una frase que denota un interés de apoyar a un tercero, de ayudar a alguien necesitado…

El origen del «Yo le colaboro» es diverso, dependiendo, claro está, de quién sea el emisor de tan lapidaria frase social. Me explico, si se trata de alguien que atiende en una dependencia o en una taquilla de una institución pública, puede ser para lograr esa importancia que, de ninguna otra manera lograría. Tal vez este personaje, administra para sí mismo un serial de frustraciones que tan solo logra superar en el instante en el que se siente «salvador» de aquel que necesita una orientación en pos de una solución, quien a la larga expondrá con su necesidad ante ese «dependiente de tercera», parte de su dignidad, sin que, y por obvias razones, le sobren para poder recibir lo que espera, y de manera gráfica «babero y rodilleras».

Ahora bien, y en relación con esa política tradicional que tanto daño le hace al país y ahora no es exclusiva de ninguna esfera y hace parte tanto de sectarios como de exponentes o partidarios de cualquier movimiento político, el origen y uso del «Yo le colaboro» se dio en el instante en el que la política perdió esa dignidad, que tal vez, jamás ganó. El «Yo le colaboro», es una frase lapidaria para los intereses colectivos, para la optimización de los recursos y a su vez incuba corrupción, la cual subyace en cada una de esas aparentes iniciativas de bien, donde los proyectos dan para no solo «colaborarle» a quienes realmente lo necesitan, sino para «engordar» a aquellas personas que son capaces de hacerle el esguince técnico, jurídico y administrativo, a la exigencia social y lógica de hacer el bien, sin esperar a cambio reconocimientos o “flores” , los cuales de manera casi inmediata se convierten en aquellos tesoros redimibles a la hora de participar en contiendas electorales, y con ese reconocimiento o “medallita de honor” que significa ser tildado de: «dotor», «dóc-to» y ahora de manera más disimulada y técnica de «maestro».

En la empresa privada el «Yo le colaboro» de fatídico potencial social, tiene una mezcla de la primera génesis descrita, que se conjuga con ese misterio que los grandes ejecutivos del marketing y las relaciones con el cliente quieren imprimirle a los sufridos usuarios para que no les provoque volver a hacer un reclamo o en casos más extremos, no se puedan volver a enfermar, lo anterior por más justo que sea el reclamo o por más que duela la afección corporal… En esto se sufre y bastante, además hacen que estos engorrosos procedimientos se vuelvan tan complicados (como ilegible es la letra diminuta de los contratos de adhesión), así como ilógicos y difíciles de entender al momento de escuchar un «Yo le colaboro».

El “Yo le colaboro” se convierte en algo que realmente atenta contra cualquier intención de ayudar al prójimo, es una frase que tiene su malicia y su doble interés, es sencillamente parte de esa base de cultura “inculta” con la que alguien puede pretender y en efecto someter a un tercero, generar dependencia y en algunos casos más graves, los cuales tristemente y basado en la experiencia que tuve en dicho sector, se relacionan con el servicio público ya que ese “Yo le colaboro” se puede convertir en la forma moderna más despiadada de esclavizar a aquellas personas, organizaciones, entidades y comunidades, que esperan que alguien, permita ejecutar todas aquellas actividades que a la larga por obligación y no por favorecimiento le toca por derecho hacer.

El “Yo le colaboro” no tiene ningún sustento lógico. Para algo le pagan al empleado de la empresa, para que esté atento a prestar o a soportar un servicio determinado o, en el caso de los servidores públicos: para eso los eligieron o para eso trabajan para un estado que se convierte en un fortín de oportunidades, inmensas y superiores a cualquier otro trabajo donde seguro, no tendrían tantos beneficios para disfrutar con la mayoría de sus contertulios, en esa mediocridad sistémica a la cual, tristemente, hemos estado acostumbrados por los siglos de los siglos.

Me inquieta mucho que en el sector público esta frase haga parte del repertorio de personas que a la larga no valoran su trabajo tanto como su sueldo, personas que recuerdo, siendo las 5 pasaditas, al requerirles un dato me decían: “dóc-to” ya apagué el computador”, como si fuera tan complicado prenderlo de nuevo “mija… pues, vuelva y préndalo porque estoy seguro que no se trata de un Univac” (recuerdo que eso le dije a una funcionaria “colaboradora” del más alto nivel).

Me inquieta mucho más que gran parte de aquellas personas que supuestamente fueron elegidas para ser interlocutores válidos de comunidades que creyeron en ellos (tal vez menos de los que creyeron bueno el sancocho o tamal por el que empeñaron su voto), utilicen para “mover” sus proyectos ante las distintas instancias del ejecutivo, el “tranquilos, que yo les colaboro”… desgraciados, esperando ser los mesías, con la platica de las comunidades, y en muchas oportunidades sacando beneficios particulares, expresados en reelecciones o en apoyos económicos que financian sus propias acciones.

Pero les confieso, que me inquieta más la forma en la que el sector privado, en grandes empresas de servicios o incluso en algunos entes asociativos, se está permeando de esta “cultura”, tal vez, tomando todo lo malo que ha tenido la misma en el sector público, pero con las mejoras propias que se pueden dar con lo privado.

Ojalá, en lugar de propender y promover por marchas inocuas, algunas de las cuales se convierten en negocios de algunos maestros del marketing moderno y que tocan las fibras más profundas de personas cuyo nivel de educación los conmueve más por la captura de líderes africanos, que por la misma necesidad que tenemos en un país, de acabar con asesinos silenciosos, que con su “Yo le colaboro”, no solamente están haciendo que se pierda tiempo valioso y que el estado sea cada vez más ineficiente, sino, que, los recursos públicos se vayan a subsanar sus NBI: necesidades burócratas insatisfechas.

Increíble pero cierto: porque el que lo entendió lo entendió

Ante todo quiero agradecer la acogida que tuvo la primera publicación en mi blog. Solo el pasado martes tuvo 1204 lectores… Esto sin lugar a dudas es estimulante para seguir adelante.

Durante los últimos 7 días he recibido todo tipo de comentarios. Algunos creen que me convertiré en un opositor a ultranza de una administración que apenas comienza y otros, que al ser parte de esa administración, y de la por mí llamada cariñosamente pero jamás compartida, “secta de los iluminados”, valoran la manera respetuosa de enviar un mensaje al actual gobernador: déjese asesorar y no crea en todo aquello que le dicen; sin embargo (digamos que ese es el lado amable de la discusión) quiero decir que hay otros que tienen tanto veneno en su ser, que si se mordieran la lengua con la que vociferan sus inconformismos por aquello que expresé, creo que tendrían a lo sumo unos pocos minutos de vida… ¡Gracias a Dios no muerden!

La semana pasada fue bien compleja. Un país amnésico, malagradecido, caldo de cultivo aprovechado por algunos mandatarios locales que se contradicen. En campaña decían a los cuatro vientos: “No cederemos ante las presiones burocráticas de los concejales”, en el caso de Bogotá. En Antioquia y Medellín, de pronto más predecible en su futuro accionar el alcalde que el gobernador, trabajaremos sin “politiquería” y con “los mejores” (porque así nos autoproclamábamos en las vallas: cuestión de egos crespos y de pintas relajadas).

Quiero confesarles que cuando empezó la campaña del actual gobernador, una de las cosas que tal vez más me molestaban (y así lo compartía con mi red de infiltrados en el Partido Verde), era aquella relacionada con el eslogan mediático y poco modesto de proclamarse “los mejores“. Eso, con un análisis sencillo desde el punto de vista social, simplemente es “creerse de mejor familia”, con un trasfondo contundente y muy cerca de la política tradicional: enredar adeptos, que tal vez (al igual que yo), están cansados de lo mismo de siempre, pero que quizá, por su “imberbe juventud” (no aplica a las señoritas), terminan convertidos en idiotas útiles, al creer y querer alcanzar un aspiracional de mercadeo político para masas: “Los mejores”. (¿Quién quisiera estar con un equipo de fútbol que pierda, con excepción de nosotros, los hinchas del DIM?, o quién quisiera estar con ¿los peores? Cuerdos, la verdad, muy pocos).

Proclamarse “los mejores”, y ponerlo, en términos de marketing de coquito, como una “promesa de venta”, tenía unas connotaciones morales, éticas y de gestión pública bastantes ambiciosas.

Ser los mejores para mí puede sonar tan simple en el discurso, como ambicioso e idealista en la práctica (máxime en este país): “hacer las cosas que el pueblo que los eligió espera que hagan, con honestidad, con transparencia, sin que se pierda un peso y sin después creerse los salvadores (los políticos tradicionales siempre quieren que el pueblo los perciba como aquellos a quienes les deben algo)”, pero ah complicado que es llevar eso a la práctica cuando hay presiones de distinta índole como las que se relacionan con las prácticas clientelistas y burocráticas.

Yo no voy a lamentar que hayan sacado de la gobernación a personas que “estaban a un pelito de jubilarse, que qué pesar por ellos”, porque creo que a la larga, y así lo manifesté en una Junta Directiva el año pasado, cuando un colega mío contó que estaba tratando de hablar con el electo gobernador, para ver si le “colaboraba” dejando un funcionario unos cuatro mesecitos más, mientras le salía la pensión porque era de libre nombramiento y remoción (perteneciente de vieja data de aquellos desmontados directorios de ciertos partidos políticos que hicieron lo que les dio la gana con este departamento en los 80); Le dije que yo no estaba de acuerdo porque somos nosotros quienes terminamos pagando esas pensiones millonarias de funcionarios que calientan el puesto durante sus últimos años “productivos” y creen incluso que esos puestos se pueden heredar.

Yo no voy a lamentar tampoco la salida de aquellos funcionarios que sabían que los iban a sacar si “su” candidato no quedaba y que por ello, a sabiendas que eran de libre nombramiento y remoción, dejaron, ellos solitos, que les pisotearan su dignidad esperando “no sé qué”. (Preciso que yo, desde el 27 de julio de 2010, tenía clarito que por no montarme en el AViÓn, por diferencias de forma y muchas más de fondo, el 31 de diciembre estaba fijo mi último día en la gobernación).

Entonces ¿qué lamento?

Lamento que la consigna de “los mejores” haya sido tan solo una frase de campaña, que no veo se vaya concretando en hechos, que haya sido un aspiracional para muchos de los que votaron por un plan de gobierno conjunto y que en la práctica veamos que en los gabinetes hacen parte, no solamente personas de cuestionada moral pública, gente que se ha beneficiado como títeres del poder, y aquellos políticos tradicionales que están por lo que ya sabemos en el poder.

Lamento que, como siempre, los motivos de los jóvenes en campaña sean canalizados para que crean que la participación política, será eventualmente una forma de “colocarse” en un mundo laboral lleno de prebendas y arandelas, y que curiosamente cierra oportunidades a quienes quieren tener experiencia, mientras asigna millonarios contratos de prestación de servicios a algunos “prohombres” de la moral pública, que gozan desde hace unos años de una merecida pensión y que si fueran tan prohombres, trabajarían ad honórem. ¿Dónde quedan las oportunidades para personas que quisieran que los tuvieran en cuenta?

Lamento que al momento de tomar decisiones de renovación burocrática en aquellos puestos que ocupan en términos administrativos los activos “más valiosos” de una organización (según palabras de cualquier coach), no valoren su trasegar, su experiencia, su idoneidad y su competencia… conozco tanto casos, que me entristecen, relacionados con profesionales que prestaban sus servicios con pasión por lo nuestro para el ahora “mi canal”, como otros que me ponen a pensar: “¡eh, casi que no!”. Conocí el caso de uno que otro incompetente, que estaba en esos puestos hace más de 4 lustros, por cuenta de cualquier exsenador, tapando cosas evidentes y que pensaron que con el cuento de tener padrino, nadie los iba a tocar.

Lamento que en medio de shows mediáticos que no ayudan a cohesionar, se lancen mantos de duda generalizados (pese a la poco contundente precisión de “algunos que sí hacían la tarea”) respecto a la idoneidad de quienes hemos tenido la oportunidad de laborar en un sector, donde muchos llegan a ver qué es lo que pueden sacar para su provecho, pero unos pocos llegamos a darlo todo, hasta la vida misma (en calidad y en lo físico) en un ambiente laboral que no estimula a los más capaces, sino a los que más “voticos pongan”, “más líderes endosen” o “más respaldos partidistas cuezan”.

Esta sociedad se caracteriza por ver normal lo que no debe ser normal, lapidar a las personas cuando cometen ciertos errores y hacerse los de la vista gorda cuando se cometen horrores, esta sociedad es producto de muchas cosas que hemos tenido que soportar, y de muchas otras que algunos quieren que sean insoportables.

La politiquería se incuba, en los beneficios que sacan particulares de lo que no les pertenece, en el clientelismo, en los compromisos burocráticos, en sembrar el terror para tener al cabo de unos días, personas que sin tener criterio suficiente para decir cómo eran las cosas, son capaces de vender a la mamá por un plato de lentejas. En mi caso particular perdí amigos por no ayudar a “colocarles” familiares, y dejo claro que a nadie de mi familia ayudé, pese a que mi hermano Daniel tan desempleado como fajardista (por convicción), por ser mi hermano y por cuentos maquinados de algunos sectarios, quienes pese a tener muchos estudios no tuvieron dos neuronas, ni dos dedos de frente para entender que éramos, por obvias razones, muy distintos. (lo sacaron como un paria de la administración de aquel que a la larga «no fue», increíble pero cierto; y el que lo entendió lo entendió).

El reto para generar cambios en el sector público es modificar la connotación y la percepción que tienen del mismo muchas personas, el reto radicará en demostrar que no solo se es profe (no nos las sabemos todas)… sino alumno a la vez (hay mucho por aprender), el reto no se debe basar en decir que el agua moja (politiqueros igual corrupción), si no ver, cómo, contrario al pastorcito mentiroso, si se vocifera que, si viene el lobo, viene de verdad (una verdadera forma de hacer política).

PD. Son plausibles todos los esfuerzos que se pretenden realizar en materia de inversión social, enmarcados en aquellos principios rectores de una integridad pública eficiente y con deseos de llevar a las regiones lo bueno que se ve en ciudades como Medellín, sin embargo, esto solo será posible si se establece sobre la base de una democracia: su seguridad, en el amplio sentido de la palabra y con un real compromiso de sus mandatarios.

El nuevo traje del gobernador

Después de mi paso por la Gobernación de Antioquia y ahora con la posibilidad de apreciar las cosas en la distancia, he estado atento estas tres primeras semanas del año, a aquellas actividades que el nuevo gobierno, en manos de los autoproclamados: “decentes, educados y correctos”, han llevado a cabo.

Teniendo en cuenta que a principios del año pasado manifestaba abierta, públicamente, contra viento y marea, y a través de las redes sociales, que prefería para el futuro de Antioquia arrogancia que deshonestidad, me toma por sorpresa que una persona que ganó las elecciones de manera abrumadora el pasado mes de octubre, en lugar de ser un cohesionador y un transformador de lo que ha sido la política en este país, se dedique a desprestigiar, a través de shows mediáticos, redes sociales y pataletas, un gobierno que dejó el listón bastante alto en relación con ejecutorias.

Quiero precisar que yo no venía del mundo político, que no soy hijo de J. Emilio (para aquellos opositores del cuatrienio anterior), ni primo del gobernador (para los contradictores a ultranza de nuestro ahora primer mandatario), no he ejercido el poder de manera arbitraria (porque tengo clarísimo que es prestado), he optimizado los recursos asignados (en el empalme se sorprendieron), he liderado algunos programas que, de manera real y contundente, permitieron generar con solo tres de ellos, y en 4 años, más de 20 mil empleos en las subregiones. Y lo más importante es que no vi el ejercicio público como esa oportunidad para sacar beneficios personales ni mucho menos para ser revanchista (la muestra es el programa Antójate de Antioquia, que asumí como propio, pese a los vicios politiqueros que traían las versiones que precedían mi labor como secretario).

Creo que lo anterior me permite, no solamente tener la tranquilidad para decir lo que con argumentos puedo sustentar, sino demostrar aquella ética, que muy, pero muy poquitos en este sector, lleno más de dificultades que satisfacciones, puedan tener.

Me parece increíble jugar a desaparecer lo que se ha construido con mucho trabajo. Me parece fatal, que a estas alturas del partido, un gobernador, mi gobernador, el de todos los antioqueños, se dedique a creer en cuentos y fábulas, a realizar shows mediáticos que carecen de pruebas y de la contundencia necesaria para sostener un debate con altura (ya me bloqueó en twitter, solo por pensar distinto).

Es terrible que se contradiga con aquello de que, de su puño y letra prometió a finales de septiembre del año pasado; eso sí, soy consciente que muchos de quienes entraron en la anterior administración deben salir ante el cambio de gobierno (y si tuvieran dignidad, renunciar antes) pero no tantos, ni con antigüedades que incluso superan los 20 años… ¡por Dios! Además le escuché que eran “cargos innecesarios”, entonces me imagino que los irá a suprimir y no los va a ocupar con personas que, como muchos de sus nuevos funcionarios, piensan que el sector público es la única manera de “colocarse” o de tener un puesto aparente: con secretaria y carro.

Adicional a lo anterior hay mucha imprecisión en relación con achacarle a la anterior administración esa cantidad de burocracia tan “mediáticamente impresionante”. Si revisa, si le revisan o si deja revisar, esos cargos de libre nombramiento y remoción, venían de anteriores administraciones a la de Luis Alfredo Ramos.

Es inconcebible que se cuestione con más criterios políticos que técnicos obras de infraestructura, ya que, y muy mal asesorado, creía que le iba a liberar cerca de 800 mil millones de pesos, para hacer otras cosas; o que, peor intencionado, manifiesta a ese público que cree en usted que será el acabose ambiental y que no se justifica para ahorrar 15 minutos al aeropuerto (hoy en día gracias a los avances de la ingeniería, y así lo ha manifestado la CCI y la SAI, un túnel no afecta lo que dicen que afecta. La justificación del túnel, no es solo ahorrarse 15 minutos para ir a tomar un avión).

Patético es que ahora nos achaque la responsabilidad por la desatención a los niños beneficiados del programa MANA, por su propia falta de coherencia y altivez a la hora del empalme cuando dijo a los cuatro vientos que “no se hicieran más contratos, ni adiciones ni nada raro, que iba a mirar con lupa”. Pero más patético es que el grupo de “perritos de taxi” que tiene en su corte, no sea capaz de darle soluciones, para que en lugar de ponerlo a botar corriente y a pautar en medios para desprestigiar a nivel nacional todo aquello que huela a “Manos a la Obra”, sepa que con un contrato de asociación podía haber tenido una solución inmediata, legal y práctica, para que los cerca de 216.000 muchachitos no terminen “pagando” al no poder desayunar, por cuenta de esa actitud inquisidora, que no le hace bien al Departamento.

Para finalizar, y muy al estilo de mi apreciado y calculador gobernante, quiero recomendarle una fábula, porque a mi parecer y al de muchos, está creyendo en exceso en cuentos: El nuevo traje del emperador, de Hans Christian Andersen: “No crea que es verdad todo lo que le dicen”. Con todo el respeto que tanto usted, como yo, como los más de 6.2 millones de antioqueños, debería dejarse asesorar de personas que no le digan lo que quiere oír, como lo pueden estar haciendo más del 99% de sus colaboradores que no cuestionan, sino que asienten todo. Admita personas diversas, competentes, honestas, que no necesariamente hagan parte de esa alianza política; de personas que de pronto, sean capaces de que, en medio de su arrogancia y altivez, le digan, así los termine vaciando, lo que el Departamento, nuestro Departamento necesita, para que usted lo haga como esperamos que lo haga: ¡Bien!

PD. Espero que mañana en Colombiatex disfrute uno de esos cafés especiales del programa Antójate de Antioquia, donde lo único que no me gustaría es que salga a decir que le dieron “pasilla” en lugar de “supremo”,  y que por esa situación está “alerta”, “inquieto” y que de manera imperiosa va ordenar examinar con lupa los procesos de beneficio de aquellos granos que hacen un tinto, simplemente porque eso, eso, lo dejé listo yo.