Mientras lo público no nos interese, los «gallos» seguirán cantando.

Leía hace unas pocas horas una noticia económica bastante escandalosa: la corrupción le cuesta a la Unión Europea al menos 120 Billones de Euros al año, es decir, casi dos veces el presupuesto general que tenemos en Colombia para la vigencia 2014 (el cuál ronda con tasas de cambio a hoy los 72 Billones de Euros).

La cuestión es que según el informe, la comisionada de la Unión Europea Cecilia Malsmtrom, manifiesta su preocupación al ver que la corrupción está de cierta manera tomando aire, afectando la confianza en los gobiernos y generando a su vez una erosión en las democracias.

Estos fenómenos son de cierta manera conocidos por todos, o al menos así lo demuestra los resultados de una encuesta realizada a ciudadanos comunitarios, en la cual resulta bastante preocupante la alta la percepción de como la corrupción les afecta su diario vivir.

Destaca el informe cosas que incluso podríamos decir que están siempre presentes en Colombia:

– Que la platica se va, en ocasiones a financiar partidos políticos (mermelada).

– Que los riesgos son mayores en los niveles local y regional (politiquería y clientelismo).

– Que gran parte de la misma se da en aquellos procesos de adquisición de bienes (carruseles).

…Pero si por allá llueve, por acá no escampa!

Casi paralelamente a la noticia de la corrupción rampante y bastante onerosa en la Unión Europea, leía con detenimiento en la prensa local de Medellín, las declaraciones de nuestro Alcalde Ánibal Gaviria, en relación con un exfuncionario que todo parece indicar estaba haciendo negocios bien sabrosos, aprovechando su cargo como Secretario de Obras Públicas de Medellín: presionando la compra de lotes sobrevalorados que no se necesitaban, con un agravante adicional: tratando al parecer de enjuagar antecedentes de la dudosa procedencia de algunos de ellos.

Que tristeza me dá ver que los fenómenos de corrupción en nuestro país se han vuelto parte de ese paisaje macondiano ante el cual la mayoría se han acostumbrado (creo que ya todos saben conjugar mermeladear, sin ningún tipo de desparpajo), donde a la gente le importa cinco saber y repetir que en el sector público muchos de los que están, lo hacen por sacar beneficios personales, sin considerar que gran parte de la corrupción surge por iniciativas de muchos empresarios privados quienes quieren sacar ventaja de la falta de ética y la ambición propia aquellos que llegan a la vida pública de carambola o porque nunca tuvieron las capacidades y las competencias para conseguirse un puesto por cuenta propia en una empresa privada.

Ahora bien, apuesto que «ah garrote» le van a empezar a dar al Alcalde Aníbal, empezando por el ex, quien tildó como buen periodista esta situación como el «Gallogate». pero vale la pena preguntar ¿acaso aquel destituido e inhabilitado personaje actuó de manera similar cuando siendo funcionario muchos escándalos se dieron?;¿hablará acaso con la misma vehemencia del «MaoGate», del «HoracioGate» o del «FreddyGate»?

La verdad sea dicha, aquí y en cafarnaúm los nombramientos de la mayoría de los gabinetes locales y regionales tienen todo menos de técnicos, por más que muchos de aquellos neopolitiqueros quienes se creen dueños exclusivos de la moral y la ética rasguen sus vestiduras al decir que son además de ególatras: meritócratas.

Mientras esto no cambie y las motivaciones para ejercer un cargo público no sean las de anteponer los intereses generales a las vanidades particulares, la mermelada y la corruptela serguirán presentes en nuestra patria.

Para finalizar una frase de la Sra. Malmstrom: «El precio de no actuar es bastante alto» y si no les parece, preguntémosle a los indicadores que en materia de desarrollo humano presenta nuestro país por cuenta de aquellos «Gallos» que han cantado, cantan y seguirán cantando, todo gracias a nuestra irresponsable manera de asumir nuestros deberes como ciudadanos.

Espíritu olímpico

Esta semana desde la sede del Comité Olímpico Internacional COI, en Laussane Suiza,  fue confirmada nuestra ciudad como candidata finalista para acoger en el año 2018 los Juegos Olímpicos Juveniles o YOG2018 por las siglas en inglés de Youth Olimpic Games 2018 (junto con Buenos Aires y Glasgow). Confieso que tal noticia me llenó de alegría por todo aquello bueno que significa no solamente para Medellín y Antioquia,  sino para el país en general.

Desde ya podemos decir que somos ganadores y que quede claro, no es para imprimir en el ambiente uno de esos aires colombianos lastimeros de antaño, que consistían (o consisten) en subestimarse o entrar perdiendo antes de competir, no!… por el contrario, digo esto,  e independientemente a lo que se decida el próximo cuatro de Julio, para agradecer que la evolución que ha tenido nuestro país en términos generales, es reconocida a nivel mundial, y que ello de paso, promueve cambios reales en el subconsciente colectivo foráneo,  quienes hoy en su mayoría y de manera lamentable tienen como imagen de nuestro país, una que se sincroniza a la perfección con aquellos argumentos facilistas de miniserie nacional.  Es claro que esta nominación, que sigue vigente,  va por el camino de exaltar todos aquellos valores que han hecho que este país se sobreponga a las adversidades, demostrando que tenemos un corazón grande que  late con fuerza y optimismo,  gracias ello a la firmeza de los dos Gobiernos nacionales, que precedieron la tibieza del actual.

Es importante tener en cuenta, que los YOG son relativamente nuevos (los primeros  se realizaron en 2010 y tuvieron como sede Singapur),  y están dirigidos especialmente para aquellas ciudades que por cuestiones diversas (más que todo de tipo presupuestal),  no pueden proponerse aún como candidatas a aquellos de Verano o que, como la nuestra, quieren ir paso a paso en la consecusión de eventos de clase internacional realmente importantes y que de paso propendan por visualizar ante la comunidad internacional, un país que seguro puede ser la respuesta a muchas preguntas positivas.

Ahora bien,  ¿Qué cosas buenas puede traer para la ciudad?

En principio ya hemos visto el impacto positivo que tienen este tipo eventos, un ejemplo los ODESUR de 2010, los cuales además de Medellín tuvieron como sub-sedes otros municipios de Antioquia (con el propósito de generar cambios en esa relación centro-periferia), lo cuales realizaron, con el apoyo de Indeportes Antioquia y el Gobierno Nacional, inversiones en aquellas infraestructuras deportivas que permitieron albergar a las disciplinas que allí se realizaron. De entrada ya estamos ganando quienes creemos que las inversiones en el deporte son prioritarias para lograr que el crecimiento económico genere desarrollo, ya que Medellín desde 2012 le apostó a la construcción de un Velódromo de clase mundial, una pista de BMX con mejores especificaciones y a la adecuación de otros escenarios, todo ello de conformidad a las condiciones exigidas por el COI.

Quienes hemos tenido la fortuna de conocer ciudades que han sido sedes de eventos de este tipo (y que no comemos cuento de lo que pontifican las “Divas de lo Público” como cuando nos quisieron hacer creer que traer a Madonna fue fundamental para los procesos de internacionalización de la ciudad), percibimos que la mejora en la infraestructura es real, en aquella relacionada con la recreación y el deporte, con la movilidad, además de la construcción de sedes y subsedes, de villas olímpicas que luego, y después del evento, pueden ser destinadas entre otras cosas, a albergar aquellos deportistas que provengan de las regiones y que hagan parte de una política pública que le apueste a la “formación de talentos regionales”, ser reacondicionadas como ciudadelas universitarias (cosa compleja por la mentalidad de algunos estudiantes) o aprovechadas como soluciones de vivienda. Es importante destacar que se mejora tanto el “Hardware”  como su “software” del territorio, ya que Antioquia será impregnada de todo lo bueno que se requiere para realizar un evento de estos: las personas se capacitarán y se prepararán para ello, y esa mejora de competencias a la larga queda en los individuos.

Además de lo anteriormente expuesto, para muchos Antioqueños será la única manera de tener un contacto real con el mundo exterior. Y como siempre, para empleados y empresarios de diversos sectores de la economía regional, será la posibilidad de mejorar sus ingresos. En esencia, crecimiento, con desarrollo.

La calidad de los visitantes será distinta a aquellos que ven a Medellín como Las Vegas latinoamericana, siendo personas con una disciplina, una mentalidad distinta y además jóvenes; jóvenes que en unos años podrán ser los deportistas de élite más reconocidos a nivel mundial, quienes recordarán la ciudad y sus gentes de la mejor manera, siendo de corazón y gracias a todo lo bueno que les ofrecimos, embajadores de nuestra tierra a largo plazo…a eso pónganle la firma!

Ahora bien, debemos todos estar contentos,  entusiastas y  muy positivos durante los próximos  cuatro meses y medio, pero también, y es menester de la Administración Municipal, no usar esto como una cortina de humo ante unas realidades que están carcomiendo poco a poco una sociedad que aguanta y mucho. Sea esta la oportunidad de plantear mejoras a la seguridad de Medellín, pero  que no sea con cuentos, sino con acciones. Que el Alcalde así como lo dijo en la muy Colombiana “celebración” de ayer, trascienda de verdad de lo político a lo ciudadano, donde de una vez por todas entienda que no se trata de ganarse uno o dos puntos, sino de gobernar para una Ciudad.

Tampoco se deben condicionar los programas que pretenden en los barrios de la ciudad generar de a una “Mariana por cuadra”,  a si se gana o no la sede. Además, con dicha restricción  estamos recibiendo el mismo mensaje condicionante del  típico politiquero: “yo le doy esto, si solo sí, pasa esto”; estas iniciativas no deben depender de nada, y en la forma no deben,  ser sólo una estrategia para “mostrar” o “demostrar”, ya que para formar un campeón se deben incluir intervenciones transversales que no sólo se limiten a lo deportivo, ya que, y así está demostrado,  detrás de cada deportista de excelencia hay una historia que involucra su entorno…es decir, ojalá, que nos llenemos desde ya y sin necesidad de tener la sede, de Rigobertos, Cochises, Katherines, Oquendos, Maria Luisas y Boteros, entre muchos otros.

Ojalá esto no se vuelva (poco probable que así no sea), en ese caballito de batalla de aquellos políticos que excluyen, pensando que eso que les han prestado, les pertenece: el poder. Aquí el poder, deberá ser el de hacer, el de mantener y potenciar lo bueno que se ha hecho, en seguir apoyando el deporte de Alta Competencia en todas sus disciplinas (que lamentablemente no va a apoyar el sector privado con el ahínco que se requiere, por mas que así que se desee), porque aquellos que queremos tener como campeones juveniles mañana, hoy se mueven ante la ilusión que les brindan aquellos ídolos, ídolos que en Colombia son objeto tanto de celebraciones, como de Olvido.

El deporte tiene el mágico poder de cohesionar sociedades, al unir por una misma causa  tanto a personas como a organizaciones…esperemos que esta oportunidad única se aproveche y promueva de manera óptima, trascendiendo más allá de los egos individualistas de aquellos que quieren seguirnos dividiendo, excluyendo y etiquetando,  simplemente y en la mayoría de los casos, por considerar distinto aquel color que llevas en tu corazón, que para todos es rojo.

Érase una vez un aumento de predial…

Hace unas cuántas semanas me había propuesto escribir acerca del aumento del predial en la ciudad de Medellín; la verdad no por apatía y mucho menos por desinterés me abstuve de hacerlo, ya que consideraba que había mucha ilustración de lado y lado: uno el de la Alcaldía en cabeza del Señor Alcalde, y otro bien variopinto donde además de incluirme, entran amas de casas consternadas, jubilados indignados, inversionistas aporreados, políticos sensatos y politiqueros oportunistas, entre otros.

En nuestra cultura arriera, aplica una frase que cae como anillo al dedo a la actual situación: “regalado es caro”. Dicha frase va muy de la mano a aquellos argumentos por parte del Gobierno y de incluso algunos académicos fletados con dineros públicos que han salido a opinar, para desvirtuar que sin importar lo que pase en realidad, que cualquier tipo de alza, por ínfima que sea, hubiese sido refutada al unísono por la gran mayoría,  y que una prueba de ello es que a quienes les bajaron su aporte, no salen a decir que por qué no les subieron!.

Además de dicha argumentación con la que se busca calar en el “ser paisa”, existen otras que quieren ser, y al mejor estilo de Poncio Pilatos,  una especie de “lavada de manos”, tal como aquella con la que le quieren achacar a Sergio y Alonso (con claros fines políticos):  “es que en siete años no hicieron ningún incremento”…donde la contra-argumentación de quienes defienden su causa es que “una buena administración de recursos públicos, no requiere aumentos impositivos”.

Otras voces manifiestan que los impuestos y la cultura de pago de impuestos es sinónimo de desarrollo y de cultura ciudadana, ahí podríamos quedarnos patinando ante modelos escandinavos de bienestar, donde uno podría afirmar, que la falta de cultura a favor de los impuestos, es por cuenta y gracia de que en Colombia se roban la platica. Sí señores, se roban la platica los corruptos por los que cada cuatro años votan y quienes, curiosamente ante esa “indignación ciudadana” siguen siendo los mismos o las mismas (directa o indirectamente), porque acá tienen amnesia o comen cuento de quien se ve bien en la foto o sencillamente endosan el activo más preciado de una democracia participativa, el voto,  por la ilusión de un favor clientelista.

Para mi la verdad el tema del aumento del Predial creo que está bien en cuanto a que se debe y tiene que hacer, pero aclarando que estoy en total desacuerdo en la forma, máxime cuando desde la alcaldía, esa misma que pretende un Hogar para la Vida, se utilizan sórdidos y equivocados argumentos para sostener algo, que ante la mirada silenciosa de los concejales que votaron a favor, el oportunismo de quienes se ausentaron y la valentía muda de quienes votaron en contra, se aprobó sin considerar que una ciudad es dinámica y que detrás de cada predio hay personas y familias.

Es lógico que con la transformación de ciudad y gracias además al Gobierno de la Seguridad Democrática, las propiedades en Medellín han tenido un incremento en su valor: lo que antes costaba un millón, ahora ruegue para que no pase de tres, pero vale preguntar ¿Qué tan real esa hiper-inflación inmobiliaria?, ¿Qué o quienes la ocasionan? ¿A quien favorece esa variación de precios de mercado?, ¿Quiénes invierten, lo hacen con qué propósito? …seguro si se abre un debate sobre este asunto, creo que sería objeto de más madera, que aquella que le di a la que se quería de “café”.

Ahora bien,  ¿qué cuestiono de la forma que tanto me tiene tan inconforme?

Que dicho aumento de cierta manera se realizó como siempre se realiza, sin hacer un esfuerzo mayor al simplemente categorizar sectores de la ciudad y aplicar un porcentaje de acuerdo a unos supuestos, los cuales no consideran variables distintas a la aparente capacidad o incapacidad de pago, de quienes viven ahí.

Por otra parte (y eso lo pudo haber hecho el concejo mismo), se pudo propender por un ajuste realmente innovador, al considerar entre otras cosas: si el predio es utilizado para vivienda por su propietario o si por el contrario tiene este fines de renta, ya que no es lo mismo una propiedad que significa para quienes habitan en ella, más que una manera de invertir en algo “fijo”, un sueño: aquel de ser propietarios, donde muchos de ellos no pueden liquidar su inversión (o deuda) en el corto plazo para obtener los supuestos beneficios una valorización comercial. ¿Queremos o no una ciudad de propietarios?.

En relación con la competitividad de la Ciudad “que el Intergremial manifestó que la afecta negativamente”. Es cierto, pero hay que tener en cuenta que este no es el único factor que define si una ciudad es o no competitiva (seguridad, infraestructura, nivel de educación, servicios públicos, etc). Ahora bien, digamos que en el ámbito empresarial una unidad productiva fue afectada en una cifra tal, que significa eventualmente disminuir su rentabilidad; ello puede afectar entre otras, el consumo por parte del propietario o la capacidad de inversión, y conociendo un poco más la mentalidad de muchos de nuestros empresarios (por fortuna no todos), puede significar promover la informalidad a la hora de contratar: ellos no creo que vayan a dejar que el impuesto les afecte sus excedentes.

Preocupa que una de las banderas para tocar las fibras de los contribuyentes, sea que con este aumento se van a pagar esas obras que tanto necesitamos, las cuales hoy en día sólo son proyectos, pero, y cuestionando un poco a un Editorialista de un periódico de la Ciudad: (que creo debe estresarse poco por el sobregiro y muchísimo menos al considerar toda esa pauta que le dan desde la Alcaldía) ¿En términos porcentuales que tanto aporta ese aumento en la valorización, sobre el valor total de las obras?, ¿Acaso este recaudo es de destinación específica?. La verdad, para claridad de todos,  no depende de este aumento la realización o no de las obras y creo, que con otros recaudos que han surgido en años anteriores (fotomultas), y racionalizando los gastos, se pueden tapar esos huecos presupuestales que ha creado esta administración.

Para finalizar me preocupa mucho que este papayazo (por la forma más que por el fondo) que dio el Alcalde Gaviria, sea ahora el caballito de batalla de politiqueros de toda clase de pelambre. Desde aquellos que sienten que les dieron en la cabeza, pasando por expertos que interpretan la norma para su conveniencia en medios masivos, hasta aquellos que con una sonrisa tan cálida como la tibieza de sus posiciones políticas, quieren pescar en río revuelto, en detrimento de una ciudad que requiere cohesión alrededor de un objetivo común (así nos guste o no el eslogan), ser en realidad un hogar para la vida.

Alcalde, trate de ver esta situación como una gran oportunidad, para usted, tanto para cada uno de quienes somos, así a veces no estemos de acuerdo, afectados positiva o negativamente por su Gobierno.