Cuando la seguridad sólo es cuestión de imagen

Cuando pienso en la visita a Medellín de nuestro presidente Santos, para participar en un consejo de seguridad en plena comuna 13, recuerdo el dicho popular de antaño: “Tan aficionado a los toros, que no se pierde ni la corrida de un catre”.

Hoy aplica íntegramente ese dicho a un gobernante tan pantallero como incompetente, que quiere a toda costa figurar en aquellos asuntos que preocupan a un país que como va, va muy mal, y por supuesto a una ciudad, que como parte del mismo va en la misma dirección.

Para nadie es un secreto que estamos en una situación de inseguridad que, sin ser de nuestro directo resorte como ciudadanos, al no poder ocuparnos en ella, nos preocupa.

Es la inseguridad una realidad rampante que tenemos en una ciudad que parece, y por cuenta de la magia de internet, será proclamada la ciudad más innovadora del mundo, y por tal razón, merecedora de cuanto despliegue en medios pueda y alcance, por cuenta del presupuesto público establecido para tal fin.

Ahora bien, qué carajos viene a hacer un presidente cuyas acciones más valerosas, entre otras, han sido presidir con cachaco rigor aquellos ágapes en Cartagena, participar en los encuentros “al alba” con sus nuevos mejores amigos, patrocinar el silencio aquel con el que Interbolsa “puso” ministro de Hacienda, instar a los pescadores de Nicaragua a no pedir permiso (porque a él los de San Andrés le dejaron de importar con el fallo) y comunicar que somos el país más alegre del mundo (afirmación tan cierta como que nuestro himno patrio es el segundo más bello del mundo después de la Marsellesa).

En ese circo mediático estarán presentes, además de los comandantes del ejército y la policía, nuestro alcalde, que seguro sacará a relucir mañana la estampita que Hillary le mandó con el hijo de Madonna, y por supuesto el vicealcalde general de Medellín, sí señores, nuestro gobernador, que se jactará de tener la pócima secreta para solucionar los problemas de la comuna 13, pócima que curiosamente no permitió a su sucesor en la alcaldía impedir entre otras cosas, el cobro del peaje de aquellas escaleras eléctricas que tanto nos hacen sentir innovadoramente orgullosos.

Seguro que en el desarrollo de tan importante y ya poco común evento (otrora permanente en tiempos de la seguridad democrática), un presidente desvencijado en popularidad además de lograr ese tan necesitado “visaje» en medios, gagueará unas cuantas felicitaciones acompasadas de uno que otro chiste malo (tal vez con mayor fluidez que la de deletrear “contraalmirante”) para hacer el clásico y estrepitoso anuncio: ¡reforzaremos el pie de fuerza!

Tal anuncio se traduce en que vendrán más policías a la ciudad (500 como mínimo), los cuales, es importante tener en cuenta, ya tienen listo su tiquete de regreso para dentro de una semana y antes de su arribo. O si se quedan más de los siete días inicialmente presupuestados, seguro serán permeados por quienes ya están acostumbrados a relacionarse de tú a tú con los dueños del parche.

Como complemento dirán que han capturado uno que otro lavaperro, haciéndole de paso el favor a las organizaciones criminales al poner nuevos objetivos “más importantes”, mientras los verdaderos “más importantes” siguen bien, acompañados y relajados cual protagonista de video de reguetón.

Preocupa que por más que venga un presidente, las soluciones reales para un problema de marca mayor no hagan parte del quehacer diario de sus responsables. Ofusca que por pensar en romper récords de taquilla para revistas especializadas, nos hagamos los de la vista gorda para romper las barreras invisibles que tienen nuestros barrios. Desconcierta cómo hemos dejado coger ventaja a los microterroristas que están macroaterrorizando a toda una ciudad. Desilusiona que nos interese más aparentar con premios que pueden conseguirse por internet, que darle dignidad a quienes ven en su trabajo honesto su mayor aliciente. Asusta que en este rifirrafe entre politiqueros (ahora algunos expertos en seguridad social más que todo), desconozcan que la seguridad además de generar confianza, es la base de la democracia.

Para bajar la calentura… salgamos del sofá

Hace un par de meses supe por parte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, AMVA, sobre la restricción del llamado parrillero, con el fin de mejorar uno de los más grandes problemas que tiene Medellín y sus alrededores hoy: la inseguridad.

En dicha oportunidad, manifesté a través de mis trinos (que para algunos funcionarios y periodistas fletados son innovadoramente destemplados) mi posición al respecto, ya que el gerente del AMVA pidió a sus followers que lo hiciéramos (mejor uso dicho anglicismo, ya que “seguidores” sería matricularme tácitamente en el Coraje).

Mi posición de ese entonces, negativa hacia dicha arbitrariedad, se centraba en que con la misma se iban a afectar aquellos ciudadanos que por necesidad se transportan en una motocicleta, generando para ellos sobrecostos, y lo más grave, estigmatizando a muchas personas de bien, como si fueran un subgrupo de hampones, gatilleros y fleteros, a quienes con la implementación de dicha medida querían limitar en su accionar.

Como pasa siempre, se reunieron los alcaldes del AMVA (donde la gran mayoría son políticos y no gerentes) y de manera “unánime” aprobaron esa medida arbitraria, la cual de paso se iba a consolidar como un paliativo y distractor de una realidad que para nuestro querido alcalde, el de Medellín, no existe: una rampante inseguridad.

Al cabo de los días, con bombos y platillos propios de aquellos que están acostumbrados al juego político de las fiestas, sancochos, rifas y clientela, presentaron a principios de enero de este año, los “grandiosos” resultados al haber implementado tal medida, donde el gerente del AMVA decía lo que el pueblo quería escuchar: “mejoró ostensiblemente la seguridad”, eso sí, sin argumentos sólidos desde el punto de vista técnico, además ofreciendo como una ñapa la afirmación que “había sido un gran aporte para la movilidad” y ponían como ejemplo el éxito en uno de los 10 municipios que conforman el AMVA: Barbosa, donde sólo se concentra menos del 5% de la población total del Área Metropolitana. Válgame Dios, unas frases y unas afirmaciones dirigidas y de paso asentidas por aquellas personas, que, o están comiendo de la administración su ración de lentejas o “tragan entero”, tanto como la mayoría de aquellos que votan por internet por cuanto concurso “chimbo” se inventan.

El caso es que hoy deciden, por unanimidad, extender por seis meses más la medida, ampliándola además en dos horas, argumentando cosas que no se soportan en datos ciertos, sólo considerando que la medida se aplicó en una época donde las circunstancias no son las que se promedian en un año.

Sigo pensando que es una medida arbitraria y mediocre, que a su paso estigmatiza a muchas personas que usan su moto por necesidad, atribuyéndose de paso el AMVA competencias (en Medellín) de una secretaría de Gobierno acéfala e inoperante. Igual, para nadie es un misterio que los delincuentes, a la hora de hacer sus fechorías, no respetan las normas (y de eso hay muchas fotos).

Me preocupa que en lugar de hacer de Medellín y el AMVA un hogar para la vida, estemos aprovechando el terror generalizado que sienten (sentimos) algunos ciudadanos por aquellos “Byrons en Calimatic”, etiquetando desde lo más alto de los gobiernos locales y sin lugar a defensa, como delincuentes y temerarios a motociclistas (por necesidad y no por placer) con sus acompañantes.

Ojalá en estos seis meses se implementaran acciones y programas para aquello que realmente puede mejorar la rampante inseguridad, los tacos inmarcesibles y el transporte público…. pero la verdad, con tanta mediocridad y facilismo, no creo.

Para finalizar: dice el secretario de Movilidad que estudian la posibilidad de establecer sobre la actual malla vial, carriles exclusivos para el servicio público en Medellín… ¡qué adefesio!; sin un SIT y sin ampliar las rutas de Metroplús, hacerle el favor a los buseros del AMVA (sí, aquellos mismos que prestan los buses en elecciones y financian campañas), para que luego, cuando se quiera recoger la piola y sacar con el innovador pero poco expandido Metroplús a los destartalados buses, de transportadores, los mismos tengan una mejor posición negociadora, claramente fortalecida por el facilismo de una administración que prefiere, como dice el dicho “vender el sofá para solucionar la calentura”.