Para bajar la calentura… salgamos del sofá

Hace un par de meses supe por parte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, AMVA, sobre la restricción del llamado parrillero, con el fin de mejorar uno de los más grandes problemas que tiene Medellín y sus alrededores hoy: la inseguridad.

En dicha oportunidad, manifesté a través de mis trinos (que para algunos funcionarios y periodistas fletados son innovadoramente destemplados) mi posición al respecto, ya que el gerente del AMVA pidió a sus followers que lo hiciéramos (mejor uso dicho anglicismo, ya que “seguidores” sería matricularme tácitamente en el Coraje).

Mi posición de ese entonces, negativa hacia dicha arbitrariedad, se centraba en que con la misma se iban a afectar aquellos ciudadanos que por necesidad se transportan en una motocicleta, generando para ellos sobrecostos, y lo más grave, estigmatizando a muchas personas de bien, como si fueran un subgrupo de hampones, gatilleros y fleteros, a quienes con la implementación de dicha medida querían limitar en su accionar.

Como pasa siempre, se reunieron los alcaldes del AMVA (donde la gran mayoría son políticos y no gerentes) y de manera “unánime” aprobaron esa medida arbitraria, la cual de paso se iba a consolidar como un paliativo y distractor de una realidad que para nuestro querido alcalde, el de Medellín, no existe: una rampante inseguridad.

Al cabo de los días, con bombos y platillos propios de aquellos que están acostumbrados al juego político de las fiestas, sancochos, rifas y clientela, presentaron a principios de enero de este año, los “grandiosos” resultados al haber implementado tal medida, donde el gerente del AMVA decía lo que el pueblo quería escuchar: “mejoró ostensiblemente la seguridad”, eso sí, sin argumentos sólidos desde el punto de vista técnico, además ofreciendo como una ñapa la afirmación que “había sido un gran aporte para la movilidad” y ponían como ejemplo el éxito en uno de los 10 municipios que conforman el AMVA: Barbosa, donde sólo se concentra menos del 5% de la población total del Área Metropolitana. Válgame Dios, unas frases y unas afirmaciones dirigidas y de paso asentidas por aquellas personas, que, o están comiendo de la administración su ración de lentejas o “tragan entero”, tanto como la mayoría de aquellos que votan por internet por cuanto concurso “chimbo” se inventan.

El caso es que hoy deciden, por unanimidad, extender por seis meses más la medida, ampliándola además en dos horas, argumentando cosas que no se soportan en datos ciertos, sólo considerando que la medida se aplicó en una época donde las circunstancias no son las que se promedian en un año.

Sigo pensando que es una medida arbitraria y mediocre, que a su paso estigmatiza a muchas personas que usan su moto por necesidad, atribuyéndose de paso el AMVA competencias (en Medellín) de una secretaría de Gobierno acéfala e inoperante. Igual, para nadie es un misterio que los delincuentes, a la hora de hacer sus fechorías, no respetan las normas (y de eso hay muchas fotos).

Me preocupa que en lugar de hacer de Medellín y el AMVA un hogar para la vida, estemos aprovechando el terror generalizado que sienten (sentimos) algunos ciudadanos por aquellos “Byrons en Calimatic”, etiquetando desde lo más alto de los gobiernos locales y sin lugar a defensa, como delincuentes y temerarios a motociclistas (por necesidad y no por placer) con sus acompañantes.

Ojalá en estos seis meses se implementaran acciones y programas para aquello que realmente puede mejorar la rampante inseguridad, los tacos inmarcesibles y el transporte público…. pero la verdad, con tanta mediocridad y facilismo, no creo.

Para finalizar: dice el secretario de Movilidad que estudian la posibilidad de establecer sobre la actual malla vial, carriles exclusivos para el servicio público en Medellín… ¡qué adefesio!; sin un SIT y sin ampliar las rutas de Metroplús, hacerle el favor a los buseros del AMVA (sí, aquellos mismos que prestan los buses en elecciones y financian campañas), para que luego, cuando se quiera recoger la piola y sacar con el innovador pero poco expandido Metroplús a los destartalados buses, de transportadores, los mismos tengan una mejor posición negociadora, claramente fortalecida por el facilismo de una administración que prefiere, como dice el dicho “vender el sofá para solucionar la calentura”.

Espacio público… más allá de lo estético

Una de las grandes herencias que dejó aquella Medellín que zozobraba con amor ante los pies de un discurso prometedor (además de los crecientes problemas de seguridad), fue la incubación de un problema de marca mayor para una ciudad que hoy se denomina innovadora por un premio en internet: la proliferación de las llamadas ventas ambulantes e informales en el espacio público.

Y para algunos este problema tipo «ya es parte del paisaje», es la simple y llana expresión de una realidad: crecimiento de la oferta del mercado de mano de obra no calificada, combinada con una baja demanda de la misma y las ansias de industrias ilegales de generar mayores rendimientos, aprovechando el poco remordimiento de aquellos ciudadanos a quienes les importa cinco comprar la dignidad de un mendigo, mercancía de contrabando, entretenimiento pirata y en algunos casos mercancías chiviadas o en ocasiones, producto de asaltos a empresas legalmente constituidas.

Lo grave de esto, adicional a la naturaleza misma de muchas de esas mercancías, es lo que se mueve alrededor de las mismas y cómo se afectan otras prioridades de los ciudadanos y de algunos administradores públicos, como la movilidad, la seguridad y el desarrollo social.

En la mayoría de los casos, este llamado por muchos, «fenómeno», promueve casos aberrantes de explotación humana (para la mayoría de los ciudadanos imperceptible), que incluye esclavitud, constreñimiento electoral, extorsiones sistemáticas y cobros de vacunas sobre los producidos diarios por un permiso que el «bacán» del sector cobra por permitir a un fulano, pedir plata o vender cosas.

Pregunto si realmente existe el llamado y muy trillado término «voluntad política» (propio de algunos corporados al momento de sugerir al gobernante de turno la asignación de alguna buena porción de burocracia o en su defecto un contratico), para afrontar el problema con la mano dura que requiere, sin titubeos asistencialistas, pero con un corazón grande que bombeé oportunidades para aquellos que quisieran ser más que un dato estadístico, una realidad: ciudadanos con un empleo digno y alejados de las mafias que se adueñaron hace rato de una sociedad, permisiva, de migajas e indolente.

Este problema no sólo es una especie de indicador cualitativo de la manera como una ciudad, que es sin lugar a dudas ejemplo de aguante y progreso, se descuida poco a poco, adquiriendo aquellos vicios propios de ciudades grandes, donde claramente se percibe la falta de control y gestión por parte del Estado, representado lamentablemente por intereses políticos, a los cuales les interesa más hacerse pasito y quedar bien que estructurar planes de choque, poniendo orden, con políticas no asistencialistas y de corte transversal, que si bien pueden ser un poco duras en principio, aseguran que un problema mucho más que estético, no termine siendo el detonante de uno de marca mayor.

Ojalá trascendamos de esa Medellín de mostrar a ilustres visitantes que disfrutan tanto de rutas innovadoras y bibliotecas dignas incrustadas en extramuros como de cuentos bien echados, y que de verdad podamos chicanear (si es que así lo queremos) con un verdadero hogar para la vida, que hoy en día es incomprensible al tener familias (realmente innovadoras) que sobreviven a veces con menos de un dólar al día y que además tienen que guardarse en sus casas apenas se va el sol, el sol que a todos en Medellín, nos alumbra por igual.

PS. Para no ser injusto, aplaudo que en la anterior administración se haya trabajado de la mano de EEPPM, en aquellos planes «retorno». El problema es que hoy en día, con la seguridad en el Departamento, afectada por esa arrogancia que degenera en falta de control (microtráfico), prevención (Murindó, un pequeño ejemplo) y contundencia (¿tregua decembrina?) esos planes retorno bien complicados creo que sí que lo están.

Madonna o la pseudointernacionalización de Medellín

Nota Introductoria:

Esta entrada considera mi posición respecto a una mención que hicieron el pasado domingo en El Colombiano, la cual expresé al Director de dicha columna de opinión: Luis Fernando Ospina, a través de un correo electrónico enviado el día de ayer.

Asunto: saludo y precisiones.

Apreciado Luis Fernando, ante todo recibe de mi parte un cordial saludo.

Por medio del presente correo, gracias a que Germán me dio tu dirección electrónica y en relación con la reseña que de mí hiciste el día de ayer en tu columna de opinión DBF, quería hacerte una serie de precisiones, ya que veo que tal vez no sabes realmente cuál es mi posición, adicionalmente a que no te veo en mi grupo de followers de Twitter (@maxivale) y que, por el contenido de tus columnas previas en las cuales tocaste el tema de MDNA en Medellín, percibo cierto sesgo a favor de quienes supuestamente lideran los procesos de «internacionalización» de Medellín.

En primer lugar quiero reiterar, como lo he manifestado en múltiples oportunidades (incluso a través de la red social Twitter), que aplaudo el hecho de que una artista como Madonna haya podido venir a Medellín, ciudad que se ofreció ante la negativa de que en Bogotá prestaran a Ocesa el estadio.

Ahora bien, me gustaría preguntar ¿era necesario que la máxima autoridad del municipio se pusiera en función de dicho evento? (no conozco una ciudad en el mundo civilizado donde pase eso). Eso es lo que he cuestionado desde un principio, ya que para mí, el evento, mucho más allá del posicionamiento que quisieron imprimirle de «evento de ciudad» (como sí lo puede ser la Feria de las Flores) era de una empresa privada, Ocesa, y el alcalde no debería prestarse como promotor de eventos, al punto de ponerlo como prioridad, descuidando situaciones y responsabilidades que sin lugar a dudas, para cualquier ciudadano consciente de su ciudad, revestían y revisten mayor importancia: seguridad, movilidad, educación etc.

Es cierto que el evento movió la «caja» de algunos en la ciudad (y por supuesto de la empresa Ocesa Colombia, al tener ingresos históricos, no solo por la boletería, sino además por el patrocinio de privados y públicos), como acostumbran poner en las notas de ustedes cuando hacen referencia a los eventos que se realizan en Medellín, pero ¿acaso se generó un desarrollo económico real y sostenible? La respuesta es sencilla: NO. Y este NO simple y llanamente porque no quedó una capacidad instalada (incluye talento), ni obras para el beneficio y disfrute en el mediano y largo plazo para la comunidad (como sí la hubo, por sólo dar un ejemplo, en la asamblea del BID donde además de empréstitos asignados para promover el desarrollo del departamento, quedó entre otras cosas, la iluminación de la variante al aeropuerto).

Si bien es cierto que muchas personas fueron beneficiadas (del sector de la hotelería más que todo) e incluso de aquellas que por medio de economías informales obtienen sus ingresos (los que venden impermeables, comidas rápidas, y la «media de guaro»), no podemos decir que en la ciudad se haya generado un mejoramiento ostensible de aquellos indicadores que miden el desarrollo de un territorio y mucho menos que se vayan a afectar por ello. (Esto es teoría del desarrollo económico de coquito).

Traer a Madonna, a mí parecer, y al parecer de la gente sensata, no puede catalogarse como un hito que parta la historia de una ciudad en dos (a no ser que estemos en una orilla de promoción de las por mí llamadas «divas de lo público» y que ahora, el hacer conciertos, sea la prioridad).

Creo que el desgaste de lo público (que al privado OCESA le importa cinco que tomen el espectáculo como propio, porque ya obtuvo sus rendimientos vía patrocinios), no es sensato en una ciudad donde el alcalde no ha estado dándole la cara a los graves problemas que la afectan y que tiene situaciones aberrantes cuyos costos que superan con creces los famosos $3.000 millones por impuestos (que igual, son mínimos si contabilizamos el costo de todas las actividades de promoción, patrocinios, «engrase» en medios, etc y que se financiaron con recursos públicos). Y de lo otro que menciono ¿costos en seguridad, costos en movilidad? (cuantifiquen ambientalmente y en términos económicos por el tiempo perdido, lo que puede valer una hora de un taco en esta ciudad… con eso se pagan los impuestos de la traída de Madonna en un momentico).

La internacionalización de la ciudad no puede confundirse con traer artistas o espectáculos, porque la gente del exterior no va a invertir más (exceptuando Ocesa o cualquier otro privado que los traiga). Eso sí, el nivel de internacionalización de una ciudad en el mundo del espectáculo, es cuantificable según la cantidad de artistas que sentirían orgullo por venir acá y no al contrario. Por eso he dicho y critico a quienes bajo el interés de promover el turismo, quieren que el destino Medellín sea convertirla en una especie de Las Vegas latinoamericana (que es mamey y además facilista), una ciudad del pecado donde: casinos, discotecas y hoteles que permiten el ejercicio de la prostitución, fachada 5 estrellas, «centros de acopio de las llamadas prepagos»).

La internacionalización de una ciudad, es compleja y requiere generar atractivos a mediano y largo plazo, de tal manera que los inversionistas que apoyen el desarrollo de largo plazo vengan, porque acá están las mejores condiciones de mercado para hacerlo, porque hay seguridad, porque hay capacidades instaladas, porque hay talento, porque más allá de incentivos tributarios y bajos salarios, hay un retorno y una diferenciación que hace que no duden en hacerlo.

Yo sí he sido crítico del tema de Madonna, y con argumentos… y que quede claro, sin intereses partidistas y mucho menos políticos.

No estoy de acuerdo con que después del concierto, ahora les dé por sacar videos de promoción de ciudad (con recursos públicos) con funcionarios públicos como protagonistas, alardeando de algo, que sólo quienes no conocen el mundo hacen (pese a que pueden haber paseado por él, con recursos públicos).

Tengo mil y un argumentos para sustentar mis posiciones en relación con temas públicos, que cuando quieras (y yo invito al café) los podemos discutir.

Para finalizar quedo atento a tu respuesta y para atender cualquier inquietud adicional, porque yo, distinto a muchos funcionarios públicos, siempre doy la cara.

😉

Saludos deseando para vos y los tuyos unas felices festividades.

Atentamente,

Maximiliano V.

PD. Este mail, lo puedes compartir con quien desees, eso sí, agradecería me incluyeras, por decencia, en la copia.

Leaving Las Vegas, vámonos pa´ Medellín

Veo por enésima vez una película que para mí es excepcional, en la cual Nicholas Cage hace un papel impecable que le hizo merecedor de un premio Oscar. En dicha cinta es una persona que lo pierde todo por cuenta del alcoholismo y de un abandono. Al tener en su vida esos tragos de más, decide irse a Las Vegas a matarse con el alcohol (como lo expone el juglar vallenato Alfredo Gutiérrez en El Solitario).

Tuve la oportunidad de conocer Las Vegas y déjenme decirles que es una ciudad que ha aprovechado su bien ganado nombre de “La ciudad del pecado” (slogan que quieren cambiar por: “Lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas”), donde no solamente hay disponibilidad de rumba, casinos y bebidas 7×24, sino que además es un lugar donde hay entretenimiento de todo tipo y además su infraestructura hotelera es aprovechada para la realización de distintos eventos corporativos de diversa índole (para los amantes del ciclismo, tenemos el interbike).

Ahora bien, y en aras de desarrollar el título de la presente publicación, hace un par de años y tal vez no de la mejor manera por la forma directa en que lo dije, expresé en un comité turístico de alto turmequé (donde estábamos hablando del tema de promoción de ciudad), una preocupación que a mi parecer podía de pronto ser controvertida por aquel interés “interinstitucional” de tener: una ciudad cada vez más internacional, con cifras del sector turismo crecientes y con ese aporte a la economía que tanto “bien” le hace a una región o a una ciudad de un país que como Colombia, tiene cifradas las esperanzas en migrar de una economía basada en sectores primarios, a una de servicios y de productos industriales con alto valor agregado.

Dicha preocupación se las resumo trayendo a colación aquello que expuse en medio de un grupo selecto de profesionales del sector (competentes en su mayoría), muy de la línea de ejercer su rol en lo que se llama ser políticamente correctos y después de una especie de comité de aplausos donde presentaron una serie de indicadores, todos ellos al parecer muy positivos, así: “es que es mamey lograr incrementos de todos los indicadores de turismo de Medellín, si simplemente la seguimos convirtiendo en una especie de Las Vegas latinoamericana… vean por Dios la propuesta de valor que no tan tácitamente estamos ofreciendo a los visitantes: rumba, niñas lindas, casinos… etc.”.

Después de expuesta esta preocupación sin “vaselina” como se dice muy directa y coloquialmente, recuerdo la perplejidad de más de una de las asistentes, quienes me vieron como un hereje. Sus respuestas fueron desde un “noooo, cómo dice eso “doctor” Maximiliano” (con persignada incluída), pasando por un muy mal estado del arte, “está usted muy equivocado. Acá los extranjeros vienen en su mayoría a visitar el Museo de Antioquia, a montar en metrocable y a visitar los parques bibliotecas”, y finalizando con un dolido “doctor” Maximiliano, usted cómo se atreve a decir eso, si acá somos el centro de eventos empresariales, atendemos visitantes internacionales de bien”.

Ante aquellas respuestas, expuse cada una de esas percepciones que, a mi parecer, sustentaban la preocupación que sobre el tapete, había puesto…

A mí, quienes digan que a la Feria de las Flores, todos los visitantes extranjeros vienen a visitar a sus nuevas familias, a tomar claro y a disfrutar sanamente de las tradiciones que se soportan en lo que conocemos como “cultura paisa”, me están hablando carreta: acá se viene es a beber, a parrandear y a prepaguear (ahora un término tan de moda por la Cumbre de las Américas).

A mí quienes me digan que es imposible (y de paso una calumnia de mi parte), que los hoteleros o sus empleados, referencien en el lobby niñas de la vida alegre, porque “están totalmente comprometidos en combatir la prostitución en sus premisas”, me están cañando.

A mí, quienes me manifiesten que la totalidad de los casinos que durante los últimos años (donde incluso en un sector de la ciudad, en menos de 5 cuadras se cuentan varios), son lugares de “sano esparcimiento”, que no hay en ellos intereses ocultos relacionados con mafias, que son todos de empresarios de la mejor reputación y que de paso aportan a la consolidación de una ciudad que se transforma, tanto como los pobres bigotes del gato de Botero, mienten.

A mí, quienes me digan que en los grandes eventos, ferias o exposiciones sectoriales, empresariales o gremiales, todos los visitantes vienen con la señora porque desde su ciudad de origen les vendieron la idea de que acá no hay con qué hacer un caldo, y que Medellín es una ciudad para disfrutar con la pareja (oficial), son como el hijo de Gepetto.

A mí, quienes me aseguren que es complicadísimo en pleno Poblado (sí, ahí antecitos del semáforo del parque o en las afueras de los hostales), surtirse de cualquier tipo de sustancia psicotrópica… creo que deberían darme la razón que realmente es mucho más complicado conseguir un exquisito sánduche de La París después de las 12.

Y para finalizar, como muchas de las cosas que hacemos en este país, es no copiar lo positivo de afuera… acá no tenemos una red de espectáculos y de atracciones, que pueda disuadir, disimular e incluso competir un poco frente a aquella “pecaminosa” oferta basada en parranda como efectivamente sí existe en Las Vegas: conciertos permanentes, el Circo del Sol, parques temáticos, articulación con ofertas turísticas en la periferia, tales como visitar el Gran Cañon, o algunas otras con deportes extremos: paracaidismo, senderos de bicicletas de montaña… ofertas que realmente compiten de tú a tú con el tarjetero de niñas que le ofrecen a los transeúntes de Las Vegas Strip, con las máquinas tragamonedas y con la ingesta de alcohol.

Acá creo yo que estamos en la época inicial de Las Vegas, donde se cuenta con el Gangster Bugsy Siegel, anecdóticamente como uno de los promotores de su “desarrollo inicial”. Además es preciso traer a colación que alrededor de todas esas actividades “lícitas” de apuestas y hostelería, se llegaron a presentar cantantes de la talla de Frank Sinatra, Elvis, Tom Jones, sin importar el hueco donde lo hicieran (muy similar a lo que ahora se vive en Medellín y sus alrededores donde vallenateros o reggaetoneros del más alto nivel que cobran sumas astronómicas, se presentan sin importarles si su “show” es en una casa finca o en una caballeriza en Medellín, o tal vez por los lados de Sabaneta, Caldas, Barbosa, Girardota o Copacabana).

La verdad me preocupa que el supuesto éxito en turismo de ciudad a veces sólo se centre para algunos entes gubernamentales en el cumplimiento de unos indicadores: cantidad de visitantes extranjeros y cantidad de eventos que se realizaron, ah, con su incremento en relación con el mismo dato el año anterior.

Pero más indignante aún es que muchos empresarios del sector (contando por fortuna con algunas valiosas excepciones), sólo les importe mantener sus niveles de ocupación así sea con extranjeros desocupados (perniciosos), sus ingresos medios por PAX, ofreciendo o promoviendo solapadamente toda clase de servicios para mantener a gusto a los invitados.

Acá la mentalidad cortoplacista, la falta de políticas coherentes que articulen los distintos actores, el control de actividades, el ser capaces de darnos la pela que sea necesaria darnos, impide que podamos promover una ciudad, un Área Metropolitana y un departamento (que tiene altos riesgos relacionados con actividades de parahotelería, informalidad laboral y turismo sexual incluyendo infantes), un verdadero turismo de clase mundial, que atraiga a propios y extraños por todos aquellos atributos positivos que tenemos, y no por ser, de manera tácita, esa especie de Las Vegas latinoamericana, donde el pecado será seguir cediendo terreno, ante una cultura mafiosa que hace rato nos cogió ventaja.