Querido imberbe

Recuerdo como si fuera ayer aquella tarde en la que en un centro comercial de la ciudad y en compañía de mi señora madre, me encontré a Teodora, sí, la mismísima amigota de los narcoterroristas y promotora de ese movimiento de nombre tan taquillero como de oscuras intenciones. Eso sí, en ese entonces con mucho menos bisturí y sin ese turbante perturbante.

Eran épocas del proceso 8.000, donde tenían al payaso de Samper haciendo malabares, en la cuerda floja y soliviando todo el peso de aquel elefante que al parecer entró a la sala de su casa, sin darse cuenta.

En aquella oportunidad y quiero dejar claro, solamente le dije a esa señora: “Bien por lo de Samper” y pare de contar…

No obstante mi juventud y a que en un efímero instante compartimos algo en común: darle «palo» a Samper, en ese encuentro casual, contrario a como hoy están obrando los jóvenes e imberbes sectarios de las buenas mañas (porque las costumbres para ellos no existen), no me le tiré en voladora a recibir uno de los abrazos que hoy reparte, valga la claridad, más a siniestra que a diestra. Ah, y mucho menos me uní a su combo, pese a que he sido de doctrina liberal.

Hoy en día estamos en un ambiente que además de caldeado, tiene por combatientes una inconmesurable cantidad de jóvenes imberbes que se creen dueños de la verdad y que contrario a lo que trata de inculcarles el rector de nuestra universidad (citando un cuento de don Jesús del Corral y haciendo de paso un elogio al avispado y a la cultura de la ilegalidad), son muy avispados al esconderse tras las bambalinas sin dar la cara en una conocida red social y en cuanto blog hay (incluso alguno que otro con nombres que curiosamente hace alusión a una trampa solapada por de más); se creen ellos además ungidos de la verdad absoluta, aquella que supuestamente les imprime leerse tres o cuatro libros que les sugiere cualquier adoctrinador de pacotilla que aprovechando el poder, les dicta cátedra en aquellas buenas maneras que no aprendió en la casa, pero que se compensan con el enarbolado hablar que le provee de paso, su curriculum londinense.

Es preocupante cómo estos hombres y mujeres,  pretenden ser ciudadanos del mañana, cuando sus comportamientos hoy dejan mucho que desear: son arrogantes, sobrados, sectarios, desconocen aquello que tanto combinan en sus camisetas de marca: pluralidad.

Es lamentable cómo se prestan como idiotas útiles a una causa ajena, causa que les hace repetir hasta el cansancio y como loritos mojados sandeces e imprecisiones respecto a esos ocho años que definitivamente cambiaron el rumbo del país hacia una senda de crecimiento y desarrollo, sólo por el hecho que a ellos no les tocó guardarse en sus casas los fines de semana, o ver cómo, en medio de una época de terror que parece retornar, los narcoterroristas de ese entonces, hacían lo que les daba la gana en un país tradicionalmente gobernado desde la comodidad del palacio capitalino, en Hatogrande o en el resort en las Islas del Rosario, que siempre desconocía la importancia de gobernar para las regiones.

Ojalá algún día estos jóvenes imberbes abrieran más que sus ojos, su mente, y entendieran, entre otras cosas, que el trabajo comunitario no es irse de camping a un municipio a saborear parte de ese plato de lentejas que les provee la burocracia establecida por quienes dicen que combaten el clientelismo, mientras ellos hacen parte de su clientela; y mucho menos despotricar de aquellos que pensamos distinto, sólo porque les metieron el rayón, cual alianza politiquera, que deben creer el “enemigo de mi amigo, es amigo… y el amigo de mi enemigo, es mi enemigo” …vayan e infórmense de lo que significaron para los norteamericanos los talibanes, casi al final de la llamada guerra fría, y analicen sin mucho esfuerzo, lo que luego les pasó.

En mi época, que no dista tanto de la de ustedes, tal vez no había tanto internet como hoy, pero ante la falta de esa lluvia de desinformación que hoy a muchos moja, había mayor interés por descubrir y analizar la esencia de lo que hacía mover ese mundo, que para ustedes, jóvenes imberbes, pese a ser tal vez muy parecido al “ancho y ajeno de Ciro Alegría”, no sólo se circunscribe a aquel mundo de fantasía revolucionaria que así lo quieran vender en su discurso lastimero (con mucha sagacidad), aquellos que ven en el poder un fin para lograr beneficios personales con la justificación de propender por un bien común.

Jóvenes imberbes y ante la irrefutable realidad que algún día casi fui uno de ustedes: aprovechen las oportunidades y no sigan siendo los idiotas útiles de quienes manejan los hilos del poder a su antojo… se los digo con la tranquilidad que me da, el no haber abrazado a Teodora en mi juventud, así fuese en ese entonces, la enemiga de un enemigo, no solo mío, sino de un país que ha sucumbido más de una vez, a los vejámenes de los narcoterroristas y mucho más, ante ellos, que promulgando intereses progresistas, son iguales o peores de aquello que tanto critican.