Érase una vez un aumento de predial…

Hace unas cuántas semanas me había propuesto escribir acerca del aumento del predial en la ciudad de Medellín; la verdad no por apatía y mucho menos por desinterés me abstuve de hacerlo, ya que consideraba que había mucha ilustración de lado y lado: uno el de la Alcaldía en cabeza del Señor Alcalde, y otro bien variopinto donde además de incluirme, entran amas de casas consternadas, jubilados indignados, inversionistas aporreados, políticos sensatos y politiqueros oportunistas, entre otros.

En nuestra cultura arriera, aplica una frase que cae como anillo al dedo a la actual situación: “regalado es caro”. Dicha frase va muy de la mano a aquellos argumentos por parte del Gobierno y de incluso algunos académicos fletados con dineros públicos que han salido a opinar, para desvirtuar que sin importar lo que pase en realidad, que cualquier tipo de alza, por ínfima que sea, hubiese sido refutada al unísono por la gran mayoría,  y que una prueba de ello es que a quienes les bajaron su aporte, no salen a decir que por qué no les subieron!.

Además de dicha argumentación con la que se busca calar en el “ser paisa”, existen otras que quieren ser, y al mejor estilo de Poncio Pilatos,  una especie de “lavada de manos”, tal como aquella con la que le quieren achacar a Sergio y Alonso (con claros fines políticos):  “es que en siete años no hicieron ningún incremento”…donde la contra-argumentación de quienes defienden su causa es que “una buena administración de recursos públicos, no requiere aumentos impositivos”.

Otras voces manifiestan que los impuestos y la cultura de pago de impuestos es sinónimo de desarrollo y de cultura ciudadana, ahí podríamos quedarnos patinando ante modelos escandinavos de bienestar, donde uno podría afirmar, que la falta de cultura a favor de los impuestos, es por cuenta y gracia de que en Colombia se roban la platica. Sí señores, se roban la platica los corruptos por los que cada cuatro años votan y quienes, curiosamente ante esa “indignación ciudadana” siguen siendo los mismos o las mismas (directa o indirectamente), porque acá tienen amnesia o comen cuento de quien se ve bien en la foto o sencillamente endosan el activo más preciado de una democracia participativa, el voto,  por la ilusión de un favor clientelista.

Para mi la verdad el tema del aumento del Predial creo que está bien en cuanto a que se debe y tiene que hacer, pero aclarando que estoy en total desacuerdo en la forma, máxime cuando desde la alcaldía, esa misma que pretende un Hogar para la Vida, se utilizan sórdidos y equivocados argumentos para sostener algo, que ante la mirada silenciosa de los concejales que votaron a favor, el oportunismo de quienes se ausentaron y la valentía muda de quienes votaron en contra, se aprobó sin considerar que una ciudad es dinámica y que detrás de cada predio hay personas y familias.

Es lógico que con la transformación de ciudad y gracias además al Gobierno de la Seguridad Democrática, las propiedades en Medellín han tenido un incremento en su valor: lo que antes costaba un millón, ahora ruegue para que no pase de tres, pero vale preguntar ¿Qué tan real esa hiper-inflación inmobiliaria?, ¿Qué o quienes la ocasionan? ¿A quien favorece esa variación de precios de mercado?, ¿Quiénes invierten, lo hacen con qué propósito? …seguro si se abre un debate sobre este asunto, creo que sería objeto de más madera, que aquella que le di a la que se quería de “café”.

Ahora bien,  ¿qué cuestiono de la forma que tanto me tiene tan inconforme?

Que dicho aumento de cierta manera se realizó como siempre se realiza, sin hacer un esfuerzo mayor al simplemente categorizar sectores de la ciudad y aplicar un porcentaje de acuerdo a unos supuestos, los cuales no consideran variables distintas a la aparente capacidad o incapacidad de pago, de quienes viven ahí.

Por otra parte (y eso lo pudo haber hecho el concejo mismo), se pudo propender por un ajuste realmente innovador, al considerar entre otras cosas: si el predio es utilizado para vivienda por su propietario o si por el contrario tiene este fines de renta, ya que no es lo mismo una propiedad que significa para quienes habitan en ella, más que una manera de invertir en algo “fijo”, un sueño: aquel de ser propietarios, donde muchos de ellos no pueden liquidar su inversión (o deuda) en el corto plazo para obtener los supuestos beneficios una valorización comercial. ¿Queremos o no una ciudad de propietarios?.

En relación con la competitividad de la Ciudad “que el Intergremial manifestó que la afecta negativamente”. Es cierto, pero hay que tener en cuenta que este no es el único factor que define si una ciudad es o no competitiva (seguridad, infraestructura, nivel de educación, servicios públicos, etc). Ahora bien, digamos que en el ámbito empresarial una unidad productiva fue afectada en una cifra tal, que significa eventualmente disminuir su rentabilidad; ello puede afectar entre otras, el consumo por parte del propietario o la capacidad de inversión, y conociendo un poco más la mentalidad de muchos de nuestros empresarios (por fortuna no todos), puede significar promover la informalidad a la hora de contratar: ellos no creo que vayan a dejar que el impuesto les afecte sus excedentes.

Preocupa que una de las banderas para tocar las fibras de los contribuyentes, sea que con este aumento se van a pagar esas obras que tanto necesitamos, las cuales hoy en día sólo son proyectos, pero, y cuestionando un poco a un Editorialista de un periódico de la Ciudad: (que creo debe estresarse poco por el sobregiro y muchísimo menos al considerar toda esa pauta que le dan desde la Alcaldía) ¿En términos porcentuales que tanto aporta ese aumento en la valorización, sobre el valor total de las obras?, ¿Acaso este recaudo es de destinación específica?. La verdad, para claridad de todos,  no depende de este aumento la realización o no de las obras y creo, que con otros recaudos que han surgido en años anteriores (fotomultas), y racionalizando los gastos, se pueden tapar esos huecos presupuestales que ha creado esta administración.

Para finalizar me preocupa mucho que este papayazo (por la forma más que por el fondo) que dio el Alcalde Gaviria, sea ahora el caballito de batalla de politiqueros de toda clase de pelambre. Desde aquellos que sienten que les dieron en la cabeza, pasando por expertos que interpretan la norma para su conveniencia en medios masivos, hasta aquellos que con una sonrisa tan cálida como la tibieza de sus posiciones políticas, quieren pescar en río revuelto, en detrimento de una ciudad que requiere cohesión alrededor de un objetivo común (así nos guste o no el eslogan), ser en realidad un hogar para la vida.

Alcalde, trate de ver esta situación como una gran oportunidad, para usted, tanto para cada uno de quienes somos, así a veces no estemos de acuerdo, afectados positiva o negativamente por su Gobierno.

Apreciado Darth “Verde”

Previa a esta entrada, publiqué una en la cual hacía una confesión que tenía por objeto dejar claro que mi animadversión por un gobernante hoy gobernado por la intolerancia, incoherencia, el sectarismo y las apariencias, tiene argumentos sólidos. Argumentos que sus jóvenes fanáticos, al recibir muchos su “plato de lentejas”, no tienen cómo debatirme.

Ahora bien, después de dicha confesión quiero detallar una serie de adjetivos para algunos casos más aberrantemente contradictorios de un mandatario, que reitero, por ese afán propio y ajeno (de sus más cercanos colaboradores) de mantenerse en el poder, pasó de ser una figura promisoria de la política, como aquel joven Anakin, para ser peor que aquellos que critica: un Darth “Verde”.

Inconcebible que generalice, y que exija usted o sus StormTroopers coherencia, cuando a pocos metros de su despacho con “olor a nicotina”, tiene asesores que han dilapidado recursos públicos con disculpas tales como “es que a esa empresa la rige el derecho privado”; o peor, que usted por presiones que algo de ciertas deben tener, retire a aquel nefasto personaje tanto como buen amigo de infancia suyo, de la gerencia del instituto para el desarrollo, para acomodarlo en donde tal vez puede ser más dañino para un departamento que requiere transparencia.

Triste que se ponga a hacer politiquería, sí, esa tipo lotería y que esclaviza, donde por un empleo transa las voluntades de imberbes o pecosos colaboradores, que tienen el carácter de un perrito de taxi, propio de aquellos que tanto critican un sistema pero no les importa venderse por un plato de lentejas.

Ilegal que suscriba un contrato para el cual se debió declarar impedido, con el fin de obrar transparentemente y ante los ojos de todos los antioqueños… No entiendo qué problema había para esperar unos días más ¿o acaso mucho afán tenía el esposo de su funcionaria para legalizar ese asunto?

Persecutor, al instaurar una cacería brujas en aquellas gestiones que además de haberse realizado con el corazón y la razón, son intachables, sembrando así mantos de duda a lo “tira la piedra y esconde la mano”, cuestionamientos falaces y malintencionados que incluso hicieron trastabillar a mi señora madre; Ah, pero estoy muy seguro que estas escarbadas malintencionadas se diferencian de situaciones hoy particularmente “distintas”, un ejemplo: aquellos procesos de certificación que han impartido en algunas regiones, donde por la falta de quórum seguro se pueden llegar a constituir “detrimentos patrimoniales” reales, eso sin mencionar aquellas contrataciones a dedo para favorecer uno que otro amigo.

Oportunista, al cuadrar negocios a ciertos amigos de campaña, quienes seguro degustarán el mejor café, aquel de Antioquia origen de cafés especiales, pero más las utilidades producto de una comercialización para la que ellos ya tienen el análisis de 2800 muestras, servidas en bandeja de plata (obvio se van a beneficiar los campesinos, pero igual ¿quién o a través de quién se harán dichas transacciones comerciales?).

Mentiroso, al quedar mal con una promesa de campaña “no voy a despedir a nadie de la Gobernación”, y luego argumentar que se trató de una “política de revisión de cargos”. Entonces a quién hacía referencia en ese panfleto ¿a los inamovibles de carrera administrativa?

Facilista hacer contratos macro al mejor estilo de aquella administración que zozobró con amor (con la excepción de las pomposas vigencias futuras), con algunos gremios, que a la larga le dan a usted lo que quiere: buenas menciones y burocracia, pero que generan por cuenta de una clara intermediación ineficiencias y sobrecostos, donde los afectados no sólo son los proveedores sino los antioqueños (esto puede constatarlo más de un Centro de Tecnología en Antioquia, a quienes les llegan los contratos a través de dichos intermediarios).

Descarado al arrasar con programas exitosos, o, peor aún, dejándolos con nombres distintos para jactarse de ellos como propios, eso sí, con todos los bombos y platillos necesarios para poder disimular esa falta de gestión, propia de aquel que recorre una trocha de noche, en reversa, mirando el diminuto retrovisor y no aprovechando la inmensa amplitud del parabrisas, que sólo es posible cuando se quiere avanzar.

Politiquero, al hacer acuerdos bajo la premisa de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, para que al cabo de unos meses, sólo sea para hablar de las ventajas de una alianza pegada con babas, cuando se quiere salir en los medios… Sin embargo, para aquellos que tenemos más de dos dedos de frente, vemos que eso está más quebrado que aquel puente que quieren arreglar con cáscara de huevo, al percibir en las editoriales de “su” noticiero, una sorna en contra de lo que pasa en Medellín. Eso sin contar lo mucho que critica favorecimientos a diputados, para uno ver que “favor con favor se paga”, bien sea directamente o triangulados de alguna forma.

Miope, al no percibir (o si lo percibe se hace el de las gafas), que algunos de sus taquilleros funcionarios públicos al parecer han incrementado su patrimonio ostensiblemente, donde si bien puede que no sean tan extravagantes de ponerle mármol a una caballerizas, es claro que poseen activos que sólo con el sueldo no son posibles de adquirir.

Incoherente, al tener en sus súbditos tanto resentido desinformado con odios acérrimos hacia el presidente Uribe, a sabiendas que usted, es de los que sube (o baja) a echarse conversaditas con él, para sacar sólo lo que más le conviene a usted y no al departamento, porque por ningún lado veo que la seguridad democrática se esté aplicando.

La verdad, creo que en 2011 boté mi voto (por no irme en AViÓn ni en blanco), tal vez porque me transporté a ese octubre de 2003, pensando que usted iba a ser como aquella persona fresca, descontaminada, conciliadora y cero rencorosa que fue hasta principios de 2007, donde sin lugar a dudas y por mantener a toda costa aquello que debemos entender como prestado, el poder, cambió el recorrido por el destino, contrario a lo que versa aquel poema que curiosamente comparto con usted: Itaca, poema que el hoy nonagenario expresidente me recomendó como forma de vida política, hace cerca de 14 años una noche en la Casa de Antioquia.

Esperaría, eso sí, apreciado Darth “Verde”, que en esta saga que aún continúa, pueda retornar de ese lado oscuro en el que ahora se encuentra y sepa que muchos que no estamos con usted, tenemos más honorabilidad que aquella que sólo emana en sus discursos.

Confieso que fui Fajardista….sí, incluso antes que muchos de ustedes!

He sido Uribista desde hace mucho rato (desde los tiempos de la Ley 50),  con una real convicción qué va mucho más allá de la gratitud infinita que siento por él, al haber demostrado que este país lleno de oportunidades, con «mano dura y corazón grande», tiene viabilidad. No obstante a lo anterior, quiero confesarles algo que pocas personas saben: fui por un tiempo y de manera cierta Fajardista.

Corría el año 2003 y sin buscar beneficios laborales y de manera muy real, le hice personalmente campaña al hoy Gobernador de Antioquia Sergio Fajardo, cuando aspiraba él a ser Alcalde de Medellín. Dicha ayuda le llegó de carambola cuando decidí apoyar a un amigo de la universidad: Mauricio Tobón, y a dos amigos de mi hermano: Federico Gutiérrez y Juan Camilo Quintero.

Como es la vida, recuerdo que unos días antes de ganar las elecciones, me convidaron a participar en una fiesta de cierre de campaña en una discoteca en las Palmas; allí  brindé (desinteresadamente) tanto con el futuro Gobernador Aníbal (a quien había conocido unos meses atrás en una reunión del partido Liberal en el Intercontinental),  como con el Alcalde Fajardo. Todo ello antes de estar atento y activo el día de elecciones, donde incluso llegué a estar muy pendiente hasta altas horas de la noche, en lo que muchos conocen como “el conteo de votos”….y hasta ahí llegó mi apoyo en dicha contienda electoral, apoyo que jamás cobré por ventanilla como aquellos jóvenes (en ese entonces lo era), que embelesados por la política más por necesidad que por vocación, hoy lo suelen hacer esperando una ¨coloca¨.

Me alejé un poco de la política, pero sin ser ajeno a los problemas que veía en la ciudad, relacionados estos con un área que muy bien conozco: servicios públicos y el sector de las telecomunicaciones, y así se los manifestaba permanentemente, a través de correos electrónicos tanto a Mauricio como a Federico.

Llegó 2007 y empezó un divorcio de aquella unión de hecho que tuve con una administración o con un Gobernante y ello, a raíz de un tema que siempre me inquietó: la compra por parte de EEPPM de una empresa cuyo mayor activo, curiosamente no estaba en el negocio en el cual se desempeñaba, sino en su marca (de la cual hoy no existe rastro, excepto por un negocio overseas que tengo entendido van próximamente a cerrar), y que estaba siendo sobrevalorada para favorecer a no sé quien, por un gerente-títere del “poder tradicional” (ese, el dueño del país), ante el cual no importaba que se tasara una suma muy superior a la de su negocio principal, con unos argumentos de una tecnología punto multipunto, que yo, con mi conocimiento, sabía que no tenían sustento (que hoy es parte de los argumentos ya recalentados,  con los cuales Bernardo Guerra da palo como si fuese una piñata clientelista).

La verdad a mi no me dieron de niño ni una dosis de “quédese mejor callado”, y por ello, además de enviarles sendos correos con mis argumentos a “mis” dos concejales amigos (uno de ellos usó muchos de mis conceptos en sus debates),  me puse a abrir mi bocota virtual en las incipientes pero crecientes redes sociales de ese entonces…ah palo el que me empezaron a dar, incluso por ello fui hasta tema en un “consejo de gobierno” donde a mi hermano (quien no tenía velas en este entierro) le dijeron: “calle a su hermanito”.

Es curioso sentir cómo, cuando se está cerca de la movida política, por el interés de servir sin cargarle ladrillos a nadie, haciendo el trabajo sin las consideraciones tradicionales de aquellos políticos “fabulantásticos”, se puede uno desencantar de una persona a la cual admiré como Alcalde y que hoy por esa rabia enfermiza que siente contra lo que tristemente se dá en la tierrita y que toca administrar mientras cambia, se haya desenfocado tanto o más  que aquel Anakin convertido en Darth Vader….Darth “Verde”.

Es increíble cómo una persona que sin lugar a dudas representaba la esperanza de muchos jóvenes que no estábamos detrás de sus enagüas por un puesto (y de algunos otros que trabajaron con él en puestos de primera línea), haya cambiado hasta tal punto, que se parece más cada día que pasa, a todo aquello que alguna vez criticó.

Esta confesión es la que, a diferencia de muchos sectarios imberbes y/o pecosos e/o idiotas útiles, me permite hoy, además de mi labor transparente en lo público, criticar de frente y con argumentos a una administración que dista mucho en la práctica, en fondo y forma, de ser la más educada.

Claro que quiero la Paz…pero sin babero, gracias!

Cómo no querer la Paz aquellos que hemos vivido en una nación empeñada a la violencia, desde el mismo momento en el cual ni siquiera éramos un país de ese mundo “occidental” que nos venden las revistas; incluso desde cuando aquellos conquistadores Españoles, pusieron sus pies en lo que fue el primer asentamiento español en tierra continental, curiosamente en lo que es hoy llamado Golfo de Urabá.

Por supuesto y por lógica quiero la Paz,  pero no a cualquier costo y mucho menos cuando un gobierno que ha defraudado aquella confianza que le depositamos muchos de los que votamos por él,  aplica estrategias sustentadas en aterrar a los ciudadanos con un chantaje absurdo, eso sí, aclaro,  sin aquellas estrategias bárbaras del grupo narcoterrorista con el que pretende negociar, de rodillas y con babero la dignidad de toda una nación.

Es obvio que nuestro país está inmerso en una polarización malsana, una polarización donde quienes abogan por una cosa son capaces de empeñar sus principios y su criterio por sólo ganarse el punto, y de paso, ser capaces de cohonestar un proceso macabro de negociación que deprime aún más la confianza de quienes vivimos en este país.

Desde el inicio de tal proceso de negociación he tenido una sensación de indignación, propia de aquel colombiano que sin pertenecer a ninguna élite, ha comprendido que las guerrillas románticas de otro siglo e inexistentes en el actual, dejaron hace rato su legado al capitalismo en camisetas alusivas a aquel revolucionario médico argentino, pero  donde su legado “capitalista” ha sido aprovechar un nombre que no debe incluir la C de Colombia, para socarronamente expandirse en aquellos negocios mafiosos, que tanto mal le hacen al país: narcotráfico, minería ilegal, entre otros. y todo ello ante la mirada atónita de gran parte de la comunidad internacional y con el beneplácito de aquellos países que cambiaron su rumbo, hacia un populismo que permite que las rutas de tráfico de drogas pasen por su territorio.

No estoy de acuerdo con una negociación donde un gobierno es capaz de poner a toda una nación, ante propios y extraños, al mismo nivel  (y no por protocolo),  de aquel grupo conformado por vagabundos, narcos, terroristas, esclavistas, secuestradores, pedófilos, abusadores, bandidos y asesinos,  quienes lógicamente no representan los intereses de las personas desprotegidas,  porque ellos son sus victimarios o en el caso más afortunado, extranjeros que como Tanja, generan tanto fastidio en Colombia, como adeptos de ese snobismo revolucionario propio de ignorantes,  en aquellos países que son ajenos a la realidad del nuestro.

Estamos ante una negociación de apariencias,  al mejor estilo de aquellos cocteles de revista de Jet Set, donde el cinismo de quienes hacen parte de esa destemplada orquesta, pretende a través de un “engrase de medios”, que todos escuchemos un himno a la alegría, mientras cualquier persona con dos dedos de frente entiende que lo único que producen son acordes destemplados.

Una negociación que no tiene acuerdos, sino dádivas absurdas como treguas parciales, que son aprovechadas tanto por las divas de lo público, como por aquellos que se nutren de lentejas, para decir, contrario a cualquier lógica matemática: “que cumplieron porque incumplieron solo un poquito”.

Un proceso que parte de la desconfianza, al querernos hacer creer cuentos que solamente nos indignan a quienes habitamos nuestro país, pero que, con estruendosas ruedas de prensas replicadas estas en cuento medio internacional haya cabida, suenan como si mágicamente aquel lobo feróz que narra Perrault, se hubiese convertido en el lazarillo de la abuelita: sí tienen secuestrados, sí reclutan niños y sí que lo siguen haciendo, no inventen cuentos!

Ahora bien, ¿hasta dónde vamos a ser permisivos quienes pensamos en que la Paz bien, pero con sometimiento, reglas claras y sin empeñar el país? ; vamos a seguir permitiendo el maltrato a la institucionalidad (por parte de aquellos guerrilleros de civil, que magnifican hechos aislados como si fueran sistemáticos), tanto como a mucha gente de bien, donde generalizan irresponsablemente a agricultores y ganaderos, como si fueran narcos y paracos, a sabiendas que la gran mayoría ha sido victima de esos vagabundos que hoy tienen el poder de convocar reuniones tan símiles a aquellas marchas patrióticas, en salones donde quieren dar la cátedra: ”hemos reclutado, despojado y arrasado, pero nos interesan los campesinos”, ante los ojos estupefactos de organizaciones  internacionales y ONG´s cuyas burocracias socialbacanas viven de aquellos recursos que succionan del estado.

Denle más tiempo al circo de los Narcoterroristas de las Farc, para que sigan vacacionando en aquel país donde si bien pueden haber los mejores médicos para embalsamar cadáveres revolucionarios,  están los mayores ejemplos de inequidad y de subdesarrollo, propios de un modelo que fracasó en su implementación por la misma naturaleza e inclinación a los mercados que tenemos  por esencia, los humanos.

Denle más tiempo a aquel incompetente traidor, que nos ha enseñado que para él gratitud, es sinónimo de olvido…y que confianza es antónimo de coherencia!.

Para bajar la calentura… salgamos del sofá

Hace un par de meses supe por parte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, AMVA, sobre la restricción del llamado parrillero, con el fin de mejorar uno de los más grandes problemas que tiene Medellín y sus alrededores hoy: la inseguridad.

En dicha oportunidad, manifesté a través de mis trinos (que para algunos funcionarios y periodistas fletados son innovadoramente destemplados) mi posición al respecto, ya que el gerente del AMVA pidió a sus followers que lo hiciéramos (mejor uso dicho anglicismo, ya que “seguidores” sería matricularme tácitamente en el Coraje).

Mi posición de ese entonces, negativa hacia dicha arbitrariedad, se centraba en que con la misma se iban a afectar aquellos ciudadanos que por necesidad se transportan en una motocicleta, generando para ellos sobrecostos, y lo más grave, estigmatizando a muchas personas de bien, como si fueran un subgrupo de hampones, gatilleros y fleteros, a quienes con la implementación de dicha medida querían limitar en su accionar.

Como pasa siempre, se reunieron los alcaldes del AMVA (donde la gran mayoría son políticos y no gerentes) y de manera “unánime” aprobaron esa medida arbitraria, la cual de paso se iba a consolidar como un paliativo y distractor de una realidad que para nuestro querido alcalde, el de Medellín, no existe: una rampante inseguridad.

Al cabo de los días, con bombos y platillos propios de aquellos que están acostumbrados al juego político de las fiestas, sancochos, rifas y clientela, presentaron a principios de enero de este año, los “grandiosos” resultados al haber implementado tal medida, donde el gerente del AMVA decía lo que el pueblo quería escuchar: “mejoró ostensiblemente la seguridad”, eso sí, sin argumentos sólidos desde el punto de vista técnico, además ofreciendo como una ñapa la afirmación que “había sido un gran aporte para la movilidad” y ponían como ejemplo el éxito en uno de los 10 municipios que conforman el AMVA: Barbosa, donde sólo se concentra menos del 5% de la población total del Área Metropolitana. Válgame Dios, unas frases y unas afirmaciones dirigidas y de paso asentidas por aquellas personas, que, o están comiendo de la administración su ración de lentejas o “tragan entero”, tanto como la mayoría de aquellos que votan por internet por cuanto concurso “chimbo” se inventan.

El caso es que hoy deciden, por unanimidad, extender por seis meses más la medida, ampliándola además en dos horas, argumentando cosas que no se soportan en datos ciertos, sólo considerando que la medida se aplicó en una época donde las circunstancias no son las que se promedian en un año.

Sigo pensando que es una medida arbitraria y mediocre, que a su paso estigmatiza a muchas personas que usan su moto por necesidad, atribuyéndose de paso el AMVA competencias (en Medellín) de una secretaría de Gobierno acéfala e inoperante. Igual, para nadie es un misterio que los delincuentes, a la hora de hacer sus fechorías, no respetan las normas (y de eso hay muchas fotos).

Me preocupa que en lugar de hacer de Medellín y el AMVA un hogar para la vida, estemos aprovechando el terror generalizado que sienten (sentimos) algunos ciudadanos por aquellos “Byrons en Calimatic”, etiquetando desde lo más alto de los gobiernos locales y sin lugar a defensa, como delincuentes y temerarios a motociclistas (por necesidad y no por placer) con sus acompañantes.

Ojalá en estos seis meses se implementaran acciones y programas para aquello que realmente puede mejorar la rampante inseguridad, los tacos inmarcesibles y el transporte público…. pero la verdad, con tanta mediocridad y facilismo, no creo.

Para finalizar: dice el secretario de Movilidad que estudian la posibilidad de establecer sobre la actual malla vial, carriles exclusivos para el servicio público en Medellín… ¡qué adefesio!; sin un SIT y sin ampliar las rutas de Metroplús, hacerle el favor a los buseros del AMVA (sí, aquellos mismos que prestan los buses en elecciones y financian campañas), para que luego, cuando se quiera recoger la piola y sacar con el innovador pero poco expandido Metroplús a los destartalados buses, de transportadores, los mismos tengan una mejor posición negociadora, claramente fortalecida por el facilismo de una administración que prefiere, como dice el dicho “vender el sofá para solucionar la calentura”.

Espacio público… más allá de lo estético

Una de las grandes herencias que dejó aquella Medellín que zozobraba con amor ante los pies de un discurso prometedor (además de los crecientes problemas de seguridad), fue la incubación de un problema de marca mayor para una ciudad que hoy se denomina innovadora por un premio en internet: la proliferación de las llamadas ventas ambulantes e informales en el espacio público.

Y para algunos este problema tipo «ya es parte del paisaje», es la simple y llana expresión de una realidad: crecimiento de la oferta del mercado de mano de obra no calificada, combinada con una baja demanda de la misma y las ansias de industrias ilegales de generar mayores rendimientos, aprovechando el poco remordimiento de aquellos ciudadanos a quienes les importa cinco comprar la dignidad de un mendigo, mercancía de contrabando, entretenimiento pirata y en algunos casos mercancías chiviadas o en ocasiones, producto de asaltos a empresas legalmente constituidas.

Lo grave de esto, adicional a la naturaleza misma de muchas de esas mercancías, es lo que se mueve alrededor de las mismas y cómo se afectan otras prioridades de los ciudadanos y de algunos administradores públicos, como la movilidad, la seguridad y el desarrollo social.

En la mayoría de los casos, este llamado por muchos, «fenómeno», promueve casos aberrantes de explotación humana (para la mayoría de los ciudadanos imperceptible), que incluye esclavitud, constreñimiento electoral, extorsiones sistemáticas y cobros de vacunas sobre los producidos diarios por un permiso que el «bacán» del sector cobra por permitir a un fulano, pedir plata o vender cosas.

Pregunto si realmente existe el llamado y muy trillado término «voluntad política» (propio de algunos corporados al momento de sugerir al gobernante de turno la asignación de alguna buena porción de burocracia o en su defecto un contratico), para afrontar el problema con la mano dura que requiere, sin titubeos asistencialistas, pero con un corazón grande que bombeé oportunidades para aquellos que quisieran ser más que un dato estadístico, una realidad: ciudadanos con un empleo digno y alejados de las mafias que se adueñaron hace rato de una sociedad, permisiva, de migajas e indolente.

Este problema no sólo es una especie de indicador cualitativo de la manera como una ciudad, que es sin lugar a dudas ejemplo de aguante y progreso, se descuida poco a poco, adquiriendo aquellos vicios propios de ciudades grandes, donde claramente se percibe la falta de control y gestión por parte del Estado, representado lamentablemente por intereses políticos, a los cuales les interesa más hacerse pasito y quedar bien que estructurar planes de choque, poniendo orden, con políticas no asistencialistas y de corte transversal, que si bien pueden ser un poco duras en principio, aseguran que un problema mucho más que estético, no termine siendo el detonante de uno de marca mayor.

Ojalá trascendamos de esa Medellín de mostrar a ilustres visitantes que disfrutan tanto de rutas innovadoras y bibliotecas dignas incrustadas en extramuros como de cuentos bien echados, y que de verdad podamos chicanear (si es que así lo queremos) con un verdadero hogar para la vida, que hoy en día es incomprensible al tener familias (realmente innovadoras) que sobreviven a veces con menos de un dólar al día y que además tienen que guardarse en sus casas apenas se va el sol, el sol que a todos en Medellín, nos alumbra por igual.

PS. Para no ser injusto, aplaudo que en la anterior administración se haya trabajado de la mano de EEPPM, en aquellos planes «retorno». El problema es que hoy en día, con la seguridad en el Departamento, afectada por esa arrogancia que degenera en falta de control (microtráfico), prevención (Murindó, un pequeño ejemplo) y contundencia (¿tregua decembrina?) esos planes retorno bien complicados creo que sí que lo están.

Madonna o la pseudointernacionalización de Medellín

Nota Introductoria:

Esta entrada considera mi posición respecto a una mención que hicieron el pasado domingo en El Colombiano, la cual expresé al Director de dicha columna de opinión: Luis Fernando Ospina, a través de un correo electrónico enviado el día de ayer.

Asunto: saludo y precisiones.

Apreciado Luis Fernando, ante todo recibe de mi parte un cordial saludo.

Por medio del presente correo, gracias a que Germán me dio tu dirección electrónica y en relación con la reseña que de mí hiciste el día de ayer en tu columna de opinión DBF, quería hacerte una serie de precisiones, ya que veo que tal vez no sabes realmente cuál es mi posición, adicionalmente a que no te veo en mi grupo de followers de Twitter (@maxivale) y que, por el contenido de tus columnas previas en las cuales tocaste el tema de MDNA en Medellín, percibo cierto sesgo a favor de quienes supuestamente lideran los procesos de «internacionalización» de Medellín.

En primer lugar quiero reiterar, como lo he manifestado en múltiples oportunidades (incluso a través de la red social Twitter), que aplaudo el hecho de que una artista como Madonna haya podido venir a Medellín, ciudad que se ofreció ante la negativa de que en Bogotá prestaran a Ocesa el estadio.

Ahora bien, me gustaría preguntar ¿era necesario que la máxima autoridad del municipio se pusiera en función de dicho evento? (no conozco una ciudad en el mundo civilizado donde pase eso). Eso es lo que he cuestionado desde un principio, ya que para mí, el evento, mucho más allá del posicionamiento que quisieron imprimirle de «evento de ciudad» (como sí lo puede ser la Feria de las Flores) era de una empresa privada, Ocesa, y el alcalde no debería prestarse como promotor de eventos, al punto de ponerlo como prioridad, descuidando situaciones y responsabilidades que sin lugar a dudas, para cualquier ciudadano consciente de su ciudad, revestían y revisten mayor importancia: seguridad, movilidad, educación etc.

Es cierto que el evento movió la «caja» de algunos en la ciudad (y por supuesto de la empresa Ocesa Colombia, al tener ingresos históricos, no solo por la boletería, sino además por el patrocinio de privados y públicos), como acostumbran poner en las notas de ustedes cuando hacen referencia a los eventos que se realizan en Medellín, pero ¿acaso se generó un desarrollo económico real y sostenible? La respuesta es sencilla: NO. Y este NO simple y llanamente porque no quedó una capacidad instalada (incluye talento), ni obras para el beneficio y disfrute en el mediano y largo plazo para la comunidad (como sí la hubo, por sólo dar un ejemplo, en la asamblea del BID donde además de empréstitos asignados para promover el desarrollo del departamento, quedó entre otras cosas, la iluminación de la variante al aeropuerto).

Si bien es cierto que muchas personas fueron beneficiadas (del sector de la hotelería más que todo) e incluso de aquellas que por medio de economías informales obtienen sus ingresos (los que venden impermeables, comidas rápidas, y la «media de guaro»), no podemos decir que en la ciudad se haya generado un mejoramiento ostensible de aquellos indicadores que miden el desarrollo de un territorio y mucho menos que se vayan a afectar por ello. (Esto es teoría del desarrollo económico de coquito).

Traer a Madonna, a mí parecer, y al parecer de la gente sensata, no puede catalogarse como un hito que parta la historia de una ciudad en dos (a no ser que estemos en una orilla de promoción de las por mí llamadas «divas de lo público» y que ahora, el hacer conciertos, sea la prioridad).

Creo que el desgaste de lo público (que al privado OCESA le importa cinco que tomen el espectáculo como propio, porque ya obtuvo sus rendimientos vía patrocinios), no es sensato en una ciudad donde el alcalde no ha estado dándole la cara a los graves problemas que la afectan y que tiene situaciones aberrantes cuyos costos que superan con creces los famosos $3.000 millones por impuestos (que igual, son mínimos si contabilizamos el costo de todas las actividades de promoción, patrocinios, «engrase» en medios, etc y que se financiaron con recursos públicos). Y de lo otro que menciono ¿costos en seguridad, costos en movilidad? (cuantifiquen ambientalmente y en términos económicos por el tiempo perdido, lo que puede valer una hora de un taco en esta ciudad… con eso se pagan los impuestos de la traída de Madonna en un momentico).

La internacionalización de la ciudad no puede confundirse con traer artistas o espectáculos, porque la gente del exterior no va a invertir más (exceptuando Ocesa o cualquier otro privado que los traiga). Eso sí, el nivel de internacionalización de una ciudad en el mundo del espectáculo, es cuantificable según la cantidad de artistas que sentirían orgullo por venir acá y no al contrario. Por eso he dicho y critico a quienes bajo el interés de promover el turismo, quieren que el destino Medellín sea convertirla en una especie de Las Vegas latinoamericana (que es mamey y además facilista), una ciudad del pecado donde: casinos, discotecas y hoteles que permiten el ejercicio de la prostitución, fachada 5 estrellas, «centros de acopio de las llamadas prepagos»).

La internacionalización de una ciudad, es compleja y requiere generar atractivos a mediano y largo plazo, de tal manera que los inversionistas que apoyen el desarrollo de largo plazo vengan, porque acá están las mejores condiciones de mercado para hacerlo, porque hay seguridad, porque hay capacidades instaladas, porque hay talento, porque más allá de incentivos tributarios y bajos salarios, hay un retorno y una diferenciación que hace que no duden en hacerlo.

Yo sí he sido crítico del tema de Madonna, y con argumentos… y que quede claro, sin intereses partidistas y mucho menos políticos.

No estoy de acuerdo con que después del concierto, ahora les dé por sacar videos de promoción de ciudad (con recursos públicos) con funcionarios públicos como protagonistas, alardeando de algo, que sólo quienes no conocen el mundo hacen (pese a que pueden haber paseado por él, con recursos públicos).

Tengo mil y un argumentos para sustentar mis posiciones en relación con temas públicos, que cuando quieras (y yo invito al café) los podemos discutir.

Para finalizar quedo atento a tu respuesta y para atender cualquier inquietud adicional, porque yo, distinto a muchos funcionarios públicos, siempre doy la cara.

😉

Saludos deseando para vos y los tuyos unas felices festividades.

Atentamente,

Maximiliano V.

PD. Este mail, lo puedes compartir con quien desees, eso sí, agradecería me incluyeras, por decencia, en la copia.

Leaving Las Vegas, vámonos pa´ Medellín

Veo por enésima vez una película que para mí es excepcional, en la cual Nicholas Cage hace un papel impecable que le hizo merecedor de un premio Oscar. En dicha cinta es una persona que lo pierde todo por cuenta del alcoholismo y de un abandono. Al tener en su vida esos tragos de más, decide irse a Las Vegas a matarse con el alcohol (como lo expone el juglar vallenato Alfredo Gutiérrez en El Solitario).

Tuve la oportunidad de conocer Las Vegas y déjenme decirles que es una ciudad que ha aprovechado su bien ganado nombre de “La ciudad del pecado” (slogan que quieren cambiar por: “Lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas”), donde no solamente hay disponibilidad de rumba, casinos y bebidas 7×24, sino que además es un lugar donde hay entretenimiento de todo tipo y además su infraestructura hotelera es aprovechada para la realización de distintos eventos corporativos de diversa índole (para los amantes del ciclismo, tenemos el interbike).

Ahora bien, y en aras de desarrollar el título de la presente publicación, hace un par de años y tal vez no de la mejor manera por la forma directa en que lo dije, expresé en un comité turístico de alto turmequé (donde estábamos hablando del tema de promoción de ciudad), una preocupación que a mi parecer podía de pronto ser controvertida por aquel interés “interinstitucional” de tener: una ciudad cada vez más internacional, con cifras del sector turismo crecientes y con ese aporte a la economía que tanto “bien” le hace a una región o a una ciudad de un país que como Colombia, tiene cifradas las esperanzas en migrar de una economía basada en sectores primarios, a una de servicios y de productos industriales con alto valor agregado.

Dicha preocupación se las resumo trayendo a colación aquello que expuse en medio de un grupo selecto de profesionales del sector (competentes en su mayoría), muy de la línea de ejercer su rol en lo que se llama ser políticamente correctos y después de una especie de comité de aplausos donde presentaron una serie de indicadores, todos ellos al parecer muy positivos, así: “es que es mamey lograr incrementos de todos los indicadores de turismo de Medellín, si simplemente la seguimos convirtiendo en una especie de Las Vegas latinoamericana… vean por Dios la propuesta de valor que no tan tácitamente estamos ofreciendo a los visitantes: rumba, niñas lindas, casinos… etc.”.

Después de expuesta esta preocupación sin “vaselina” como se dice muy directa y coloquialmente, recuerdo la perplejidad de más de una de las asistentes, quienes me vieron como un hereje. Sus respuestas fueron desde un “noooo, cómo dice eso “doctor” Maximiliano” (con persignada incluída), pasando por un muy mal estado del arte, “está usted muy equivocado. Acá los extranjeros vienen en su mayoría a visitar el Museo de Antioquia, a montar en metrocable y a visitar los parques bibliotecas”, y finalizando con un dolido “doctor” Maximiliano, usted cómo se atreve a decir eso, si acá somos el centro de eventos empresariales, atendemos visitantes internacionales de bien”.

Ante aquellas respuestas, expuse cada una de esas percepciones que, a mi parecer, sustentaban la preocupación que sobre el tapete, había puesto…

A mí, quienes digan que a la Feria de las Flores, todos los visitantes extranjeros vienen a visitar a sus nuevas familias, a tomar claro y a disfrutar sanamente de las tradiciones que se soportan en lo que conocemos como “cultura paisa”, me están hablando carreta: acá se viene es a beber, a parrandear y a prepaguear (ahora un término tan de moda por la Cumbre de las Américas).

A mí quienes me digan que es imposible (y de paso una calumnia de mi parte), que los hoteleros o sus empleados, referencien en el lobby niñas de la vida alegre, porque “están totalmente comprometidos en combatir la prostitución en sus premisas”, me están cañando.

A mí, quienes me manifiesten que la totalidad de los casinos que durante los últimos años (donde incluso en un sector de la ciudad, en menos de 5 cuadras se cuentan varios), son lugares de “sano esparcimiento”, que no hay en ellos intereses ocultos relacionados con mafias, que son todos de empresarios de la mejor reputación y que de paso aportan a la consolidación de una ciudad que se transforma, tanto como los pobres bigotes del gato de Botero, mienten.

A mí, quienes me digan que en los grandes eventos, ferias o exposiciones sectoriales, empresariales o gremiales, todos los visitantes vienen con la señora porque desde su ciudad de origen les vendieron la idea de que acá no hay con qué hacer un caldo, y que Medellín es una ciudad para disfrutar con la pareja (oficial), son como el hijo de Gepetto.

A mí, quienes me aseguren que es complicadísimo en pleno Poblado (sí, ahí antecitos del semáforo del parque o en las afueras de los hostales), surtirse de cualquier tipo de sustancia psicotrópica… creo que deberían darme la razón que realmente es mucho más complicado conseguir un exquisito sánduche de La París después de las 12.

Y para finalizar, como muchas de las cosas que hacemos en este país, es no copiar lo positivo de afuera… acá no tenemos una red de espectáculos y de atracciones, que pueda disuadir, disimular e incluso competir un poco frente a aquella “pecaminosa” oferta basada en parranda como efectivamente sí existe en Las Vegas: conciertos permanentes, el Circo del Sol, parques temáticos, articulación con ofertas turísticas en la periferia, tales como visitar el Gran Cañon, o algunas otras con deportes extremos: paracaidismo, senderos de bicicletas de montaña… ofertas que realmente compiten de tú a tú con el tarjetero de niñas que le ofrecen a los transeúntes de Las Vegas Strip, con las máquinas tragamonedas y con la ingesta de alcohol.

Acá creo yo que estamos en la época inicial de Las Vegas, donde se cuenta con el Gangster Bugsy Siegel, anecdóticamente como uno de los promotores de su “desarrollo inicial”. Además es preciso traer a colación que alrededor de todas esas actividades “lícitas” de apuestas y hostelería, se llegaron a presentar cantantes de la talla de Frank Sinatra, Elvis, Tom Jones, sin importar el hueco donde lo hicieran (muy similar a lo que ahora se vive en Medellín y sus alrededores donde vallenateros o reggaetoneros del más alto nivel que cobran sumas astronómicas, se presentan sin importarles si su “show” es en una casa finca o en una caballeriza en Medellín, o tal vez por los lados de Sabaneta, Caldas, Barbosa, Girardota o Copacabana).

La verdad me preocupa que el supuesto éxito en turismo de ciudad a veces sólo se centre para algunos entes gubernamentales en el cumplimiento de unos indicadores: cantidad de visitantes extranjeros y cantidad de eventos que se realizaron, ah, con su incremento en relación con el mismo dato el año anterior.

Pero más indignante aún es que muchos empresarios del sector (contando por fortuna con algunas valiosas excepciones), sólo les importe mantener sus niveles de ocupación así sea con extranjeros desocupados (perniciosos), sus ingresos medios por PAX, ofreciendo o promoviendo solapadamente toda clase de servicios para mantener a gusto a los invitados.

Acá la mentalidad cortoplacista, la falta de políticas coherentes que articulen los distintos actores, el control de actividades, el ser capaces de darnos la pela que sea necesaria darnos, impide que podamos promover una ciudad, un Área Metropolitana y un departamento (que tiene altos riesgos relacionados con actividades de parahotelería, informalidad laboral y turismo sexual incluyendo infantes), un verdadero turismo de clase mundial, que atraiga a propios y extraños por todos aquellos atributos positivos que tenemos, y no por ser, de manera tácita, esa especie de Las Vegas latinoamericana, donde el pecado será seguir cediendo terreno, ante una cultura mafiosa que hace rato nos cogió ventaja.

Y qué importa hacernos los pendejos

Ayer tenía ganas de irme a tardear y de paso echarle alpiste al ojo, con el calor y color de una entretenida conversación que se combina a la perfección con el frío de una cerveza .

“Max, ya paso por vos”, me dijo Pérez, a lo que dije: “¿qué nos vamos a inventar hermano?”.

El invento fue sencillo, irnos a uno de esos tantos malls comerciales que abundan en El Poblado, a una de esas charcuterías, curiosas por sus ínfulas de ídolo del balompié, podríamos además de asegurar el alpiste, sentarnos a echar, como se dice en buen paisa, carreta.

Llegamos y nos ubicamos de manera estratégica, donde cayeron un par de amigos más (para ajustar el jocosamente denominado “parche de antenas”).

El caso es que en un principio la tarde pintaba bien: el alpiste llegaba o pasaba, la cerveza estaba helada, la charla fluía y el mecato aguantaba, sin embargo puse sobre el tapete la siguiente frase “esto parece un centro de acopio de traquetos”.

Cuál sería mi sorpresa al escuchar a una de las personas que estaba con nosotros (que aclaro: no se apoda el zarco, ni carebalín; es de buena familia, tiene un trabajo decente y se ha graduado de una buena universidad) después de una sonora carcajada, “Jajajaa, ¿acopio de traquetos,?, Max, tenés razón” y prosiguió con un pasmoso entusiasmo, similar al que tiene Poncho Rentería cuando habla de sus chismes de peluquería, y prosiguió: “mirá, ese fulano es hijo de uno que está extraditado, aquel otro es hermano de no sé quién, ese va al gimnasio y va con dos lavaperros y aquel, sí, aquel de rojito es novio de esa pelada que acabó de pasar y es hijo de un duro”.

Si esto es un sábado, a pocos metros del mercado más exclusivo que tiene una gran cadena francesa, a un par de cuadras de El Tesoro, plena luz del día ¿qué podemos esperar?

Me pueden decir que soy un mojigato, que una golondrina no hace verano, que eso es normal… la verdad, no soy ningún mojigato, creo y he demostrado que uno puede de manera independiente generar alertas y ser propositivo ante distintas circunstancias que van en contravía de los principios éticos y más aún, no me parece normal, que en una ciudad amnésica, permitamos que los principales promotores de los más grandes males que ha tenido y tiene el país (el narcotráfico), se muevan como peces en el agua, de una laguna social que además de permisiva, no es capaz de sacrificar en todos sus niveles, aquellos beneficios económicos de corto plazo, en aras de proponer un mejor mañana.

Desde hace mucho tiempo, me han pasado por el lado aquellos inversionistas de alto riesgo (he visto clases con ellos, han vivido en unidades donde he vivido y hasta creo que fueron casi parientes), que terminan sonsacando generaciones y peor aún, socavando las mismas.

Yo la verdad creo que la complacencia y la permisividad a la que hemos llegado en Medellín y en Colombia preocupa, donde es triste que ésta se pueda fácilmente percibir en distintos escenarios que van desde: políticos que logran grandes financiaciones de manera mafiosamente curiosa, grandes empresas que venden sus productos a como dé lugar (un ejemplo es el sector de la finca raíz vendiendo proyectos inmobiliarios donde el metro cuadrado excede el precio que un asalariado puede soportar), pasando por aquellas empresas de hostelería (facturando duro al “duro” botellas del mejor “güisqui” en el VIP), finalizando en las células (cancerígenas para mí) de esta sociedad: aquellas familias que se sienten orgullosas por aquel familiar en España o en la USA (por mencionar un par de países), que con sus remesas o con unos buenos aguinaldos en diciembre les convence que ser un lavaperro o un “trabajador” no es nada malo, o cómo se alegran por aquella muchachita que se va más que a menudo a “modelar” (con esas amigas cuyas fotos en Facebook parecen extractadas de una página de porno), a países donde está claro que se han vuelto el paraíso de aquellos perseguidos por la justicia.

A mí no se me ha olvidado la época donde uno tenía que entrarse temprano por cuenta que recién habían masacrado jóvenes en una discoteca en El Poblado, no se me han olvidado las más “pispas” del barrio a quienes recogían en carros lujosos (hoy en día deben estar mirando “pa´l saraviao” después de enviudar, además de haberles empacado muchachitos se incluyeron unas cuantas palizas). No se me ha olvidado la bomba de la 93, la de La Macarena, la del avión de Avianca, la cara cínica de Byron cuando lo atraparon después de ser el “piloto” del sicario que asesinó a Lara Bonilla, la muerte de Galán y menos aún la desfachatez de toda la vida de estos tipos, que ahora por cuenta de ser los nuevos pablitos (como creo que Juanes se refirió a ellos) y quienes por pertenecer ya a una segunda o tercera generación de los otroras “mágicos”, se camuflan en universidades, gimnasios, centros comerciales, unidades residenciales, discotecas, charcuterías como “pedro por su casa”.

Creo que a muchas personas se les ha olvidado lo que a mí no se me olvida, o simplemente les “importa cinco” hacerse los pendejos, eso sí mientras se lucran con ventas o beneficios sin importar el origen de esos dineros, o mientras sus hijos comparten con estos personajes o sus hijas se van de paseo al exterior con el novio de turno o con la familia del susodicho…

Lo más triste es que con esa peligrosa permisividad esta sociedad no solamente patrocina de manera indirecta las más grandes inequidades sociales del país, los más crueles combates, los más inhumanos atentados, sino que desaprovecha oportunidades únicas de reivindicarse con ella misma, de sanear su pasado y de proponer cambios que puedan significar progresos distintos, a aquellos que como espejismos, da una cultura mafiosa.

La Reforma de ‘Antójate de Antioquia’: un caso de Administración Pública.

Introducción

‘Antójate de Antioquia’ es un programa de la Gobernación de Antioquia[1], establecido y liderado por la Secretaría de Productividad y Competitividad, el cual, a través de un mecanismo concursable en una convocatoria masiva, que busca el fortalecimiento empresarial del departamento por medio de la selección de productos, servicios y/o prototipos con alto potencial de mercado elaborados con mano de obra e insumos antioqueños. Los jurados, según criterios definidos previamente, evalúan los servicios, productos y prototipos presentados y escogen a los mejores como ganadores. Las cuatro categorías de la 6ta y más reciente versión son: Alimentos Procesados, Apuestas Tecnológicas o Innovadoras, Turismo y Ganadores Antójate. Los incentivos no incluyen dinero, sino la asesoría, el acompañamiento y la ayuda que les de a los empresarios el impulso necesario para ser más productivos y competitivos y de esta manera lograr la inserción a un mercado que exige excelencia a sus competidores.

‘Antójate de Antioquia’ se perfila entonces como un importante complemento a la labor de la Secretaría de Productividad y Competitividad, encargada de implementar políticas de productividad y competitividad que creen condiciones para el desarrollo económico y social equilibrado. Así, la Secretaría busca apoyar a las empresas antioqueñas en el fortalecimiento de sus iniciativas de turismo, desarrollo económico y social, innovación tecnológica y atracción de inversión extranjera. Adelantando estrategias que apoyen tales rubros en congruencia con el Plan de Desarrollo 2008-2011 “Antioquia para todos, Manos a la Obra”

Antecedentes

El lanzamiento, en marzo de 2011, de la sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ puede considerarse el cenit del programa, pues las condiciones, las reformas, el refinamiento y la experiencia ganada en las versiones anteriores se han combinado en la construcción de un Programa con amplia proyección, alcance e impacto en las perspectivas económicas de los empresarios antioqueños. Durante la ceremonia, el secretario de Productividad y Competitividad de la Gobernación de Antioquia, se refirió a este proceso, las dificultades presentadas, la manera como éstas fueron superadas, y las nuevas oportunidades para establecer a ‘Antójate de Antioquia’ como el exitoso programa que es en la actualidad.

‘Antójate de Antioquia’ se implementó en el año 2005, buscando promover las ideas empresariales de los antioqueños. Para poder participar, los interesados debían certificar que realizaban su actividad productiva dentro del Departamento de Antioquia, que ofrecían un producto con algún tipo de transformación o manufactura y que su empresa estaba legalmente constituida.

De esta forma, las consideraciones para escoger los ganadores eran: innovación, bondades del producto, tiempo y nivel de asociatividad de la empresa o unidad productora, impacto social, económico y tecnológico en la subregión a la que pertenece, viabilidad de la ubicación en almacenes de grandes superficies, utilización de materias primas generadas en la subregión donde se trabaja, capacidad de generación de empleo en la subregión y precio del producto puesto en la ciudad de Medellín.

Terminado el proceso de selección, cien productos (en la categorías Alimentos procesados, Moda, Artesanías y Turismo) eran reconocidos como ganadores del concurso y se les entregaban como premios el registro del INVIMA, el código de barras, un rediseño de empaque y etiqueta, la ubicación en góndola dentro de algunos de los Almacenes Éxito, durante tres meses y la asesoría permanente, participación en ruedas de negocios, eventos y ferias.

Sin embargo, el mal manejo administrativo, la falta de rigurosidad en la selección de los ganadores y la promoción de intereses políticos particulares viciaron los procesos y el impacto real de las tres primeras versiones del Programa y las grandes oportunidades que una implementación responsable habría traído.

Luisa María Galiano[2] se presentó a la convocatoria para ‘Antójate de Antioquia’ en 2007. Su proyecto de carne vegetariana resultó ganador y recibió el apoyo en forma del código de barras, el registro INVIMA y una serie de capacitaciones. Sin embargo, el proyecto de emprendimiento de Luisa María no tuvo los resultados esperados. Su empresa, “Sabores de Antioquia”, cerró dos años después, debido a que se premió una idea de negocio y no una empresa formalmente constituida, con experiencia previa en la comercialización del producto.

Luisa, además, no contaba con el tiempo suficiente para dedicarse a su empresa, “entre el estudio y el trabajo, no podía dedicarme tanto como quería”, señala. El proceso de evaluación, donde se estudian las perspectivas reales de comercialización y sostenibilidad del producto y su empresa, se evitaron en su caso. De la misma forma, las circunstancias de la empresa como unidad productiva viable se ignoraron, llevando a que se premiara una idea con pocas posibilidades de éxito.

Así pues, las condiciones y circunstancias alrededor de la idea de empresa de Luisa María no fueron estudiadas o evaluadas con la rigurosidad, ni buscando que cumpliera con los criterios necesarios para el buen termino del esfuerzo económico. Se obviaron los componentes de innovación, compromiso, creatividad, realidad y planeación estratégica[3].

Las reformas

El Secretario de Productividad y Competitividad dio inicio a su discurso durante el lanzamiento de la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ con una declaración de principios: “Lo público debe ser algo en esencia sagrado” y por eso sostuvo, los recursos de todos los antioqueños tienen que ser invertidos con responsabilidad y compromiso, siempre evitando caer en las malas prácticas que tantas veces invaden las iniciativas gubernamentales. Por eso, cuando el actual Secretario asumió como Secretario de Productividad y Competitividad, adelantó amplias reformas al Programa ‘Antójate de Antioquia’, buscando convertirlo en una oportunidad efectiva de impactar positivamente en las economías de las subregiones del Departamento. Incluso, se vio obligado a posponer la realización de la 4ta versión del concurso en 2008, en una decisión “políticamente incorrecta para algunos, pero administrativamente correcta para el Departamento”, que le permitiría rediseñar la convocatoria y sus condiciones, y por tanto, su enfoque y resultados reales.

Así pues, como primera medida se estipuló que el enfoque del Programa debía ser la inclusión y premiación de las empresas y productos de las nueve subregiones antioqueñas. Durante las primeras tres versiones, el 74% de los ganadores procedían de Medellín, una concentración que iba en detrimento de las zonas con menores niveles de desarrollo de Antioquia. Desde la cuarta versión, las reformas excluirían de la convocatoria a los municipios mayor acceso a iniciativas de fortalecimiento empresarial (Medellín, Itaguí, Envigado y Bello), premiando los productos y servicios de aquellas empresas y empresarios en los lugares del Departamento con mayores necesidades, buscando ayudar a reducir los desequilibrios subregionales[4]. De igual manera, se incluyó la categoría de Turismo, se aumentaron los recursos, se aumentaron los controles de para las demás categorías y se buscó convocaron empresas, no ideas de negocio. Así, para la 5ta versión, gracias a los resultados de esas mejoras al Programa, el 94%[5] de los ganadores pertenecían a las subregiones. Al fin de cuentas, uno de los principales objetivos de ‘Antójate de Antioquia’ es transferir capacidades de forma integral a pequeñas empresas ubicadas en las subregiones, con el propósito de prepararlas para competir en los mercados locales y nacionales.

Otra reforma del programa se adelantó sobre las categorías, buscando ampliar la demanda por concursantes y el impacto final y real de la convocatoria. Así, para la quinta versión, se determinó que se prescindiría de la categoría de “Artesanías”, y se incluyeron ‘Turismo’ y ‘Apuestas Tecnológicas o Innovadoras’. Para la sexta versión, se añadiría ‘Ganadores Antójate’, que busca fortalecer empresas que hayan sido ganadoras, con incentivos complementarios.

Finalmente, se estipuló que las empresas participantes debían estar constituidas legalmente y tener una experiencia mínima en la producción y comercialización de sus productos y servicios. Esto logró más y mejores garantías de la viabilidad y perspectivas financieras de las empresas, de tal forma que los ganadores pudieran aprovechar efectivamente el reconocimiento y trasladarlo al éxito de sus actividades productivas. Todo esto con la idea de, en palabras del Secretario, “fortalecer empresas que ya estén en funcionamiento y no sólo ideas de negocio”.

El nuevo Antójate

Luego de las reformas, ‘Antójate de Antioquia’, en concordancia con los ‘Principios del Código de Buen Gobierno’ de la Gobernación de Antioquia, se caracteriza por el manejo gerencial no asistencialista, la búsqueda de cofinanciación y la articulación de diferentes actores, enfocado al fortalecimiento de las empresas. Así pues, el Programa reconoce las diferencias regionales y sectoriales del propio departamento y por medio de la modalidad del concurso, premia el potencial productivo, asegura la buena utilización de los incentivos y aborda las necesidades particulares de cada sector.

En el año 2002, Patricia Eugenia Berrío Guzmán y Edgar Velásquez Restrepo sufrieron una quiebra que los obligó a vender su casa en la ciudad de Medellín y trasladarse a la finca de su familia en el municipio de Santuario, en el Oriente antioqueño. Los dos eran mayores de cuarenta años y, en palabras de Patricia, “era muy difícil encontrar trabajo o trabajar por el salario mínimo, teniendo que sostener a nuestra familia”. Pero la pareja no desesperó e iniciaron una pequeña producción de galletería. Su nueva empresa representaba un reto y los desafíos en términos de acceso a capital, comercialización y experiencia eran enormes. En el año 2009, los Velásquez Berrío fueron contactados por uno de los agentes promotores de ‘Antójate de Antioquia’ en una entidad promotora del microempresarismo en Santuario e iniciaron el proceso para participar en la cuarta versión del concurso. Lastimosamente, no resultaron ganadores, pues, como la misma Patricia reconoce: “el producto no era nada nuevo; no era innovador”.

Sin embargo, la pareja pudo reconocer el potencial que tendría para su empresa ser reconocida por ‘Antójate de Antioquia’ y al año siguiente, participaron de la convocatoria para la quinta versión del Programa. Esta vez, competirían con sus recién desarrollados ‘Alfajores moca’, galletas de alfajor de café y chocolate. Patricia Berrío señala que la experiencia durante el proceso fue muy buena, el acompañamiento y asesoría, con un excelente elemento humano y la insistencia del verdadero interés, le ayudaron a presentar oportunamente todos los requerimientos del concurso.

Los ‘Alfajores moca’ representaban un producto novedoso y de muy buena calidad y sus condiciones de producción y potencial comercial los llevaron a ser reconocidos como ganadores de la quinta versión de ‘Antójate de Antioquia’. Patricia se muestra conmovida al relatar lo que seguiría luego de recibir los incentivos y reconocimientos del Programa. Su producto fue expuesto y vendido en la línea de almacenes Éxito, donde “ganamos en reputación y experiencia”, los alfajores recibieron también el registro INVIMA, la tabla nutricional y el código de barras, permitiendo a ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’ vender sus productos a varios locales comerciales del aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

Patricia y Edgar esperan continuar con el crecimiento y fortalecimiento de su empresa, por eso, participarán en la categoría ‘Ganadores de Antójate’ de la sexta versión; sueñan con una producción más grande, con generar más empleo en la vereda del municipio de Santuario donde funciona la ‘Repostería Colombiana Velásquez Berrío’. “Queremos ayudar a los otros, a nuestros vecinos; crear bienestar en nuestra comunidad”, dice Patricia, para luego concluir: “la gente piensa que las cosas del gobierno no funcionan. El Programa puede cambiar esta idea, porque es un empujón muy grande para las empresas y las familias”.

El futuro de ‘Antójate de Antioquia’

En el 2011, el Programa espera fortalecer el vínculo entre los empresarios concursantes y los demás programas del Gobierno Departamental para garantizar la sostenibilidad de las iniciativas productivas. Además, buscará que los empresarios participen en convocatorias de fondos concursables a nivel nacional y departamental.

Para la Sexta versión de ‘Antójate de Antioquia’ cada concursante puede participar con máximo 2 productos y ganar con 1. Las empresas deben certificar que adelantan su actividad productiva en un municipio de los niveles 2, 3, 4, 5, 6 y 7, o en el 1, si logran demostrar que su trabajo tiene un impacto real en los municipios de inferior categoría. Las cuatro categorías a las que se presentan los productos y servicios son: “Alimentos Procesados”, “Turismo”, “Apuestas Tecnológicas o Innovadoras” y “Ganadores Antójate de Antioquia”. Se reconocerán 250 productos, servicios o prototipo a igual número de empresas, con una inversión de más de 4 mil millones de pesos. Todos los premios son entregados en especie, evitan caer en modelos asistencialistas y buscan el fortalecimiento y posicionamiento de las perspectivas de negocio del producto o servicio.

La nueva categoría de la más reciente convocatoria, “Ganadores Antójate de Antioquia”, se creó buscando que empresas y empresarios que ya hubieran participado y ganado en antiguas versiones del concurso pudieran presentarse de nuevo. La idea es continuar con el compromiso con el fortalecimiento de las empresas y demuestra que, incluso con las exitosas reformas adelantas para la Cuarta versión, el esfuerzo por mejorar el Programa nunca acaban.

Así pues, ‘Antójate de Antioquia’ fue concebida como una idea con enorme potencial, pero su diseño inicial e implementación se enfrentaron con muchos obstáculos que le impidieron alcanzar los resultados y el impacto esperados en un principio. Luego de las reformas a las condiciones para participar, el fortalecimiento de sus criterios de selección y la optimización de sus recursos a través de los incentivos de fortalecimiento empresarial, éste Programa continúa con su exitosa tarea de promover el sostenimiento y crecimiento de las empresas antioqueñas.

Algunas lecciones

1. Mantener los criterios técnicos: fue la falta de rigurosidad y la ausencia de criterios técnicos sólidos en el diseño e implementación de las primeras versiones del Programa las que evitaron que su impacto real fuera consecuente con su potencial. Luego de las reformas adelantadas por el Secretario de Productividad y Competitividad en el año 2008 a ‘Antójate de Antioquia’, se comprobó que un compromiso con los criterios técnicos podía rendir excelentes réditos en los Programas públicos. La sostenibilidad, el impacto y el alcance de ‘Antójate de Antioquia’ están garantizados en un diseño atravesado por principios técnicos y de buen gobierno.

2. No desconocer el camino recorrido: luego del cambio de gobierno de 2007, el Secretario pudo haber cambiado en su totalidad el Programa o incluso haberlo clausurado, pero reconociendo el potencial del mismo y que las fallas en su desempeño de debían a debilidades en su diseño y a una implementación viciada, decidió reformarlo, manteniendo sus fortalezas y enfoques acertados, mientras los encaminaba hacia el verdadero aprovechamiento de su potencial. Lo importante durante ese proceso fue mantener y proyectar lo bueno, mientras se eliminaba o reformaba lo malo, esto reconocía lo alcanzado hasta el momento por el Programa, pero mejoraba sus posibilidades de éxito hacia el futuro.

3. Desechar las rencillas políticas en pos del bien común: la nueva administración pudo haber utilizado los errores en las primeras versiones de ‘Antójate de Antioquia’ para ganar réditos políticos sobre las denuncias y ataques a los problemas del Programa. Sin embargo, dejarse llevar por las tentaciones revanchistas hubiera supuesto un costo inmenso para los esfuerzos públicos y la imagen de la gestión de las instituciones. De la misma forma, escoger reformar el Programa por encima de satanizarlo, premiaba el interés público, el bien común, antes que los intereses coyunturales de la política.

4. La importancia de imprimir lo privado en lo público: sin la influencia de lo privado, muchas iniciativas públicas se perderían en las buenas intenciones. Esto es cierto sobre todo cuando se trata de un programa que intenta promover y fortalecer empresas, porque sin un enfoque que balancee la responsabilidad pública con la eficacia y la mentalidad de negocio de lo privado, los intereses particulares o la ineficiencia pueden viciar los procesos. ‘Antójate de Antioquia’ se nutrió de un esfuerzo ecléctico, donde lo público y lo privado, yendo de la mano, fortalecieron sus perspectivas de éxito.

[1] El Departamento de Antioquia tiene una extensión de 63.612 km2, una población de 6.065.846, está dividido en 9 subregiones y cuenta con 125 municipios, su PIB es de 42,4 billones de pesos, con una participación aproximada del 15% en el total nacional, y tiene una tasa de desempleo del 12,7%. Datos de 2010, Departamento Administrativo de Planeación.

*Para estadísticas comparativas de las seis versiones del Programa, ver Anexo 1.

[2] Nombres cambiados a petición de la persona.

[3] Moncayo, Pablo José. “Emprendimiento: un concepto que integra el ser y el hacer del sujeto”. En: Revista Management Vol. 017 Número 0029 Año: 2008.

*El “Código del Buen Gobierno” fue presentado en el año 2008 y se encuentra disponible en http://media2.antioquia.vcb.com.co/images/doc/2011/enero/23codigo.pdf

[4] Según la Cámara de Comercio de Medellín, el 75% de las empresas antioqueñas se encuentran en Medellín (2010). Así, en Medellín, hay una empresa por cada 32,2 habitantes, mientras en el resto de Antioquia hay una empresa por cada 174.1 habitantes (2010).

De igual manera, la subregión de Valle de Aburrá (que incluye al municipio de Medellín) presenta un porcentaje de pobreza de 35.9%, un índice NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) de 11.53% y una tasa de analfabetismo de 5,9%. En comparación, las demás subregiones antioqueñas cuentan con desempeños bastante inferiores. Por ejemplo, la subregión de Urabá tiene un porcentaje de población pobre del 83,4%, un NBI de 53,3% y una tasa de analfabetismo de 9%. De igual manera, la subregión Bajo Cauca, presenta una pobreza de 94,8%, NBI de 59% y analfabetismo de 20%. (Datos del Departamento Administrativo de Planeación de Antioquia, 2009)

El Valle de Aburrá cuenta con una población de 3.496.757, mientras las demás subregiones reúnen a 2.472.894 antioqueños.

[5] SIEPANT (Sistema de Información de Antójate de Antioquia).