Espacio público… más allá de lo estético

Una de las grandes herencias que dejó aquella Medellín que zozobraba con amor ante los pies de un discurso prometedor (además de los crecientes problemas de seguridad), fue la incubación de un problema de marca mayor para una ciudad que hoy se denomina innovadora por un premio en internet: la proliferación de las llamadas ventas ambulantes e informales en el espacio público.

Y para algunos este problema tipo «ya es parte del paisaje», es la simple y llana expresión de una realidad: crecimiento de la oferta del mercado de mano de obra no calificada, combinada con una baja demanda de la misma y las ansias de industrias ilegales de generar mayores rendimientos, aprovechando el poco remordimiento de aquellos ciudadanos a quienes les importa cinco comprar la dignidad de un mendigo, mercancía de contrabando, entretenimiento pirata y en algunos casos mercancías chiviadas o en ocasiones, producto de asaltos a empresas legalmente constituidas.

Lo grave de esto, adicional a la naturaleza misma de muchas de esas mercancías, es lo que se mueve alrededor de las mismas y cómo se afectan otras prioridades de los ciudadanos y de algunos administradores públicos, como la movilidad, la seguridad y el desarrollo social.

En la mayoría de los casos, este llamado por muchos, «fenómeno», promueve casos aberrantes de explotación humana (para la mayoría de los ciudadanos imperceptible), que incluye esclavitud, constreñimiento electoral, extorsiones sistemáticas y cobros de vacunas sobre los producidos diarios por un permiso que el «bacán» del sector cobra por permitir a un fulano, pedir plata o vender cosas.

Pregunto si realmente existe el llamado y muy trillado término «voluntad política» (propio de algunos corporados al momento de sugerir al gobernante de turno la asignación de alguna buena porción de burocracia o en su defecto un contratico), para afrontar el problema con la mano dura que requiere, sin titubeos asistencialistas, pero con un corazón grande que bombeé oportunidades para aquellos que quisieran ser más que un dato estadístico, una realidad: ciudadanos con un empleo digno y alejados de las mafias que se adueñaron hace rato de una sociedad, permisiva, de migajas e indolente.

Este problema no sólo es una especie de indicador cualitativo de la manera como una ciudad, que es sin lugar a dudas ejemplo de aguante y progreso, se descuida poco a poco, adquiriendo aquellos vicios propios de ciudades grandes, donde claramente se percibe la falta de control y gestión por parte del Estado, representado lamentablemente por intereses políticos, a los cuales les interesa más hacerse pasito y quedar bien que estructurar planes de choque, poniendo orden, con políticas no asistencialistas y de corte transversal, que si bien pueden ser un poco duras en principio, aseguran que un problema mucho más que estético, no termine siendo el detonante de uno de marca mayor.

Ojalá trascendamos de esa Medellín de mostrar a ilustres visitantes que disfrutan tanto de rutas innovadoras y bibliotecas dignas incrustadas en extramuros como de cuentos bien echados, y que de verdad podamos chicanear (si es que así lo queremos) con un verdadero hogar para la vida, que hoy en día es incomprensible al tener familias (realmente innovadoras) que sobreviven a veces con menos de un dólar al día y que además tienen que guardarse en sus casas apenas se va el sol, el sol que a todos en Medellín, nos alumbra por igual.

PS. Para no ser injusto, aplaudo que en la anterior administración se haya trabajado de la mano de EEPPM, en aquellos planes «retorno». El problema es que hoy en día, con la seguridad en el Departamento, afectada por esa arrogancia que degenera en falta de control (microtráfico), prevención (Murindó, un pequeño ejemplo) y contundencia (¿tregua decembrina?) esos planes retorno bien complicados creo que sí que lo están.

Madonna o la pseudointernacionalización de Medellín

Nota Introductoria:

Esta entrada considera mi posición respecto a una mención que hicieron el pasado domingo en El Colombiano, la cual expresé al Director de dicha columna de opinión: Luis Fernando Ospina, a través de un correo electrónico enviado el día de ayer.

Asunto: saludo y precisiones.

Apreciado Luis Fernando, ante todo recibe de mi parte un cordial saludo.

Por medio del presente correo, gracias a que Germán me dio tu dirección electrónica y en relación con la reseña que de mí hiciste el día de ayer en tu columna de opinión DBF, quería hacerte una serie de precisiones, ya que veo que tal vez no sabes realmente cuál es mi posición, adicionalmente a que no te veo en mi grupo de followers de Twitter (@maxivale) y que, por el contenido de tus columnas previas en las cuales tocaste el tema de MDNA en Medellín, percibo cierto sesgo a favor de quienes supuestamente lideran los procesos de «internacionalización» de Medellín.

En primer lugar quiero reiterar, como lo he manifestado en múltiples oportunidades (incluso a través de la red social Twitter), que aplaudo el hecho de que una artista como Madonna haya podido venir a Medellín, ciudad que se ofreció ante la negativa de que en Bogotá prestaran a Ocesa el estadio.

Ahora bien, me gustaría preguntar ¿era necesario que la máxima autoridad del municipio se pusiera en función de dicho evento? (no conozco una ciudad en el mundo civilizado donde pase eso). Eso es lo que he cuestionado desde un principio, ya que para mí, el evento, mucho más allá del posicionamiento que quisieron imprimirle de «evento de ciudad» (como sí lo puede ser la Feria de las Flores) era de una empresa privada, Ocesa, y el alcalde no debería prestarse como promotor de eventos, al punto de ponerlo como prioridad, descuidando situaciones y responsabilidades que sin lugar a dudas, para cualquier ciudadano consciente de su ciudad, revestían y revisten mayor importancia: seguridad, movilidad, educación etc.

Es cierto que el evento movió la «caja» de algunos en la ciudad (y por supuesto de la empresa Ocesa Colombia, al tener ingresos históricos, no solo por la boletería, sino además por el patrocinio de privados y públicos), como acostumbran poner en las notas de ustedes cuando hacen referencia a los eventos que se realizan en Medellín, pero ¿acaso se generó un desarrollo económico real y sostenible? La respuesta es sencilla: NO. Y este NO simple y llanamente porque no quedó una capacidad instalada (incluye talento), ni obras para el beneficio y disfrute en el mediano y largo plazo para la comunidad (como sí la hubo, por sólo dar un ejemplo, en la asamblea del BID donde además de empréstitos asignados para promover el desarrollo del departamento, quedó entre otras cosas, la iluminación de la variante al aeropuerto).

Si bien es cierto que muchas personas fueron beneficiadas (del sector de la hotelería más que todo) e incluso de aquellas que por medio de economías informales obtienen sus ingresos (los que venden impermeables, comidas rápidas, y la «media de guaro»), no podemos decir que en la ciudad se haya generado un mejoramiento ostensible de aquellos indicadores que miden el desarrollo de un territorio y mucho menos que se vayan a afectar por ello. (Esto es teoría del desarrollo económico de coquito).

Traer a Madonna, a mí parecer, y al parecer de la gente sensata, no puede catalogarse como un hito que parta la historia de una ciudad en dos (a no ser que estemos en una orilla de promoción de las por mí llamadas «divas de lo público» y que ahora, el hacer conciertos, sea la prioridad).

Creo que el desgaste de lo público (que al privado OCESA le importa cinco que tomen el espectáculo como propio, porque ya obtuvo sus rendimientos vía patrocinios), no es sensato en una ciudad donde el alcalde no ha estado dándole la cara a los graves problemas que la afectan y que tiene situaciones aberrantes cuyos costos que superan con creces los famosos $3.000 millones por impuestos (que igual, son mínimos si contabilizamos el costo de todas las actividades de promoción, patrocinios, «engrase» en medios, etc y que se financiaron con recursos públicos). Y de lo otro que menciono ¿costos en seguridad, costos en movilidad? (cuantifiquen ambientalmente y en términos económicos por el tiempo perdido, lo que puede valer una hora de un taco en esta ciudad… con eso se pagan los impuestos de la traída de Madonna en un momentico).

La internacionalización de la ciudad no puede confundirse con traer artistas o espectáculos, porque la gente del exterior no va a invertir más (exceptuando Ocesa o cualquier otro privado que los traiga). Eso sí, el nivel de internacionalización de una ciudad en el mundo del espectáculo, es cuantificable según la cantidad de artistas que sentirían orgullo por venir acá y no al contrario. Por eso he dicho y critico a quienes bajo el interés de promover el turismo, quieren que el destino Medellín sea convertirla en una especie de Las Vegas latinoamericana (que es mamey y además facilista), una ciudad del pecado donde: casinos, discotecas y hoteles que permiten el ejercicio de la prostitución, fachada 5 estrellas, «centros de acopio de las llamadas prepagos»).

La internacionalización de una ciudad, es compleja y requiere generar atractivos a mediano y largo plazo, de tal manera que los inversionistas que apoyen el desarrollo de largo plazo vengan, porque acá están las mejores condiciones de mercado para hacerlo, porque hay seguridad, porque hay capacidades instaladas, porque hay talento, porque más allá de incentivos tributarios y bajos salarios, hay un retorno y una diferenciación que hace que no duden en hacerlo.

Yo sí he sido crítico del tema de Madonna, y con argumentos… y que quede claro, sin intereses partidistas y mucho menos políticos.

No estoy de acuerdo con que después del concierto, ahora les dé por sacar videos de promoción de ciudad (con recursos públicos) con funcionarios públicos como protagonistas, alardeando de algo, que sólo quienes no conocen el mundo hacen (pese a que pueden haber paseado por él, con recursos públicos).

Tengo mil y un argumentos para sustentar mis posiciones en relación con temas públicos, que cuando quieras (y yo invito al café) los podemos discutir.

Para finalizar quedo atento a tu respuesta y para atender cualquier inquietud adicional, porque yo, distinto a muchos funcionarios públicos, siempre doy la cara.

😉

Saludos deseando para vos y los tuyos unas felices festividades.

Atentamente,

Maximiliano V.

PD. Este mail, lo puedes compartir con quien desees, eso sí, agradecería me incluyeras, por decencia, en la copia.

Y qué importa hacernos los pendejos

Ayer tenía ganas de irme a tardear y de paso echarle alpiste al ojo, con el calor y color de una entretenida conversación que se combina a la perfección con el frío de una cerveza .

“Max, ya paso por vos”, me dijo Pérez, a lo que dije: “¿qué nos vamos a inventar hermano?”.

El invento fue sencillo, irnos a uno de esos tantos malls comerciales que abundan en El Poblado, a una de esas charcuterías, curiosas por sus ínfulas de ídolo del balompié, podríamos además de asegurar el alpiste, sentarnos a echar, como se dice en buen paisa, carreta.

Llegamos y nos ubicamos de manera estratégica, donde cayeron un par de amigos más (para ajustar el jocosamente denominado “parche de antenas”).

El caso es que en un principio la tarde pintaba bien: el alpiste llegaba o pasaba, la cerveza estaba helada, la charla fluía y el mecato aguantaba, sin embargo puse sobre el tapete la siguiente frase “esto parece un centro de acopio de traquetos”.

Cuál sería mi sorpresa al escuchar a una de las personas que estaba con nosotros (que aclaro: no se apoda el zarco, ni carebalín; es de buena familia, tiene un trabajo decente y se ha graduado de una buena universidad) después de una sonora carcajada, “Jajajaa, ¿acopio de traquetos,?, Max, tenés razón” y prosiguió con un pasmoso entusiasmo, similar al que tiene Poncho Rentería cuando habla de sus chismes de peluquería, y prosiguió: “mirá, ese fulano es hijo de uno que está extraditado, aquel otro es hermano de no sé quién, ese va al gimnasio y va con dos lavaperros y aquel, sí, aquel de rojito es novio de esa pelada que acabó de pasar y es hijo de un duro”.

Si esto es un sábado, a pocos metros del mercado más exclusivo que tiene una gran cadena francesa, a un par de cuadras de El Tesoro, plena luz del día ¿qué podemos esperar?

Me pueden decir que soy un mojigato, que una golondrina no hace verano, que eso es normal… la verdad, no soy ningún mojigato, creo y he demostrado que uno puede de manera independiente generar alertas y ser propositivo ante distintas circunstancias que van en contravía de los principios éticos y más aún, no me parece normal, que en una ciudad amnésica, permitamos que los principales promotores de los más grandes males que ha tenido y tiene el país (el narcotráfico), se muevan como peces en el agua, de una laguna social que además de permisiva, no es capaz de sacrificar en todos sus niveles, aquellos beneficios económicos de corto plazo, en aras de proponer un mejor mañana.

Desde hace mucho tiempo, me han pasado por el lado aquellos inversionistas de alto riesgo (he visto clases con ellos, han vivido en unidades donde he vivido y hasta creo que fueron casi parientes), que terminan sonsacando generaciones y peor aún, socavando las mismas.

Yo la verdad creo que la complacencia y la permisividad a la que hemos llegado en Medellín y en Colombia preocupa, donde es triste que ésta se pueda fácilmente percibir en distintos escenarios que van desde: políticos que logran grandes financiaciones de manera mafiosamente curiosa, grandes empresas que venden sus productos a como dé lugar (un ejemplo es el sector de la finca raíz vendiendo proyectos inmobiliarios donde el metro cuadrado excede el precio que un asalariado puede soportar), pasando por aquellas empresas de hostelería (facturando duro al “duro” botellas del mejor “güisqui” en el VIP), finalizando en las células (cancerígenas para mí) de esta sociedad: aquellas familias que se sienten orgullosas por aquel familiar en España o en la USA (por mencionar un par de países), que con sus remesas o con unos buenos aguinaldos en diciembre les convence que ser un lavaperro o un “trabajador” no es nada malo, o cómo se alegran por aquella muchachita que se va más que a menudo a “modelar” (con esas amigas cuyas fotos en Facebook parecen extractadas de una página de porno), a países donde está claro que se han vuelto el paraíso de aquellos perseguidos por la justicia.

A mí no se me ha olvidado la época donde uno tenía que entrarse temprano por cuenta que recién habían masacrado jóvenes en una discoteca en El Poblado, no se me han olvidado las más “pispas” del barrio a quienes recogían en carros lujosos (hoy en día deben estar mirando “pa´l saraviao” después de enviudar, además de haberles empacado muchachitos se incluyeron unas cuantas palizas). No se me ha olvidado la bomba de la 93, la de La Macarena, la del avión de Avianca, la cara cínica de Byron cuando lo atraparon después de ser el “piloto” del sicario que asesinó a Lara Bonilla, la muerte de Galán y menos aún la desfachatez de toda la vida de estos tipos, que ahora por cuenta de ser los nuevos pablitos (como creo que Juanes se refirió a ellos) y quienes por pertenecer ya a una segunda o tercera generación de los otroras “mágicos”, se camuflan en universidades, gimnasios, centros comerciales, unidades residenciales, discotecas, charcuterías como “pedro por su casa”.

Creo que a muchas personas se les ha olvidado lo que a mí no se me olvida, o simplemente les “importa cinco” hacerse los pendejos, eso sí mientras se lucran con ventas o beneficios sin importar el origen de esos dineros, o mientras sus hijos comparten con estos personajes o sus hijas se van de paseo al exterior con el novio de turno o con la familia del susodicho…

Lo más triste es que con esa peligrosa permisividad esta sociedad no solamente patrocina de manera indirecta las más grandes inequidades sociales del país, los más crueles combates, los más inhumanos atentados, sino que desaprovecha oportunidades únicas de reivindicarse con ella misma, de sanear su pasado y de proponer cambios que puedan significar progresos distintos, a aquellos que como espejismos, da una cultura mafiosa.